Soy todo un Sugar Daddy cap. 2 Tania






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Pero ¿Y mi exmujer? En este caso fui yo el dejador por pedirme más espacio y más tiempo para ella. Aunque lo intenté razonar, ella no quiso escucharme y fue cuando pedí el divorcio convencido de que hacía lo correcto. Pero nunca podré quitarme de la cabeza su cara de infinita tristeza cuando firmamos nuestro divorcio y yo me negué a saber nada mas de ella, ¿Seguro que hice lo correcto? Esa duda pesaba en mi cabeza como una losa y más aún cuando Gina me dijo que estar muy bien dotado no era sinónimo de follar bien.

Aunque parezca mentira, mi hermana seguía teniendo contacto con Gloria, mi exmujer, las dos siempre fueron grandes amigas y aunque nos divorciamos, mi hermana se puso de su parte y me dijo que iba a tirar veinte años de matrimonio por una bobada que se podía resolver sin problema.

Bueno el caso es que, aunque no estaba de acuerdo con ella, hablábamos muy a menudo y aunque yo no se lo pidiese me informaba de cómo le iba a Gloria y sé que ella le informaba de cómo me iba a mí. Eso sí, le dije que mi dirección actual no quería que la tuviese y aunque me llamó de todo si cumplió lo que le pedí. Así me enteré de que en este casi año que llevábamos divorciados ella no había estado con ninguna otra persona y que estaba centrada en su trabajo, salía muy poco a divertirse y siempre que mi hermana la invitaba a comer a su casa ella parecía más alegre.

Quise olvidarme del tema de mi exmujer, aunque no se me iba de la cabeza. Poco a poco volví a mi vida normal. Trabajo, casa, dormir y vuelta a empezar. Salía algunos fines de semana con compañeros de trabajo, solteros y más jóvenes que yo. Nos movíamos por ambientes donde la edad media era de 20 años. Alguna de esas niñas eran auténticos zorrones, verdaderas calienta pollas que solo te querían para que les pagases la noche y la verdad que algunas lo valían por lo buenas que estaban, pero me salía caro para solo obtener un simple beso de despedida en la mejilla y tenerme que ir a mi apartamento a cascármela como un vulgar jovenzuelo.

Realmente, ¿Necesitaba aquello? Me puse a echar cuentas y a lo tonto, entre gasolina, salir a cenar, las consumiciones y pagar a las niñitas de turno sus copas, los aperitivos del medio día y demás boberías me gastaba casi los mil pavos al mes. De acuerdo, tenía un sueldazo, y además una cuenta corriente muy saneada y no me privaba de nada, pero estaba derrochando el dinero, así que decidí que esto tenía que cambiar, sobre todo porque hacía más de tres meses que no follaba.

Así que me lo planteé y empecé a buscar por internet a una prostituta que colmara mis expectativas y sobre todo que fuese guapa, joven y complaciente. Quien me iba a decir a mí que a mis 49 años iba a buscar por primera vez en mi vida los servicios de una meretriz.

La variedad era impresionante, pero yo intentaba buscar a una chica lo más parecido a Gina, pero me fijé en una que me llamó poderosamente la atención, Tania de Trastámara, española, 24 años y un cuerpazo que quitaba el hipo. Lo que realmente hizo que me decidiese por ella fue su tremendo parecido con Gloria cuando era joven. Aunque sus tarifas eran prohibitivas, pagar cien euros, media hora, por follar con esa belleza ocho veces al mes me salía más barato.

Agarré el móvil y aunque algo nervioso marqué el número de contacto que ponía en la página. A los pocos tonos una voz femenina muy dulce me respondía.

—Hola, soy Tania, en que puedo ayudarte.

—Hola Tania, mi nombre es Arturo y te llamaba por el anuncio de la página de contactos.

—¡Ah! Muy bien Arturo y dime, ¿qué servicio querías?

