Soy todo un Sugar Daddy cap. 3 Patricia
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Ya habían pasado más de dos meses desde que Tania desapareció de mi vida y la seguía echando mucho de menos. Necesitaba follar, sentir calor humano y poder correrme en el interior de una mujer mientras ella se corría conmigo. Creo que no hay nada más hermoso que ver la expresión de placer en la cara de una mujer mientras alcanza su orgasmo y siente como te vacías en su interior, a mi mente acudían las imágenes de Gina, de Tania…pero por algún motivo que empezaba a ser cada vez más evidente, la cara de Gloria nunca aparecía entre esos recuerdos. La idea de que Gloria no disfrutó conmigo en ningún momento de nuestra relación se hacía más irrebatible cada vez.
Volviendo al inicio del relato, todos los miércoles iba a hacer la compra a una gran superficie que me pillaba de camino a casa. Ya me conocía a la mayoría de la gente, incluso clientes que como yo hacían la compra de la semana ese mismo día, e incluso nos sonreíamos a modo de saludo al cruzarnos por algún pasillo.
Ya llevaba fijándome unas cuantas semanas en dos *********tes, tendrían entre quince a diecisiete años, siempre estaban mirando teléfonos móviles y cosas de informática, torres de sonido. Algunas veces las veía mirando ropa incluso probándose zapatos. Eran dos yogurines, vestían siempre igual, sudadera amplia vaqueros o leggins ajustadísimos y zapatillas deportivas. Tanto una como otra eran muy guapas, con largas melenas que le llegaban a la cintura, una rubia y otra castaña clara con mechones rubios.
Como he dicho las dos estaban buenísimas, y alguna vez me quedaba cerca de ellas haciendo que miraba algo y no podía dejar de mirarlas sin ser descarado. Así me enteré de que la rubia se llamaba Susana y la castaña de mechones rubios Patricia. Esta última es la que me tenía loco, tenía un CULO que según qué pantalones llevaba puestos me empalmaba con solo verlo y no me avergüenza reconocer que conseguí una foto con el móvil y me hice unas buenas pajas imaginando que me lo follaba.
La suerte quiso ponerse de mi parte. Sabía que todo intento de acercamiento a ellas me colocaría en una situación muy comprometida, no sabía cómo reaccionarían y muy posiblemente me pondría en ridículo y seria tachado de viejo verde, frase que odiaba como no os hacéis una idea.
El caso es que un día vi a Patricia sola, su amiga no estaba con ella. Estaba en la sección de telefonía móvil mirando teléfonos y allí que me fui, con su larga melena impecablemente peinada con esos vaqueros hiperajustados que marcaban perfectamente su culo. Me puse casi a su lado en el expositor de las tarjetas de memoria. Saqué mi móvil y me puse a mirar a mi móvil y a las tarjetas; sé que ella me miraba de reojo, viendo mi indecisión y miré a ver si había algún dependiente, pero solo había clientes, ningún responsable que me atendiese.
—Siempre que me hace falta que alguien me asesore, nunca hay nadie. Dije en voz alta para que me oyese Patricia.
Ella me miró y me sonrió, entendiendo lo que me ocurría, pero no me dijo nada mientras yo seguía mirando tarjetas de memoria.
—Perdona, le dije dirigiéndome a ella, seguro que tú sabes qué tipo de tarjeta de memoria lleva mi teléfono, ¿A que sí?
—Creo que sí, es muy sencillo, ¿Me dejas tú teléfono? Su voz era de niña, muy dulce y atiplada.
Se lo dejé, tenía unas manitas pequeñas y finas, parecían de porcelana. Miró el teléfono y utilizando el suyo entró en internet y buscó el modelo. Me miró orgullosa y me lo dio.
—Mira, tu teléfono lleva una tarjeta MicroSD, son estas de aquí, pero cuidado que estas son muy caras por la marca, estas otras tienen la misma tasa de transferencia y cuestan tres veces menos y las tienes de 16,32 o 64 gigas dependiendo de la capacidad que quieras.
—Como sabía que tú me ayudarías, los jóvenes estáis puestos en estas tecnologías. Bueno, como guardo muchas fotos me decanto por la de más capacidad. Dije cogiendo el blíster con la tarjeta de 64 Gb.
No quería que ese primer contacto terminase en ese momento, quería más de ella y pensaba decirle que le invitaba a tomar algo por su amabilidad, aunque fue ella quien se adelantó.
—Yo estoy ahorrando para comprarme una, también me hace falta, tengo poca memoria en el teléfono.
Me la quede mirando intrigado, esa niña me estaba diciendo subyacentemente "cómprame la tarjeta, me he tirado el rollo contigo"
—Mira, has sido tan amable conmigo que no hace falta que sigas ahorrando, elige la que desees. Le dije agradecido.
—¿De verdad? Me dijo mostrándome dos ojazos color miel que me perdieron.
—De verdad de la buena, elige.
—Jo, muchas gracias de verdad. No sabes el favor que me haces. Dijo tomando un blíster igual al mío.
