Soy todo un Sugar Daddy cap.1 Gina






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Como todos los miércoles desde hacía ya un par de años llegaba al mismo centro comercial, aparcaba en la misma planta y en la misma plaza de garaje, agarraba mi carrito y me iba a hacer la compra para pasar la semana. Hasta las cajeras de esa gran superficie ya me conocían, según me veían llegar alguna me regalaba una sonrisa a la que yo le correspondía. Incluso ya asociaba muchas caras a esos miércoles, caras de clientes, personas jóvenes y no tan jóvenes. Esa gran superficie, era como una pasarela donde me podía fijar en las personas, observarlas y ver su reacción ante ciertas situaciones. Os cuento esto, porque esta gran superficie tendrá un gran significado en esta historia.

Mi nombre es Arturo, tengo 50 años, publicista, soy atractivo y tengo buena planta. Pensé que la vida que llevaba con mi mujer era lo más increíble que tenía, pero de la noche a la mañana esa vida dio un giro de 180°. En estos momentos estoy divorciado de mi mujer Gloria desde hace algo más de dos años y me tuve que ir a vivir a otro apartamento después de que mi exmujer me pagase la mitad del piso donde vivíamos.

Es algo que nunca entenderé. Gloria y yo nos casamos nada más terminar nuestras carreras, cuando ella tenía 25 años y yo 29. Dejamos claro, más bien ella dejó claro desde el principio de conocernos que no quería hijos, no le gustaban los niños. Gloria siempre fue una mujer de bandera, una belleza que la genética de su familia dejó bien definida en ella. Alta, de busto generoso, caderas proporcionadas, un culo de infarto y unas piernas eternas y tonificadas, dejaban ver a una mujer que hacía suspirar a muchos hombres a su paso. Su buen esfuerzo le costaba, a base de gimnasio y dieta.

Nuestro matrimonio iba muy bien, yo no era asfixiante con ella, le daba total libertad para hacer lo que quisiese dentro de una lógica de pareja. Hacíamos lo que nos daba la gana, fines de semana increíbles, escapadas románticas, salidas nocturnas hasta altas horas, de acuerdo que hacia un tiempo que nuestra líbido se relajó y ya no éramos esos amantes enfebrecidos que se tiraban horas follando, pero teníamos buen sexo, o eso creía yo.

Un día de buenas a primeras me dijo que necesitaba tiempo, que estaba confundida y que sería mejor que estuviésemos una temporada separados…necesitaba espacio. Y se lo di, claro que se lo di. Intenté recapacitar con ella, iba a tirar veinte años de casados por una estupidez, pero me dijo que no me estaba pidiendo permiso, lo iba a hacer. Cuando recibió los papeles del divorcio supo que había llevado eso demasiado lejos y quiso pararlo, pero para mí ya era muy tarde, no iba a consentir que se follase a quien quisiese y luego cuando tuviese el coño dado de sí venir a la seguridad de su "maridito"

El no tener hijos simplificó todo mucho, se tasó todo y la mitad para cada uno. Mi ya exmujer se quiso quedar con el piso donde vivimos desde que nos casamos. Al tener los dos muy buen sueldo teníamos un plan de ahorro con lo que mi mujer me dijo que me quedase con todo y así ella pagaba su mitad del piso. Eso me dio la posibilidad de comprar un apartamento en una zona tranquila de Madrid y así empecé mi nueva vida de soltero.

He de reconocer que los primeros meses fueron un infierno para mí. Echaba de menos a mi exmujer como creo que nunca había echado de menos a nadie. Mi exmujer quiso que por lo menos fuésemos amigos, pero conociendo su manera de ser iba a ponerme al límite llevando a sus conquistas para que viese como zorreaba, con lo que, amablemente, decliné su oferta. De hecho, se m*****ó bastante por no querer ni darle mi dirección, donde viviría mis próximos años. Pasaba de que se presentase en mi casa a fiscalizar todo lo que hacía o como vivía. Me hacía falta tener contacto cero con ella para poder aclimatarme a mi nueva vida.