—Bueno, para empezar, me gustaría conocerte, ver que eres la misma que la de la foto y no nos llamamos a engaños y que bueno me conozcas a mí, y creo que esa media hora sería lo ideal en estos momentos.

—Me parece correcto. ¿Dónde quieres que nos veamos?

—Te doy la dirección de mi casa.

—¿Quieres que vaya vestida de alguna manera especial?

—Me gustan las mujeres sensuales con vestidos cortos ajustados a su cuerpo y con zapatos de salón, y bueno…soy muy fetichista con la ropa interior femenina y me pierde un culo bonito y respingón.

—Te aseguro que conmigo no te vas a arrepentir, dijo divertida, dame tu dirección y dentro de un rato nos vemos.

Me duché y perfumé, quería causar buena impresión, cuando llamó a mi puerta y la vi, supe que no me había equivocado con ella. La criatura más perfecta y sensual estaba delante de mí, cuando me dio su abrigo y vi como venía vestida me quedé muy sorprendido. Un vestido dorado por encima de medio muslo, sin mangas y generoso escote, se ceñía a su cuerpo, dejando ver sus curvas, su pelo rubio llegaba a media espalda y su cara era una preciosidad, con unos labios muy sensuales y unos ojos muy grandes y azules como el cielo. No llevaba sujetador dos poderosas tetas se dibujaban sobre ese vestido y sus pezones se notaban insultantemente sobre la tela.

—Tania eres guapísima, ven, pasa por favor.

—Muchas gracias Arturo, tú también me has sorprendido.

Pasó delante de mí y pude apreciar el culo tan perfecto que tenía y que ese vestido dejaba adivinar tan bien, la senté en el sofá y le ofrecí algo de beber.

—Arturo no quiero parecer desagradable, pero tu media hora a empezado a contar ya y eso da para uno "rapidito" sin muchos preliminares.

—Tania tranquila, estas muy tensa y créeme que lo que quiero es que los dos pasemos un buen rato, dije abriéndome una lata de refresco.

Vertí la mitad en un vaso con hielo y la otra mitad me la quedé yo. Ofrecí ese vaso a Tania que no se negó a aceptarlo dándole un sorbo y dejándolo encima de la mesa mientras me miraba con curiosidad.

—Te propongo un trato, dije poniendo cien euros encima de la mesa. Te aseguro que en estos poco más de 17 minutos soy capaz de hacerte alcanzar dos orgasmos. Si cuando acaben esos 17 minutos no lo he conseguido te vas sin preocuparte de nada más. Pero si lo consigo, me regalas una hora más de tu tiempo. ¿Te atreves?

Los dos seguíamos vestidos, pero el vestido de Tania se había subido de tal manera que ya me enseñaba sus magníficas piernas y su tanguita tapando su sexo y eso estaba provocando en mí una erección

—¡¡Venga ya!! Exclamó Tania, ¿Estas de broma? No me gustan este tipo de juegos. Dijo m*****a.

—No es un juego Tania es una apuesta y creo que de las dos maneras vas a terminar ganando tú, tanto si lo consigo como si no.

Tania me miró por interminables minutos, mientras mi mirada iba del reloj hacia ella. Me sonrió se puso de pie y fue a quitarse el vestido, pero se lo impedí.

—Déjame a mi cielo, tu solo disfruta. Dije poniéndome a su espalda.

Puse en práctica con otra mujer que no conocía todo lo aprendido con Gina en cómo dar placer. Aunque hice esa apuesta no estaba seguro de poder alcanzarla, reconozco que fue una "fantasmada" por mi parte, pero la cosa empezó bien cuando le quité su vestido y mis labios y mis dedos acariciaron su piel. Noté su estremecimiento y supe que sería fácil llevarla al orgasmo.