Se lo llevó al pecho y lo abrazó como si fuese lo más deseado. Me miró, se acercó a mí, y poniéndose de puntillas me dio un tierno beso en la mejilla.
—En serio, gracias. No sabes la ilusión que me hace. Volvió a repetirme.
—Es lo menos que podía hacer por ti y el favor que me has hecho. Anda vamos a las cajas y lo pago, así puedes hacer lo que quieras.
—No…no hace falta. Puedo ir contigo y pagarlo cuando termines. Me dijo convencida.
—Bien, entonces cuando termine de hacer la compra, ¿te busco?
—Si, siempre estoy por la sección de ropa o de electrónica, es fácil encontrarme.
Hice la compra rápidamente, temía el no poder encontrar a Patricia y dejarla sin su preciado regalo, pero cuando casi estaba a punto de acabar su vocecilla me saludó detrás de mí.
—¡Hola!
—Anda, hola, dije alegre, me has encontrado tú a mí.
—Si, me estaba aburriendo, prefiero acompañarte así no te me escapas dijo con picardía echándose a reír.
—No se me ocurriría hacerte eso, seria de ser una muy mala persona. Dije convencido.
—Lo sé, tienes una pinta de buenazo que tira de espaldas. ¿Sabes? Realmente lo que me pasaba es que me aburria soberanamente. Siempre he venido con mi mejor amiga, Susana, pero nos han dado las notas y ella ha suspendido todo menos religión. Sus padres la han castigado sin salir indefinidamente.
—¿Y tú? ¿Has sacado buenas notas?
—Muy buenas, notables y sobresalientes, nunca he tenido problemas en los estudios.
—¿Y en que curso estáis?
—En segundo de bachiller, este año terminamos y el año que viene a la universidad…algunos, no todos.
—Bueno, eso siempre pasa, no todo el mundo vale para estudiar. Dije acordándome de esa época.
Ya me faltaba poco para acabar. Patricia me ayudó en las últimas compras, me ponía cardiaco cuando se empinaba sobre sus pies para alcanzar algo, mostraba ese culito tentador y su cintura, su piel al subirse la sudadera que llevaba. En otro momento me hacía falta un producto de las baldas inferiores, ella se agachó a cogerlo dejando la parte baja de la espalda al aire y dejándome ver la parte de arriba de su tanguita blanco, mi polla iba a estallar dentro de los pantalones.
Ese suplicio gracias a Dios duró poco más de quince minutos, si llega a durar más la empotro contra los expositores y allí mismo la violo, joder como estaba la niña. Pagamos y encima ella me ayudó a meter la compra en las bolsas, es que encima era un cielo. Una vez todo en orden nos miramos, yo sabía que dentro de una semana nos veríamos, pero es que esa niña me perdía.
—Todavía no se tu nombre. Yo soy Arturo.
—Yo me llamo Patricia.
—Pues Patricia, ha sido un placer conocerte, dije a modo de despedida, nos vemos.
—Lo mismo digo Arturo, seguro que nos veremos.
Vi cómo se alejaba moviendo su culito con soltura, era un dulce, una fruta prohibida pero que deseaba hincarle el diente. Se dio la vuelta y me vio allí como un pasmarote mirándola, me regaló una sonrisa maravillosa mientras me decía adiós con la mano, se perdió entre la gente y dejé de verla. Cuando llegué a mi casa me quité la ropa, me fui al baño y me masturbé pensando en ese culito y ese tanga blanco, esa niña se empezaba a convertir en una obsesión para mí.
Llegó el miércoles siguiente y mentiría si no confesase que estaba deseando llegar a comprar para poder ver de nuevo a Patricia, vamos en ningún momento me plantee que no estuviese, durante meses las estuve viendo todos los miércoles. Cuando entré en el centro comercial lo primero que hice fue buscarla, pero no la vi. Se me aceleró el corazón ¿Y si no había venido? La buscaba mirando hacia la zona de electrónica hasta que alguien me tapó los ojos y me dijo con voz sensual y aniñada:
—¿A que no sabes quién soy?
Como no lo iba a saber, mi corazón se aceleró aún más, olí su perfume, joven, fresco. Sus manitas cálidas apoyadas en mis ojos y su cuerpo ligeramente pegado al mío.
—Creo que tu voz no la olvidaría, dije ilusionado. Eres Patricia.
—Siiii, dijo alegre, te he visto pasar y sé que no me habías visto, estaba mirando ropa.
Diciendo esto se puso frente a mi apoyó su mano en mi nuca atrayéndome hacia ella y me dio dos sonoros besos cerca de las comisuras de mis labios. Eso hizo que se me erizase la piel.
—Bueno, realmente iba hacia la zona de electrónica por si te veía.
—Me puedes encontrar siempre en electrónica o ropa y zapatería, creo que te lo dije.
—Descuida que no se me olvidará. Dije con seguridad. Voy a hacer la compra, sé que no es divertido, ¿Me ayudas?