De hecho, esos primeros meses fueron complicados tanto en horarios como en comidas y cenas. Eso me llevó a consumir comida rápida o comida basura con lo que en esos meses engordé bastante y eso conllevó que mi tensión arterial se disparase y los niveles de azúcar en ****** también. El divorcio con mi mujer me estaba afectando más de la cuenta y tenía que parar, reflexionar y tomar cartas en el asunto, si seguía así en un par de años alguien, no se quien iría a mi entierro.

Pedí una semana libre y me tomé unos días alejado de todo, reflexioné y decidí que había que empezar a recuperar al Arturo que fui siempre. Contraté a un entrenador personal que además era nutricionista. Ante mi apareció una joven con unas referencias increíbles y que estaba muy buena. Quise probar a ver que tan bien decían que te hacia entrar en vereda y vaya que lo hizo. Durante el siguiente mes odie, creo que con todas mis fuerzas, a esa mujer que no era clemente conmigo y que después de estar todo el día trabajando me machacaba sin piedad y me hacía tragar algo que ella llamaba comida pero que me dejaba con más hambre de la que traía antes de terminar esa bazofia.

Me pensé muy seriamente el prescindir de sus servicios por lo radical y severa que era con todo, pero me demostró después de un mes que mi analítica había mejorado muchísimo y había perdido ya cinco kilos con lo que decidí seguir con ella a ver dónde acabábamos. Lo que al principio fue un odio visceral acabó siendo admiración por Gina, que así se llamaba. Era italiana y llevaba ya muchos años en España trabajando. Me fijé mucho en ella y era escultural, cara preciosa, tetas increíbles, un cuerpazo y un culo de escándalo y un par de piernas que se notaban tersas, duras por el ejercicio. Lógicamente se dedicaba a ello y tenía que dar ejemplo con su cuerpo.

Gina hizo que me quedase en mi peso y mi IMC ideal, mis analíticas eran inmejorables y con sinceridad me sentía mucho mejor conmigo mismo. Pero lo más importante es que Gina había conseguido meterme una rutina que ella sabía que ya no iba a abandonar y que me tendría en forma sin problema. No os voy a negar que me costó una pasta, los servicios de esa joven no fueron baratos, pero el resultado final mereció la pena cuando me sacó una foto tan solo con la ropa interior y me la mostró junto al Arturo del principio.

—Y bien Arturo, ¿Ha merecido la pena o no, tanto sacrificio?

El Arturo del principio era algo fofo y amorfo con una barriga que ya empezaba a caer por la gravedad. Hasta mis pectorales eran tetas caídas, lo cierto es que era poco atractivo. En cambio, el Arturo que veía en la foto tomada hacía unas horas era atractivo, con sus músculos bien definidos y esa tableta de chocolate marcando mis abdominales. Mis pectorales eran dos músculos muy definidos y ya no estaban caídos, mis tetas habían desaparecido. Reconozco que el cambio había sido bestial.

—Creo que mi trabajo contigo ha terminado. Ahora estas tan bueno que hasta tu exmujer te pediría matrimonio de nuevo. Dijo Gina echándose a reír.

Tenía a Gina pegada a mí y una teta suya rozaba mi brazo constantemente, ese simple gesto sin malicia me estaba excitando, hacía más de ocho meses que no follaba y solo me había hecho un par de penosas pajas. Mi vista no podía apartarse de su espléndido escote y de esa teta que se rozaba y ya empezaba a intuirse su pezón sobre la tela. Comenzaba a ponerme nervioso ya que no podía controlar mi erección y se iba a notar demasiado en mis pantalones, a poco que mirase ella vería mi tienda de campaña y de seguro se produciría un momento incómodo.

—Emm…Gina ya que hemos terminado de recuperar al Arturo que yo conocía, ¿Me dejarías invitarte a cenar? Sin tu ayuda esto no hubiese sido posible.