Faltando segundos diría yo, Tania explotaba en su segundo orgasmo temblando como una hoja entre mis brazos y con mi polla bien clavada en su interior. Notaba las violentas contracciones de los músculos de su vagina sobre mi falo, lo que me estaba provocando un gran placer, pero yo aun no me había corrido y el tiempo se había acabado. Tania me miraba sin creerlo aún, pero su cara de placer y la sonrisa de sus labios hablaban por ella.

Agarró mi cara con sus manos y me atrajo hacia ella besándome con una pasión inusitada. Fue un beso pasional, de agradecimiento, nuestras lenguas se fundieron en una sola y ella me abrazó con fuerza enroscando sus piernas en mí, para que mi polla se clavase más aun en su interior. Cuando se separó de mi me miró con cariño y me lo susurró.

—Llévame a tu cama.

Durante la siguiente hora, incluso creo que fue algo más, pude, pudimos gozar de nuestros cuerpos. Tania era una preciosidad, con un cuerpo que rozaba la perfección. Ella estaba fascinada conmigo, con mi cuerpo y sobre todo con mi polla que la volvía loca. Esa joven prostituta alcanzó en hora y media cinco orgasmos que la dejaron rota. Aunque con preservativo, como no podía ser de otra manera, yo me corrí dos veces, deseé quitármelo, lo siento, era algo que no aguantaba pero que sabía que era necesario.

Cuando nos despedimos en la puerta Tania me dio un tierno beso en la mejilla. Estaba confundida y no sabía muy bien lo que decir. Ella sabía que había disfrutado, había disfrutado mucho, pero le avergonzaba reconocerlo, esto no era lo que le pasaba habitualmente.

—Me…me ha encantado conocerte Arturo.

—Lo mismo digo Tania, eres una joven increíble y muy bella.

—Gracias. Dijo con ternura. Abrió la puerta y se fue. Supe que no sería la última vez que la vería.

En efecto al día siguiente me llegó un wasap de un número que no conocía, pero que según leí supe que era de esa bella niña «Ayer lo pasé muy bien. Espero que volvamos a repetirlo» Si lo iba a hacer dos veces por semana como tenía pensado el viernes la llamaría a medio día para que viniese por la tarde a casa.

Se alegró mucho cuando la dije quién era y estuvo encantada de venir el viernes a mi casa. Pensé estúpidamente que se quedaría más tiempo, pero llegó, me besó, tiró de mí hacia mi habitación y me folló, así como suena. Media hora, consiguió dos orgasmos y que yo me corriese, cogió el dinero y dándome un besito se fue. Bueno, no me pude enfadar con ella, era su profesión.

Estuvimos así más o menos unos dos meses. He de reconocer que esa niña era muy complaciente y cualquier cosa que le pidiese referente a vestuario me lo concedía, pero no me dejaba ir más allá de follarla, si quería más había que pagar. Algo sí que cambió, pasamos del riguroso saludo "Hola, que tal" al cariñoso "Te he echado de menos, tenía ganas de verte" y esos treinta minutos más de una vez se incrementaban hasta los ochenta minutos. Ella misma reconoció que entre nosotros se había creado un vínculo muy especial y que cuando estábamos juntos le hacía sentirse muy a gusto.

Fue ella misma la que me propuso una tarifa especial para mí, ventajosa y que ahorraba dinero, pero ya lo máximo fue que después de cuatro meses viéndonos regularmente, sin ningún tipo de compromiso, me pidió no utilizar preservativo. Ella sabía lo que me estaba pidiendo y yo tenía alguna reticencia dado a lo que se dedicaba así que decidimos que nos haríamos una analítica y según los resultados así haríamos.

Como era de esperar los dos estábamos sanos y sin ningún tipo de infección y por primera vez desde que estuve con Gina pude correrme dentro del coñito de esa joven que apretaba mi verga con los músculos de su vagina en un orgasmo casi continuo. Tania era muy morbosa y los días que venía a mi casa algunas veces ni pasaba al baño a asearse cuando se iba. Me miraba con picardía y mientras se ponía su tanguita me lo decía.