Ella solo esbozó una gran sonrisa y de nuevo esa niña me volvió a regalar la visión de su culo perfecto esta vez enfundado en unos leggins ajustadísimos que se metían por su culo abriéndolo y mostrando el triangulito que formaba su sexo con sus ingles. Hablamos de muchas cosas, la chica era muy simpática, ocurrente y divertida. Ya casi finalizando se lo pregunté por curiosidad.
—Y dime, ¿Qué ropa estabas mirando? ¿Te hace falta algo?
—Miraba unos pantalones blancos, tengo ganas de tener unos.
—Pues venga, vamos a verlos, te lo has ganado por ayudarme.
—Arturo no es necesario, de veras.
—Venga no seas tonta, no me cuesta nada.
Patricia se agarró de mi brazo y nos fuimos a por esos pantalones. Fue a tiro hecho, no eran ni caros. Cuando fue al probador a ponérselos pasé otro mal rato por que se lució ante mí, interrogándome, sacando su culito, preguntándome si no se notaba mucho "ahí" señalándose su coñito abierto por la costura, que indecente, se metía entre sus labios marcándolos nítidamente. Cuando me vio babear, supo que quería esos pantalones, lo cierto es que le quedaban de escándalo. Cuando llegué a mi casa me volví a masturbar pensando en el cuerpo tan lascivo que tenía esa niña y como le gustaba provocar.
Las siguientes semanas siguieron en esa misma tónica, salvo que Patricia cogió más confianza conmigo. Aunque no era siempre, algunas veces ya me pedía algo que necesitaba, que si un cable para cargar su móvil, que si unos cascos para escuchar música, unas zapatillas deportivas…ella me lo agradecía mostrándose ante mi sin ser descarada y cuando nos despedíamos ya me daba un pico en los labios agradecida por, según ella, ser su consentida. Me mataba a pajas pensando en Patricia, incluso ya nos habíamos dado nuestro número de teléfono y nos mandábamos mensajes a menudo.
Sabía que no hacía nada malo, la chica ya era mayor de edad 18 añitos recién cumplidos según el DNI que me enseñó, pero la veía tan…tan niña, tan ******il que parecía que estaba haciendo algo *********. Además, tenía esa pinta tan frágil, tan inocente que inspiraba una gran ternura y daban ganas de abrazarla y comértela a besos. El día que subió aún más nuestro nivel de confianza fue cuando llegué al centro comercial y la encontré mirando ropa. Miraba unos polos de manga larga y cuando me vio vino hacia mí se colgó de mi cuello, me dio un pico en los labios y se abrazó a mí.
—Que ganas tenia de verte, te he echado de menos. Me dijo mimosa.
—Yo también te he echado de menos, dije mirándola con cariño. Dime, ¿Qué estabas mirando? ¿Me lo enseñas?
Cuando vi lo que quería y que encima no llegaba a cinco euros la prenda le dije que escogiera dos, los que más le gustasen y fuese a probárselos. Me dijo que la acompañase, pero me quedé de piedra cuando me invitó a entrar con ella al probador, yo la miraba embobado y fue cuando ella con toda naturalidad se quitó la sudadera dejándome ver sus tetas enfundadas en un sujetador negro. Me quede alucinado, esa niña al llevar una prenda tan holgada no se adivinaba el pecho que tenía, pero ahora me mostraba orgullosa esas dos tremendas tetazas que pedían a gritos ser devoradas. Patricia vio mi mirada perdida en ella y me lo preguntó, como si no supiese la respuesta.
—¿Te gustan? ¿Te parecen bonitas? Preguntó muy sensualmente.
—Creo que es lo más bonito que he visto. Dije excitado.
Se probó uno de los polos, luego el otro, se miró y remiró y entonces hizo algo que ya cambió todo entre nosotros, se quitó el polo que tenía puesto y echando sus manitas a la espalda se deshizo de su sujetador mostrándome unas tetas preciosas, altivas, duras, que desafiaban a la gravedad sin problemas con una areola marrón pequeñita y un pezón duro como el diamante. Ella estaba frente al espejo mirándose, yo detrás de ella mirando como si lo que estuviera ocurriendo fuera surrealista.
—Y ahora, ¿Te gustan más? ¿No te parece que están un poco caídas?
—De verdad cielo, dije ahogándome con mi propia baba, son perfectas.
Patricia se probó de nuevo el polo, pero sin sujetador. Se adaptaba a sus formas perfectamente, y sin sujetador era una tentación, parecía que sus pezoncitos iban a traspasar la tela.
—¿Te imaginas que vaya así por la calle? Me dijo provocadora.
Apoyó su cuerpo contra mí y su culito se frotó contra mí ya crecida polla. Sacó más su pecho mientras nuestras miradas se clavaban a través del espejo. Mis manos bajo ese polo acariciaban su tripita, tenía una piel extremadamente suave y fueron subiendo hasta alcanzar esos dos globos perfectos de carne. Cerré mis ojos y oí gemir a Patricia.
—Ahhhhhhhhhh…siiiiiiiiiii mi amor…son tuyas.