—No soy muy dada a socializar con mis clientes, dijo Gina mirando por un milisegundo a mi abultada entrepierna, pero contigo haré una excepción, quiero presumir de mi "creación" dijo Gina riendo.

Poco antes de media noche entrábamos de nuevo en mi casa después de cenar, besándonos enfurecidos y con nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos. Gina me llevó a mi dormitorio y nos desnudamos mutuamente. Por fin pude ver el exuberante cuerpo de esa joven sin ropa y casi me corro nada más verla. Cuando me tuvo desnudo delante de ella admiró la polla que tenía, casi veinte centímetros de rabo con un diámetro de seis centímetros. Estaba circuncidado con lo que mi glande aparecía amoratado y mi polla durísima, llena de venas.

Gina me tumbó en la cama y ella se puso encima de mí haciendo un 69, noté como sus labios se apoderaban de mi glande y empezaba a hacerme una mamada increíble, mientras mis labios y mi boca empezaban a devorar y llenar de caricias ese coñito lampiño, manando fluidos y restregándose por mi cara. Empezaba a no controlar mi orgasmo, hacía mucho que no sentía algo así y estaba muy excitado.

—Gina, para un poco que me voy a correr. Rogaba sin conseguirlo.

Esa joven seguía mamando mi polla con maestría, haciendo que su garganta se relajase para poder meter el máximo de polla en su boca y seguidamente subir succionando con sus labios y su lengua haciendo diabluras.

—Ginaaaa, me corroooooo.

Sacó a tiempo mi polla de su boca y mi corrida fue a parar a su cuello y sus tetas. No dejó de pajearme con cariño y cuando terminé dio un tierno besito en la punta de mi balano. Quise devolverle el favor y seguir comiéndole el coño, pero no me dejó.

—Ummm…no, quiero que ahora me folles, vamos demuéstrame que sabes hacer con semejante pollón.

Diciendo esto me cabalgó, puso mi polla a la entrada de su coñito y se dejó caer hasta que se empaló ella solita. Me miró como una perra en celo y empezó a mover sus caderas mientras yo sobrepasado por todo aquello intentaba darle placer…aunque creo sin conseguirlo. Pensé que podría aguantar su ritmo y proporcionarla un orgasmo, pero creo que nada de eso ocurrió, esa mujer era un torbellino, se movía frenéticamente sobre mí, me comía sus tetas para seguidamente besarme hasta dejar sin aire mis pulmones. Me desesperaba porque no tenía el control de nada, estaba en sus manos y me follaba con tal ímpetu que no lo pude retener más y sin avisarla me corrí abundantemente en su interior.

Cuando terminé con los estertores de mi orgasmo Gina me miraba con cariño, aunque con un deje de enfado. Me besó y sacando mi polla de su interior dejó gotear mi corrida sobre mi pelvis, mientras me miraba.

—¿Con semejante pollón y no has conseguido que me corra? Preguntó disgustada.

—Uffff…Déjame…déjame recuperarme y te aseguro que lo consigo.

Quise hacerle alcanzar el orgasmo con mis dedos, acaricié su coñito babeante, pero Gina apartó mi mano.

—No cielo, es tarde y me tengo que ir a mi casa. Mi marido me espera.

—¿Qu…e…que? ¿Es…estas casada? La pregunté perplejo.

—Bueno, no exactamente. Hablo de él como mi marido, pero realmente somos pareja con una relación un tanto "especial"

Se levantó y fue al baño y cuando salió vi con pena como empezaba a vestirse, me recreé con cada prenda que se ponía mientras me miraba con coquetería sonriéndome. Cuando terminó, me dio un beso y me dijo «No hace falta que me acompañes» pero antes de salir de la habitación volvió sobre sus pasos se sentó a mi lado y me miró muy seria.