—Quiero notar mis braguitas mojadas de tu corrida. Saber que una parte de ti sigue en mi interior, eso me pone muy cachonda.

Eso nos unió más aun e incrementó nuestra confianza.

Me encontraba muy a gusto con esa joven, pero notaba como ella se mostraba más cariñosa conmigo que de costumbre. Tanto que entre semana hasta que ella venía a mi casa, estábamos enganchados al wasap charlando o incluso hablando por teléfono. Tania me buscaba continuamente me contaba cosas de su vida y me pedía consejo para algún problema que tenía. Aunque nos llevábamos bien, demasiado bien, yo no dejaba de ver a esa niña como lo que era una prostituta a la que pagaba por follar, pero creo que ella empezaba a confundir lo que sentía cuando venía a mi casa a follar, yo no era su novio, era un cliente.

Llegó un momento en el que notaba su disgusto cuando tenía que irse de mi lado. Sus besos eran de cariño, casi diría que muy amorosos, de hecho, cuando entraba por la puerta de mi casa, me pedía, casi me exigía que la abrazase y la llenase de besos, sabía lo que ocurría, no había que ser adivino para darse cuenta de que esa niña se había enamorado y no sabía lidiar lo que era, con lo que sentía.

Yo le preguntaba continuamente si todo iba bien, si le ocurría algo, o si tenía problemas, sabiendo de sobra que el problema era yo, pero siempre me negaba que ocurriese algo. Ella solo llegaba me besaba y mirándome con cariño me daba la mano y tirando de mi me llevaba mi dormitorio donde follábamos hasta caer agotados. Solo cuando ella alcanzaba los tres o cuatro orgasmos y yo conseguía alcanzar uno o dos, se daba por satisfecha. Entonces se vestía y con mi corrida aun resbalando por el interior de sus muslos se iba mirándome como si ya nunca me fuese a ver.

Ocurrió un viernes como otro cualquiera. Llamé a Tania antes de comer para saber si podía venir a mi casa por la tarde. Ella me dijo que tenía que hacer unas compras y que llegaría mi casa algo más tarde de lo normal. Cuando llamó a mi puerta ya eran cerca de las diez de la noche, pensé realmente que ya no la vería. Cuando abrí la puerta la vi con unas cuantas bolsas y una pequeña mochila. Venia vestida con un jersey ajustado, unos vaqueros rotos muy ajustados a su cuerpo y unos zapatos de salón que la hacían adorable. Cuando entró se colgó de mi cuello y me besó por largos minutos dejándome sentir su cuerpo mientras la abrazaba contra mí.

—¿Ahora vienes de comprar? Pregunté mirando sus bolsas. ¿Y la mochila? ¿Te vas de viaje?

—Eso es nuestra cena, quiero invitarte y la mochila es algo de ropa…Quiero pasar el fin de semana contigo.

—¡¡¿E…el fin de semana?!! Pregunté asustado.

Vamos a ver, me podía permitir el lujo de gastarme 500 euros al mes en follar con esa niña, pero sus tarifas eran caras y pasar 24 horas con esa belleza eran 2500€ con lo que yo no podía destrozar mi economía por un fin de semana que me saldría por más de 5000€. Creo que Tania vio mi cara asustada y besándome de nuevo me lo dijo con el mayor de los cariños:

—No pongas esa cara, no quiero que seamos prostituta y cliente, quiero por una vez sentir que seamos solo un hombre y una mujer que desean sentirse, sin prisas, sin horarios y sin sentir que solo es una transacción comercial. Quiero que este fin de semana seamos algo más que eso.

Tania volvió a besarme con cariño, mientras agarraba su mochila y me miraba traviesa.

—Voy a cambiarme, hazme el favor lleva esas bolsas a la cocina y vete poniéndolo en platos, me muero de hambre.