Patricia era pequeñita y menuda, pero con todo muy bien puesto. La alcé y la deje de pie en el asiento del probador. A esa altura sus perfectas tetas quedaban a la altura de mi boca. Le quité el polo y mis manos se aferraron a su culito, pequeño, ******il, delicioso. Mis manos abarcaban ambas nalgas y mis dedos se metían entre sus piernas sobando lascivamente por encima del pantalón su coñito, mientras mi boca succionaba sus pezones y mi lengua lamía sus tetas.
—Paraaaaa mi amor…paraaaaaa. Gemía muy bajito en mi oído Patricia. No podemos seguir aquí, nos van a llamar la atención. Sal fuera y espérame.
Con cariño, pero con firmeza me separó de ella y me hizo salir. Me quedé mirando la puerta aturdido, lo que llevaba deseando hace meses desde que me fijé por primera vez en esa niña estaba ocurriendo.
No habían pasado más de treinta segundos cuando una dependienta apareció y me sonrió.
—¿Todo va bien? ¿No le gusta como le queda? Preguntó interesada.
—Bueno creo que le queda bien, pero no sabe por cual decidirse, ya sabe cómo son las *********tes.
—¡TE ESTOY OYENDO! Dijo Patricia desde el interior.
La dependienta y yo nos echamos a reír y en ese momento apareció esa delicia de niña, roja como un tomate.
—Ufffff, que calor hace ahí dentro. Dijo saliendo del paso. Me gustan los dos, ¿Me los puedo llevar?
—Claro cariño, no hay problema.
—¡¡Ayyyy!! Gracias papiii.
No sé por qué ese "papiii" me resultó morboso a mas no poder. En ese momento es la imagen que dábamos, la de un padre y una hija que habían ido a comprar. La dependienta me sonrió y salimos de los probadores con Patricia agarrada de mi brazo, me metió por uno de los pasillos y me paró, me miró enfebrecida y me besó con lujuria.
—¿Puedes hacer la compra mañana? Te juro que vengo a ayudarte, pero ahora llévame a tu casa.
Hasta dejé el carro con el euro metido dentro y las dos prendas que se había probado, la agarré de la mano y a la carrera bajamos al aparcamiento. Dentro del coche me volvió a besar con furia, su manita se fue directa a mi entrepierna, frotándome la polla, la mía siguió el mismo camino entre las piernas de Patricia que me recibió con un gemido largo, estaba ardiendo y sus pantalones estaban húmedos.
—Vámonos, dijo excitada, vámonos que si no te voy a follar aquí mismo.
Nunca he corrido tanto como esta vez, hasta creo que me salté algún semáforo, pero me daba igual solo quería llegar a casa desnudar a esa náyade del deseo y hacerla mía. Patricia me miraba como una loba enjaulada, se mordía el labio y jugaba con su manita entre sus piernas, era la viva imagen del deseo.
Cuando entramos en casa nos abrazamos mientras nuestras ropas volaban. Cuando tuve en mis manos su tanguita aspiré su aroma, olía a gel de baño y a hembra excitada. Nos quedamos completamente desnudos admirándonos. Patricia era perfecta, hasta el mínimo detalle, pero cuando ella me vio desnudo a mí se maravilló.
—Joder Arturo, me encanta, pareces un adonis…y ¡¡DIOOOS QUE POLLA!! Exclamó agarrándola con sus manitas, ¡¡ESTO NO ME VA A CABER, ES ENORME!! Dijo asustada.
—Veras como te entra entera cielo, confía en mí.
Le agarré de su perfecto culo y la levanté, ella me abrazó con sus piernas mientras sus brazos se aferraban a mi cuello nos besamos con pasión hasta quedarnos sin aire mientras iba camino de mi dormitorio. Cuando la tumbé en la cama ella retrepó hasta quedarse en medio y abriéndose de piernas me llamó con sus brazos extendidos para que me tumbase encima de ella e hiciésemos un misionero. El coñito de Patricia era una preciosidad como lo era todo en ella. Lampiño, cerradito, pequeño, rosadito, brillante de la excitación que la embargaba en esos momentos. Por mi me hubiese amorrado a ese coñito, y me hubiese bebido todo lo que salía de él. Patricia me miraba casi rogándome que la follara. Me puse de rodillas entre sus piernas y pasé mis dedos por esa rajita que despedía fuego. Patricia arqueó su espalda y ya me lo suplico.
—FOLLAME POR LO QUE MAS QUIERAS…FOLLAMEEEE.
Pensé que le iba a hacer daño. Veía el tamaño de mi polla y su vagina que parecía de juguete, muy cerrada, pero fue poner mi glande sobre su rajita y se abrió como una flor. Hice algo de presión y mi polla empezó a entrar en ella sin ningún tipo de impedimento, poco a poco, abriéndola, notando como su sexo se aferraba a mi polla, pero permitiéndome entrar sin problema. Veía las expresiones de la carita de Patricia, eran de placer, de un placer extremo hasta que estalló.