—Esto no es problema mío, de hecho, ni se por qué lo voy a hacer, pero no te puedo dejar así, será que te tomado más cariño del que yo quisiera.

Fui a decir algo, pero ella hizo un gesto con la mano pidiéndome que no la interrumpiera y la dejase continuar y me lo soltó como un trabucazo.

—Arturo, tú no tienes ni idea de follar y seguro que ni de hacer el amor. No sabes comerte un coño en condiciones y no acaricias, estrujas, amasas la carne y eso puede resultar desagradable. Tú metes tu polla en un coño para correrte, no para que tu pareja disfrute y alcance el clímax.

—¡Ah! ¿Pero hay diferentes formas de meter una polla en un coño? Me pregunté a mí mismo. Pues debía ser que sí.

Me dejó con la boca abierta y más hundido que el Titanic. El primer polvo que echo, después de divorciarme, con un bellezón impresionante, mucho más joven que yo y fui incapaz de hacerla disfrutar. Y entonces una pregunta se hizo inmensa en mi cabeza. ¿Y si Gloria me dijo lo que me dijo, porque era incapaz de darle placer?

—Todavía no he terminado contigo, dijo Gina, todos los lunes y los jueves de 20 a 22.00 horas, te voy a enseñar todo lo que sé para hacer disfrutar a una mujer. No te voy a dejar que te corras en mi interior a no ser que seas capaz de hacerme llegar al orgasmo, así que ten siempre preservativos a mano y cuando terminemos nuestras clases espero que me invites a cenar, pero en tu casa, cocina para mí, ya sabes lo que me gusta.

Volvió a darme un beso en los labios y se levantó para irse, antes me miró de nuevo y me lo dijo con una sonrisa.

—Ya que sé que también voy a disfrutar mucho con esto, y que, de alguna manera, me incomodaría el que me pagases por tener sexo contigo, no te voy a cobrar nada, lo haré de forma altruista.

Y lo hizo, vaya que lo hizo. Durante cinco meses todos los lunes y los jueves de 20 a 22.00 horas Gina venía a mi casa y me enseñaba como dar placer a una mujer, nunca había follado de esa manera y tan seguido, pero me encantaba porque lo que me enseñaba sentía que era bueno, bueno para mí y para ella. Incluso me enseñó a cocinar, a ser más creativo en la cocina y bueno siguiendo su criterio de nutricionista, no abusar de ciertos alimentos y dar prioridad a otros. También me dejó caer que tenía demasiado pelo, que era como un osito, y que si me depilaba por entero sería mucho más atractivo. No sé cómo me dejé liar, bueno si lo sé, si Gina se proponía algo lo conseguía. Unos meses después y unas cuantas sesiones laser y mi cuerpo lucia como el de un bebé y el caso es que no me disgustó el resultado y a Gina le fascinó

Pero todo en esta vida tiene un comienzo y un final y un lunes me lo dijo con una sonrisa en sus labios.

—El jueves que viene no voy a poder venir, pero el viernes es tu "graduación" dijo Gina riéndose. Si como espero me harás tocar el cielo, no quiero preservativos, los odio y si lo haces de la manera que creo lo harás, te daré una sorpresa.

Esperé ansioso el viernes y a las ocho de la tarde llamo Gina a mi puerta. Venia bellísima y a diferencia de esa primera nefasta vez en esta segunda puse en práctica todo lo que me había enseñado esa tremenda mujer. Antes de que mi verga abriese su coñito de nuevo, Gina ya había alcanzado dos orgasmos que la habían dejado agotada, pero cuando me la follé empezó a tener orgasmos uno detrás de otro hasta que me corrí en su interior y los dos explotamos en un orgasmo bestial que nos dejó tiritando de gusto.