Al cabo del rato noté como Tania se abrazaba a mí por la espalda y jugaba con sus manos en mi abdomen acariciándolo y llegando muy cerca de mi pelvis, provocándome un gran placer. Su vestimenta era excitante, una camiseta blanca que a duras penas tapaba sus tetas y dejaba su tripita al aire y unas braguitas muy pequeñas que dejaban poco a la imaginación.

Durante toda la cena se mostró provocativa y su pie no dejó de acariciar mi entrepierna, excitándome, haciendo que mi polla se endureciese hasta doler. Cuando fui a por el postre y aparecí de nuevo en el salón, Tania se había desnudado y me esperaba abierta de piernas en mi silla. Mi erección ya era incontrolable. Sin decir nada me acerqué a ella me desnudó y sentándome en la silla se puso ella encima y me folló.

Mi polla entraba y salía de ella con calma, no había prisa ni sexo salvaje, quería sentirme bien dentro de ella con lo que las penetraciones eran profundas. Mientras nuestras bocas se buscaban en besos llenos de pasión y sus tetas eran acariciadas por mis labios. Mis manos se aferraban a ese culito tentador y mi dedo jugaba con su anito introduciendo la primera falange de mi dedo índice.

—Mi amor como me gusta que me hagas esooooo…gemía Tania. Si lo sigues haciendo me voy a correr rápido.

Notaba las contracciones de la vagina de Tania sobre mi polla, y como sus caderas se volvían más violentas cuando empezaba a desatarse su orgasmo hasta que explotaba furiosamente, aferrándose a mi como si en ello le fuese la vida.

—Diooos mi vida, amo lo que me haces sentir, me haces explotar. Decía Tania jadeando fatigada.

Ella sabía que controlaba mis orgasmos, es otra cosa que tengo que agradecer a Gina. Se puso en pie y saco mi polla de su interior, estaba amoratada y pulsaba al ritmo de los latidos de mi corazón. Tania me dio su mano y tiró de mi llevándome a mi habitación. Entró en la cama a gatas, mostrándome su coño enrojecido de la follada que le había dado y su anito, brillante y algo dilatado.

—Fóllame el culito mi amor, sé que lo llevas deseando hace meses y yo también.

Me dio un bote de lubricante que ya tenía preparado debajo de una almohada cuando se cambió de ropa. Creo que mi polla nunca estuvo tan dura, ni cuando enculé a Gina la tenía así. Lubriqué bien el anito de esa niña y mi verga y la apoyé en su agujerito que se abrió para mí como una flor. Vi como centímetro a centímetro su culito devoró toda mi polla con Tania ronroneando como una gatita

Al principio me movía con delicadeza, esperando que el anito de Tania aceptase mi tamaño y mi grosor, pero cuando vi como sus caderas empezaban a moverse y era ella misma la que se follaba, empecé a sodomizarla salvajemente. Era tal mi ímpetu, que Tania empezó a temblar con los prolegómenos de otro orgasmo y se dejó caer en la cama ante mis violentos enviones y ya no pude aguantar más, exploté dentro de sus intestinos llenándolos de leche hirviente. Nuestro orgasmo fue largo e intenso y nos dejó sin fuerzas, me salí de su interior y vi su anito dilatadísimo, totalmente abierto, daban ganas de volvérsela a meter y volverla a follar si no fuese porque me tenía que recuperar y mi polla ya estaba morcillona.

—¡¡Que cabrón!! Exclamó Tania, que manera de follarme el culo, mañana me voy a acordar de ti al sentarme, pero lo quiero repetir.

—Tranquila cariño que con las ganas que te tengo te vas a hartar de polla.

Descansamos durante unos minutos los dos abrazados hasta que nos fuimos a la ducha. Fue inevitable que nos volviésemos a excitar y con el agua cayendo por nuestros cuerpos volvimos a follar. Esa niña alcanzó dos orgasmos más hasta que desbordé su coñito con mi corrida. Cuando nos secamos, fuimos a tomar ese postre que había dejado encima de la mesa, recogimos y nos fuimos a la cama. Durante dos días follamos como condenados, como si no hubiese un mañana, mis corridas anegaron su boca su culo y su coño, costaba no enamorarse de esa niña y ella demostraba lo que era más que evidente, se había colgado de mí.