—Sigueee…no pareeees…sigueeeee…sigueeeeeee…joder…joder me corro, me corrooooooh
Patricia temblaba como una hoja mientras se corría como una gata herida. Notaba las contracciones de los músculos de su vagina impidiéndome avanzar, todavía quedaba un buen trozo de polla fuera, pero según se relajó enroscó sus piernas en mi cintura y con sus pies me conminaba a llegar hasta el final. Un golpe de caderas y mis pelotas rebotaron en su perfecto culo. Mi cuerpo estaba encima de ella y me tenía muy abrazado, abrió mucho sus ojos y volvió a correrse.
—Diooooos…que gustoooooooh…siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Patricia buscó mi boca y nos besamos como dementes. Su coñito apretaba mi polla de una manera que me costaba concentrarme para no correrme, me quemaba, me abrasaba en su interior, mientras sus caderas se movían frenéticamente. Empecé un lento bombeo haciendo algo de presión en su punto G al meterla, eso la volvió loca, volvió a correrse otra vez y otra y otra más, mi niña gemía herida de placer, llevábamos cerca de una hora y ya se había corrido un montón de veces y mi aguante empezaba a traicionarme.
—Para…paraaa…no puedo más, estoy rota, déjame…déjame descansar. Decía fatigada.
Me incorporé y saqué mi polla de su interior. Con la excitación del momento ni me había puesto un preservativo, lo estábamos haciendo a pelo. Me tumbé a su lado, ella se giró y se hizo un ovillito pegada a mí, la abracé con cariño y casi se quedó dormida en el acto. No os voy a mentir, eso me jodió soberanamente, tenía mi polla a punto de explotar y mis huevos llenos de leche y cuando estaba a punto de correrme va y se duerme, pero tampoco voy a negar que me encantó tenerla desnuda y poder follármela a placer. El sopor me pudo y yo también me traspuse.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando noté algo muy placentero en mi polla y mis huevos, mire el reloj de la mesilla y todavía eran las siete y media. Patricia jugaba con su manita y me tenía la polla como el asta de una bandera mientras la masturbaba con lentitud. Bese su cabecita y ella me miró risueña.
—¿Has descansado? Pregunté.
—Un poco, pero estoy disgustada, no te has corrido, ¿Acaso no te gusto?
—Patricia no seas boba, eres una preciosidad y estoy deseando correrme, pero lo estábamos haciendo a pelo y yo quería correrme dentro de ti, aunque no sabía si te cuidabas.
Patricia se subió encima de mi dejando su coñito en contacto con mi polla. Notaba la humedad que desprendía y lo caliente que seguía estando. Me besó con ternura y se tumbó sobre mi pecho.
—Arturo, ¿te puedo preguntar algo?
—Claro que sí, lo que quieras.
—¿Qué pretendías cuando me hacías tantos regalos? Y por favor no me mientas.
—Hacía unos meses que me había fijado en ti, eras como un ser que brillaba con luz propia. Estaba loco por ti y cuando te vi aquel día en el departamento de telefonía y las tarjetas de memoria al lado, fue el momento idóneo para acercarme a ti. Pretendía agradarte, que me aceptases, que incluso te apeteciese tomar algo conmigo. La diferencia de edad me aconsejaba ser cauto y esto que está ocurriendo entre nosotros ni se dibujaba en mi cabeza, aunque lo deseaba con todas mis fuerzas.
—Vaya dos, empezó diciendo Patricia. Yo también me fijé en ti, siempre me han gustado mucho los hombres más mayores que yo, y el día que te vi me acuerdo venias o de correr o del gimnasio. Pantalones cortos, deportivas y una musculosa que dejaba tus brazos y tus hombros al aire. No sabía si estabas casado, divorciado, con pareja o qué, pero lo que si sabía es que de una manera u otra terminaríamos así, y hoy me he preparado muy bien para ti, yo sabía de antemano que esto iba a ocurrir.
Nos quedamos callados durante interminables minutos. Mis manos acariciaban el cuerpecito de Patricia y ese culito que cada vez se volvía más adictivo, suave durito, respingón. Metía mi mano entre sus nalgas acariciando su anito haciendo algo de presión sobre él. Mi niña ronroneaba como una gatita mimosa, sus tetas pegadas a mi pecho, necesitaba follarla de nuevo, necesitaba correrme.
—Arturo ¿Sabes lo que es un Sugar Daddy?
Por supuesto que lo sabía, y alguna vez se me había pasado por la cabeza ser el mecenas planchabragas de esas niñas universitarias que, por unos cuantos polvos, te pedían de todo y vivían a lo grande a costa de su cuerpo. Eso era una forma de prostitución y no me imaginaba a mi niña haciendo eso.
—Si, sí que lo sé. ¿Por qué lo preguntas?
—Tú me has regalado cosas y hace un rato hemos follado, ¿No crees que tiene algo de semejanza?
—Patricia, dije serio, ¿Tu querías esto? Pregunté asustado.