Se tumbó a mi lado y se abrazó a mí, nos recuperamos y Gina empezó a hacerme una de las mejores mamadas que creo que me han hecho en mi vida, y aunque me había corrido abundantemente notaba como mi orgasmo se avecinaba. Gina nunca me dejó correrme en su boca, así que le avisé que me iba a correr, sin decirme nada me sonrió y siguió chupando con fruición, ya a punto de correrme la avisé con la voz rota y ella agarró mi culo atrayéndome más hacia ella y exploté con mi polla encajada en su garganta.

—Ginaaaaaaa…Bufé su nombre mientras llenaba su boca.

Para mí que era la primera vez que me corría en la boca de una mujer creo que fue un orgasmo como pocos había sentido viendo como Gina tragaba mi corrida mientras su mano me pajeaba suavemente y su lengua seguía haciendo diabluras sobre mi glande.

Para cuando terminó no pude menos que besarla para demostrarle mi cariño aun teniendo restos de mi corrida en su boca. Eso creo que me excitó aún más y no dudé en devolverla el favor llevándola a límites de excitación inimaginables, estimulando partes de su cuerpo que sabía que eran sus puntos más erógenos para terminar comiéndole el coño como sabía que le gustaba a ella proporcionándole un orgasmo brutal.

Pensé que esa era mi sorpresa, el que Gina me dejase correrme en su boca, pero mi sorpresa fue aún mayor. Gina me recuperó rápidamente con su boca y sus caricias y cuando mi verga estaba a reventar se puso en cuatro mostrándome con descaro sus dos agujeritos, me miró excitada y me lo pidió con mimo.

—Fóllame el culito cielo, rómpemelo.

Si ya de por si follarme a esa belleza era lo más excitante que había vivido en muchos años, el que me pidiese que la rompiese el culo era lo más morboso que me estaba sucediendo, nunca había tenido sexo anal, aunque se lo propuse a mi exmujer, pero nunca aceptó y ahora, ahora tenía ante mí un culo que solo se veía en fotos de alguna revista o alguna película porno.

No lo dudé, lamí, chupé y ensalivé bien ese orificio y ante los ruegos de Gina que la follase, dejó que mi polla entrase por su anito hasta que mis huevos rebotaron en su coñito. Fue una follada brutal y los dos estallamos en el mayor orgasmo que haya recordado hasta entonces. Su sorpresa fue esa, dejar que me corriese en todos sus orificios y creo que aprobé con matrícula porque Gina tuvo incontables orgasmos y yo acabé con mis huevos como ciruelas pasas, totalmente secos.

Cerca de las dos de la mad**gada nos duchamos juntos, aunque no hubo follada final, mi polla se negaba a ponerse erecta y solo se puso morcillona. Gina no me reclamó nada, solo cariño, abrazos, besos y morreos a tornillo estuvieron presentes entre los dos.

Con tristeza vi cómo se vestía, sabía que esa era la última vez que iba a poder disfrutar de esa mujer increíble. Habían sido nueve meses de estar con ella muy a menudo y por qué negarlo, la tenía un cariño que casi se podría decir rozaba el enamoramiento, pero había que ser realistas, ella me dejó bien claro que es lo que esperaba de mí y ella me dio más de lo que yo esperaba. La despedida en la puerta de mi casa fue larga y dolorosa. Estuvimos más de diez minutos muy abrazados, pero sintiéndolo mucho ella se tuvo que ir. Un pico en los labios y un tímido adiós sin posibilidad de continuidad y Gina mi "Personal Trainer" desaparecía de mi vida.

¿Quién sufre más el dejado o el dejador? En el caso de Gina yo sé que fui el dejado y mentiría si no dijese que la echaba de menos a rabiar, pero fue algo que ocurrió y fue relativamente corto y con pocas vivencias por ambas partes, lo nuestro más bien era como un proyecto de trabajo con lo que con el paso de los días y las semanas se convirtió en un agradable recuerdo. Salvo que fuese con algo relacionado con su trabajo, me prometí a mí mismo que no me pondría en contacto con ella, lo mismo que sabía a ciencia cierta que ella tampoco lo haría.
発行者 predatorgapes
5年前
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