El domingo por la noche se despidió de mi con tristeza. Se abrazó a mí y noté su llanto suave mientras acariciaba su cabeza. La aparté de mí y levanté su carita para que me mirase, estaba preciosa.

—No te haces una idea de lo que te voy a echar de menos hasta que vuelva a verte. Me dijo Tania con la voz quebrada.

—Cielo, la semana que viene nos volvemos a ver, te lo aseguro. Dije convencido.

Ella me miró con cariño, me volvió a besar y se fue. Esa es la última vez que volví a saber de ella, ya no la volví a ver más. Al día siguiente cuando la llamé salió un mensaje diciéndome que ese número de teléfono no existía, lo intenté durante un par de días con el mismo resultado. En la página de contactos donde la vi por primera vez, ya no estaba ella anunciada. Intenté buscarla por Facebook e Instagram con idénticos resultados, literalmente se la había tragado la tierra.

Sabia o más bien intuía que no le había pasado nada grave, que el problema era yo, y su comportamiento de las últimas semanas totalmente dependiente de mí y comportándose como si fuésemos pareja me lo confirmaba. La eché de menos como pensé que no lo haría y eso me sumió en una gran tristeza. El viernes recibí una carta certificada, era de ella.

"Querido Arturo, sé que ahora estarás preocupado intentando ponerte en contacto conmigo o haciendo lo imposible por encontrarme sin conseguirlo, te ruego que dejes de hacerlo y no malgastes tu tiempo ahora mismo me encuentro muy, muy lejos de ti.

Cuando me metí en el mundo de la prostitución no fue por gusto. Se que nunca he querido hablar de mí en nuestros encuentros, aunque me has preguntado. Provengo de una familia muy humilde y con escasos recursos económicos. Lo único que mis padres me dieron fue mucho amor, la belleza que poseo, además de inteligencia y buena memoria. Quería estudiar una carrera, pero mis padres no podían hacer frente a una matrícula muy cara y a mi estancia en las ciudades donde había universidades.

Lo pensé durante meses, sopesando los pros y los contras hasta que me lié la manta a la cabeza, hice mis maletas y me vine a la ciudad. Pensé que no me atrevería a hacerlo, pero lo hice, el primero fue horrible y me sentí muy sucia, pero con 500€ en mi bolsillo. Supe adaptarme y subsistir, vaciar mi mente cuando iba a ver a algún cliente, desconectar, por decirlo de alguna manera. Mi cuenta corriente subía como la espuma y pude permitirme el lujo de pagarme la matricula en una universidad privada, mis sueños empezaban a cumplirse.

En mi profesión siempre conoces a otras chicas, chicas con las que congenias, aunque siempre las ves como la competencia y no intentas encariñarte con ellas por si de la noche a la mañana las tienes que "despellejar" por robarte a un cliente, aunque las que nos conocíamos teníamos una especie de "código de honor" y nos respetábamos. De entre esas chicas había una que me tomó un cariño especial, bueno y yo también a ella, y me dio un consejo:

«Vas a follar con muchos hombres. La mayoría de ellos nos ven como un recipiente con tetas donde depositar su esperma, no hay cariño ni empatía, solo es una necesidad fisiológica que ellos deben de solucionar; unos se masturbarán y otros se permitirán el lujo de pagarte para que te dejes follar. Pero de vez en cuando hay un hombre que brilla con luz propia, te deslumbra y conseguirá quedar contigo más veces…huye de él. Cuando te quieras dar cuenta estas enganchada y lo tratarás como si fuese tu pareja y entonces empezarás a perder dinero incluso a tener cargo de conciencia por follar con otros hombres, aunque él nunca dejará de verte como lo que eres, una puta»