—Mas que a mi vida, lo deseaba hace mucho tiempo y sé que lo que te pida me lo vas a dar, pero yo quiero darte todo también. Así que te pediré cosas, y aunque no me las des yo te seguiré queriendo y dándote todo lo que me pidas. Tu para mi eres mi Sugar Daddy.
—No es que seas muy buena negociante. ¿Qué me vas a pedir?
—Un teléfono móvil, el mío esta viejito y ya falla.
—Ya, entiendo, ¿Y qué me das a cambio?
Patricia se incorporó, me besó y me miro con picardía. Se puso en cuatro mostrándome su coñito enrojecido de la follada y su anito, rosadito limpio, brillante.
—¿Te gustaría follarme el culito?
Me senté en la cama, agarré las caderas a esa belleza y la atraje hacia mí para darme un festín. Durante un buen rato estuve lamiendo, chupando y follando con mi lengua esa delicia, mis dedos entraban con facilidad en su culo y a la vez estimulaba su clítoris hasta hacerla explotar en otro orgasmo. Cuando la noté preparada de un cajón tome un bote de gel lubricante y embadurné bien su culo y mi polla, cuando puse mi glande en ese orificio y vi las dimensiones de cada uno me asusté, era un culo como dije, ******il.
—Cariño, ¿Te han follado el culo alguna vez?
—Solo una vez, decía excitada, tú solo hazlo…vamoooos. Me apremiaba.
Hice algo de presión y vi cómo se abría y dejaba pasar mi glande sin problema. Me fijé que agarró la sábana de la cama con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Mi polla daba espasmos de placer. Ver ese culito ofrecido, esas nalguitas y mi verga empezando a entrar era lo más excitante y morboso que había. Hice un poco más de fuerza y vi cómo iba entrando poco a poco.
—Ahhhhhhhhh…despacio…poco a poco mi amor. Gemía Patricia.
Me quedé quieto, notaba las contracciones de su esfínter sobre mi polla y noté como ella misma se acariciaba su coñito para relajarse. Al poco fue ella misma quien hizo fuerza y se metió algo más de la mitad de mi balano dentro de su culito.
—Dioooos que ricoooo, gimió herida, ¿Esta toda dentro?
—No cielo, queda algo menos de la mitad.
—Joder…estoy llenísima, pero la quiero toda dentro.
Empecé a entrar y salir de ella con calma, aunque quería empotrarla. La visión de mi polla entrando y saliendo de ese culito era mucho y mi orgasmo se acercaba. Su culo aceptaba cada vez mejor mi verga bombeando dentro de ella y con un fuerte golpe de caderas la empotré conta los pies de la cama y mis huevos chocaron con su coñito.
—AHHHHHHHH…JODEEER SIIIIIIIII…FOLLAME CABRÓN…REVIENTAMEEEEEE…PARTEME EN DOS.
Y por dios que la reventé. Esa niña era puro vicio, pedía cada vez más y más y yo no dudaba en dárselo. Estaba enloquecido y mi polla la taladraba sin piedad, en la habitación solo se escuchaba el choque de mi pelvis con su perfecto culo y los gemidos de ambos enloquecidos con nuestro placer. Gritos, suspiros, insultos, frases incoherentes solo éramos dos personas dándonos un placer máximo. Mis manos abandonaron su cinturita y buscaron sus tetas para amasarlas y retorcerle los pezones, eso la terminó de encender y explotó en un brutal orgasmo arrastrándome a mí con ella.
—DIOOOOS, ME CORROOOOO…ME CORROOOOOOH…JODEEER…JODEEEEEEEEER…SIIIIIIIIIIIIII.
El cuerpo de Patricia empezó a temblar de manera incontrolada y su anito estrangulaba mi polla. Estaba corriéndose de tal manera que note como de su coñito salía un chorro de líquido despedido a mis piernas, había tenido un squirt. Las contracciones de su anito sobre mi balano aceleraron mí ya incontrolable orgasmo y exploté dentro de sus intestinos lanzando chorros y chorros de semen. Patricia gimió, lloró y cayó en la cama agotada, yo me quede encima de ella con mi polla aun clavada en su culito con los últimos estertores del orgasmo. Los dos cansados, fatigados, recuperando nuestras respiraciones, besé el fino cuello de esa ninfa y sus hombros y noté como se erizaba su piel.
Mi polla empezaba a perder la erección y con delicadeza la saqué del interior del culito de Patricia que gimió como una gatita. Con un sonoro "PLOP" terminó de salir y vi con asombro como había dejado el culo de esa niña, totalmente abierto, dado de sí, preparado para recibir de nuevo mi polla si hacía falta.
—Ha sido bestial mi amor, nunca he sentido algo así. Decía Patricia aun fatigada.
—Eres fantástica, dije extasiado, tumbándome a su lado.
Vi como con sus dedos examinaba su anito y me miró asustada.
—Joder, me has dejado el culo abierto como un túnel, cuando abra la boca se va a ver el suelo. Dijo riéndose.
—Jajajajajajajaja, reí su ocurrencia, no seas exagerada verás como en unos minutos ha recuperado su aspecto y mañana estará cerradito de nuevo pero con algo de dolor.
—Pero no por mucho tiempo verdad, dijo poniéndose sobre mí y besándome, porque esto lo quiero repetir muy a menudo, por mi diariamente.
—Y por mí las veces que quieras dije abrazando su frágil cuerpecito.
—Por…por cierto, siento…siento haberme echo pis cuando me corría, no he podido evitarlo. Dijo Patricia poniéndose colorada.
—No mi vida, no te has hecho pis, lo que has sentido es un squirt, ¿No me digas que no sabes lo que es?
—Bueno, siempre pensé que eso era un mito urbano, ¿Qué una mujer eyacule? Venga ya. Dijo Patricia escéptica.
—Pues tú lo has experimentado, y te aseguro que cuando quieras puedo hacer que te vuelvas a correr así.
—Mi amor eres increíble, dijo besándome, pero creo que me tengo que ir, es tarde. Dijo con tristeza.
—¿Quieres que nos duchemos antes de irte? Pregunté con maldad.
—Uh…Uh, dijo negando con la cabeza Patricia. Si lo hacemos llegaré muy tarde a casa y me castigarán, y acuérdate que te prometí que mañana te ayudaba a hacer la compra.
Con pena vi como Patricia se levantaba y se iba al baño. Al poco salió y me dejó ver de nuevo su cuerpo desnudo, en serio, todo lo que pueda describir de ella se quedaría en nada porque a cada paso descubría algo nuevo en ella. Era muy femenina y eso me volvía loco, se vistió delante de mí sin apartar su mirada de la mía y cuando terminó vino hacia mí, se colgó de mi cuello y me besó con mucho cariño.
—Me gusta cómo me miras y por cierto, si, te puedes correr dentro de mí, me cuido. ¿Me acercas a casa?
Me hubiese gustado pasar la noche con ella, que tontería, pero no era posible. Esperaría al fin de semana a ver que podíamos hacer porque necesitaba estar con ella, me volvía loco esa niña. La dejé una calle antes de su portal, Patricia no quería que nadie la viese bajando de un coche y fuesen con el cotilleo a sus padres. Vivía muy cerca del centro comercial donde hacia la compra, por eso la veía tan a menudo allí. Antes de bajarse del coche me volvió a besar con cariño y arrugando su naricilla se despidió hasta el día siguiente en el mismo sitio.
Al día siguiente Patricia me esperaba directamente en la tercera planta del aparcamiento que es donde estacionaba siempre. Según me vio llegar se subió en el coche y cuando aparqué ella se sentó a horcajadas sobre mí y me comió a besos.
—Estaba deseando verte otra vez, decía sin dejar de besarme, ¿Es necesario que hagamos la compra ahora? ¿No puede esperar?
—Cielo tengo tantas ganas como tú, pero estoy bajo mínimos. Si nos damos prisa en una hora estamos en casa.
Hicimos la compra deprisa y corriendo pero no nos dejamos nada sin comprar. Tardamos algo más de la hora, pero poco más, me ayudó a colocar la compra, ella solo llevaba su tanguita puesto, me excitaba continuamente y mi polla iba a reventar. Según terminamos nos fuimos a mi cama y dimos rienda suelta a nuestra pasión.
Hubo mamadas, comidas de coño que fueron una delicia y folladas increíbles. Sin contar con ello me corrí en su boca con mi verga largando semen como si no costase. La pobre mía se atragantó y no pudo retener tanto semen, pero me miraba con esos ojitos llenos de lágrimas, y con una carita feliz y risueña. Me corrí abundantemente en su útero, la rellené como a un mechero y sé que ella alcanzó más de diez orgasmos. Sin que ella lo supiese era multiorgásmica y era una delicia ver como se corría una y otra vez. Por ultimo y antes de irnos a la ducha para llevarla a su casa la regalé un squirt que la dejó rota por el placer recibido.
Era un hombre maduro de 50 años, con las ideas muy claras, o eso creía. La juventud, la vitalidad, la pasión descontrolada de Patricia me arrastraron con ella, empecé a sentir algo ********* con esa niña, algo que nos destruiría, pero me estaba enamorando sin remisión. No era consciente que nos separaban 32 años, todo un salto generacional, que ella podía ser mi hija y que aunque me daba cuenta muy de cuando en cuando como nos miraba la gente, me daba igual lo que pensasen, ella me daba la fuerza y las ganas de seguir adelante.
Patricia era muy impresionable, como me dijo en ocasiones no estaba acostumbrada a que la tratasen con ese cariño y ese amor. La deslumbraba con viajes de fin de semana increíbles ya que me dijo que no podía aparecer por su casa con regalos carísimos sin dar explicaciones. Patricia se abrió mucho a mí, y me empezó a ver como algo más que a su Sugar Daddy. Me contó que perdió su virginidad a los trece años con el padre de una amiga suya que palabras textuales "estaba buenísimo" fue tierno y delicado y tuvo sexo con él hasta que su amiga los pilló en pleno polvo y la echó de su casa. En ese momento supo que le gustaban los hombres mucho más mayores que ella.