Y eso me ocurrió contigo, brillabas de una manera que era imposible dejar de mirar. Me acuerdo de esa primera vez que estuvimos juntos, tu estúpida apuesta y esos dos orgasmos intensos que me arrancaste y que me hizo perder la apuesta y una hora de mi tiempo, pero gané lo más maravilloso que había sentido…correrme con la polla de un hombre en mi interior. Los cinco orgasmos de ese día siempre los tendré grabados en mi memoria, me hiciste explotar, tocar el cielo y sentirme extrañamente muy a gusto contigo porque encima me mimabas…eras tan diferente al resto.

No me olvidé de ti, y cuando volviste a llamar anulé una cita por estar contigo y el resto, bueno el resto ya lo sabes, me he enamorado de ti como si fuese una *********te. Durante los dos últimos meses mi vida eras tú, no quería estar con nadie más. Si por mi hubiese sido me hubiese ido a vivir contigo, te necesitaba a todas horas, pero tanto tú como yo sabemos que era una locura. Se que tú también sentías algo por mí, nadie se entrega de la manera que tú lo hacías cuando estábamos juntos. Estoy segura de que me amabas como yo te amaba a ti, si no, no es posible gozar tanto con una persona, pero todo estaba en nuestra contra. Lo que yo soy y sobre todo la diferencia de edad a la larga sabes que eso nos habría destruido…alguno de los dos tenía que poner fin a esto.

Durante el último mes intenté estar el mayor tiempo posible a tu lado, no dejar de sentirte y disfrutar como nunca lo había hecho. El pasado fin de semana que pasé contigo fue mi "despedida" de ti, aunque tú no lo supieses. Quería saber lo que era pasar dos días contigo sin separarnos y fue algo fantástico, brutal, maravilloso que me hizo enamorarme aun más de ti.

El domingo cuando salí de tu casa, no deje de llorar. Llamé a mi compañía y di de baja mi número de teléfono móvil. Cuando llegué a mi casa borré todos los datos de contacto de la página donde me anunciaba y me puse a hacer las maletas, ya había quedado con mi casera que esa era la última noche que pasaba allí…al día siguiente a las siete de la mañana me montaba en un avión para llevarme lejos de ti y empezar de nuevo.

Quizás sea una cobarde por no decirte todo esto a la cara, por no tener la suficiente valentía para hacer frente a una situación difícil y no hablarlo contigo, pero sabía que estando a tu lado harías lo imposible porque me quedase, me engatusarías, me pondrías "caritas" y al final te arrastraría sin remisión a tu dormitorio y volvería follar contigo como si fuese mi vida en ello.

Antes de despedirme. Te he hecho una transferencia por el importe que me ingresaste el último mes en mi cuenta. He querido sentirte como algo muy mío sin necesidad de que me pagases por ello.

Nunca podré olvidarte. Te amo y te amaré siempre. Con Amor. Tania."



Estúpidamente me metí en el banco y efectivamente había una transferencia por 500€ de Tania de Trastámara. Esa carta y esa transferencia me hundieron. Seria necio negar que me había enamorado de Tania, ¿Quién no lo haría? viendo a semejante joven. Al igual que Gina, Tania salió de mi vida de forma brusca. Pasé de tener todo a no tener nada y el día a día se haría más difícil aún.

Iba a cumplir 50 años y no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Necesitaba cierta estabilidad emocional, tener una pareja que no huyese o estuviese comprometida, pero hoy en día era complicado. Había pocas mujeres de cuarenta o cincuenta años que quisieran comprometerse. Eran divorciadas o separadas que huían del compromiso como si les quemara, solo querían echar un polvo y si te he visto no me acuerdo y las que querían algo más ya estaban en relaciones con otras personas.

El día de mi cumpleaños, mi hermana me preparó una pequeña fiesta en su casa con algunos familiares y amigos. Fue algo que no me esperaba y me agradó bastante ver a antiguos amigos que hacía mucho tiempo que no veía. Todos me preguntaron por Gloria, la chica por la que suspiraban todos y que solo yo supe conquistar y todos se quedaron de piedra al saber que yo había pedido el divorcio y aunque me preguntaron la causa, solo les respondí que fue por diferencia de opiniones insalvables.

En un momento de la fiesta vi a mi hermana hablando por teléfono y que venía hacia donde me encontraba mirándome fijamente. Supe enseguida que estaba hablando con Gloria y que su intención era pasármelo y que hablase con ella. Quería hacerlo, pero me daba miedo, salvo por una vez que tuvimos que hablar y quedar para un tema relacionado con las escrituras de la casa, hacia año y pico largo que no hablábamos. Yo me seguía sintiendo traicionado por la mujer que amé hasta el delirio y no quería saber nada de ella, pero la cara de determinación de mi hermana lo decía todo.

—Toma Arturo, es Gloria, quiere felicitarte.

—Qué casualidad que justo hoy que estoy en tu casa llame para felicitarme. Dije m*****o.

—Fui yo quien le dijo que me llamase, ella te sigue queriendo y sigue respetando el que no quieras que te llame y que tampoco quieras saber de ella, pero quiere felicitarte ¿Qué hay de malo? Y por favor no seas borde.

Mi hermana me paso el teléfono y fue la típica conversación intrascendental y por cortesía que se tiene con alguien, ¿Hola, como estas? ¿Qué es de tu vida? ¿Un día podríamos tomar un café? Y, por último, felicidades y disfruta de tú día. Cuando volví a pasar el teléfono a mi hermana me miraba con cara de desaprobación. Aunque lo negase había estado pendiente de nuestra conversación y sé que no le había gustado. Algo si me llamó la atención y eso fue el tono de tristeza que había en la voz de Gloria, pero le quise quitar importancia, quizás fuese por el momento incómodo que se creó al felicitarme, o yo que se, porque a lo mejor se le había ****** el gato, vaya usted a saber, de momento me traía sin cuidado.

―De verdad Arturo que cortito que eres. Parece mentira que Gloria haya sido la mujer con la que has estado veinte años casado. Dijo mi hermana enfadada.

—Te recuerdo hermanita que esa mujer a quien defiendes quiso engañarme, si no lo había hecho ya, y yo solo cumplí sus deseos, ¿No quería tiempo y espacio? Pues ala, ya los tiene, pero no conmigo esperándola como un pelele. Dije ya bastante m*****o

—Arturo, parece mentira que hayas cumplido 50 años y te sigas comportando como un crio. En serio, no te enteras de nada.

No me dejó decirle nada más, se dio la vuelta y me dejó con la palabra en la boca. Lo habían conseguido, entre mi hermana y mi exmujer ya me habían amargado el día. Ni esperé a la tarta, cabreado agarré mi abrigo y despidiéndome me fui. Mi hermana quiso retenerme, me pidió perdón, pero la mandé a la ****** muy educadamente y terminé ese día cenando solo en un restaurante, fue deprimente.

Mis días fueron pasando sin pena ni gloria. Me dedicaba a trabajar y a conseguir las mejores cuentas de clientes que venían a nuestra empresa a publicitarse. De hecho, mis jefes me daban los contratos más difíciles y que más dinero nos proporcionaban a ver si los conseguía convencer. No eran todos, pero si conseguí grandes éxitos con lo que conllevó a que me nombraran socio con un aumento sustancial de responsabilidades y sueldo.

Y así era mi vida, trabajo, casa; trabajo, gimnasio, casa; trabajo, hacer la compra, casa y los fines de semana me encerraba y algunos salía con algún compañero a tomarme una birra, esa era mi vida ahora.
発行者 predatorgapes
5年前
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