Luego me contó como conoció a un chaval de 17 años, engreído, superficial y pagado de sí mismo. El típico chulito de gimnasio que se creía irresistible, el que se tiraba a medio instituto por que las tías somos gilipollas, según Patricia, y no vemos más allá de nuestras narices cuando vemos a un tío bueno.
—Fue decepcionante, me contaba Patricia. La primera vez que nos vimos desnudos, presumió delante de mí como un pavo real. Le miré escéptica y pensé "Mucho conejo para tan poca zanahoria" y no me equivoqué. Fue meterla y se corrió como un principiante con una pollita que daba pena. Apenas estuve un mes con él y creo que fui muy generosa ante esa piltrafa, no me regaló ningún orgasmo.
Cuando le pregunté por su pérdida de virginidad anal, noté como se ponía incómoda, como si algo la disgustase de manera inoportuna.
—Eso, eso fue una equivocación, aparte de algo muy, muy doloroso e inaguantable. Fue con un primo hermano diez años mayor que yo…no voy a entrar en detalles, verano, vacaciones con mis tíos, piscina, bikini muy sugerente…nos quedamos solos dentro del agua y me folló el culo, eso es todo.
Y por último habló de mí. Solo había estado con cuatro hombres incluido yo y como me dijo, solo el padre de su amiga y yo habíamos sido muy importantes en su vida y lo que sentía conmigo no lo quería parar de ninguna manera. No quería oír hablar de diferencia de edad, ni de salto generacional, ella era feliz, muy feliz y no quería renunciar a mí de ninguna manera, era mayor de edad y sabía lo que estaba haciendo y con quien lo estaba haciendo.
Intenté hablarlo con ella y hacerle entender que nuestra relación no nos llevaría a ningún sitio, que cuando ella estuviese en el cénit de su sexualidad yo sería un septuagenario y estaría condenada o me condenaría a mí, si es que no me había dejado antes. Pensé que el tiempo nos pondría a cada uno en nuestro sitio y que ella se cansaría de mi en algún momento de su vida cuando viese que no respondía sexualmente como ella me pedía. Su juventud era arrolladora y ya empezaba a tomar pastillas para mantener mi erección porque me costaba recuperarme mucho.
Ya llevábamos tres meses juntos, tres maravillosos meses. Le regalé un fin de semana en Formigal en pleno Pirineo Aragonés, fuimos a esquiar, pero realmente no tocamos la nieve, reservé una de las mejores habitaciones en un hotel. Tenía de todo, incluido un maravilloso jacuzzi al que le sacamos mucho partido mientras que por el ventanal veíamos nevar, era idílico. Ese fin de semana como muchos otros, follamos hasta caer agotados, Patricia me lo dio todo y cuando salimos hacia Madrid iba rellena de semen por todos sus orificios. Como siempre que la dejaba cerca de su casa nos despedíamos con tristeza, pero sabiendo que en horas volveríamos a vernos.
Pero ese lunes fue diferente. Me extrañó, que no me mandase ningún wasap ni que llegando la tarde me llamase para saber si había llegado a casa y poder pasarse a verme. Su teléfono estaba desconectado y no podía hablar con ella. El martes ocurrió lo mismo, así como el miércoles, estaba asustado, más que nada por si le había ocurrido algo. Ese miércoles cuando fui a comprar esperé encontrármela y que me contase que estaba ocurriendo, pero ella no estaba, no apareció en ningún momento, estaba desolado.
Fue el sábado por la mañana. Llamaron a mi puerta y fui corriendo, pensando que era Patricia, pero cuando abrí la puerta me encontré a una mujer y supe enseguida que era la madre de Patricia por su gran parecido. Era una mujer guapísima y con un cuerpazo fantástico, aunque no me pude fijar mucho más en ella, que estuviese en mi puerta eran malas noticias, seguro, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—¿Eres Arturo? Preguntó secamente.
—Si, soy Arturo, ¿En qué puedo ayudarte?
—Soy la madre de Patricia, ¿Puedo pasar?
—Claro, dije franqueando la entrada, pasa.
Estaba asustado, tenía cara de pocos amigos, de hecho sus ojos echaban fuego. Dejó una gran bolsa encima de la mesa y se puso en jarras paseando sin dejar de mirarme. Yo la miraba entre el miedo y la curiosidad y le iba a preguntar, cuando, sin esperarlo, me cruzó la cara dos veces, una con cada mano. Me dejó aturdido y de hecho trastabillé hacia atrás intentando no caerme mientras me gritaba:
—¡¡HIJO DE PUTA COMO HAS PODIDO HACER ESO A MI NIÑA, COMO HAS SIDO CAPAZ DE FOLLARTELA SI ES UNA CRIA!!
—¿Una cría? Señora su hija es mayor de edad y puede acostarse…
Otro tortazo me dejó pitando el oído izquierdo. Notaba mi mejilla palpitar de los dos tortazos que llevaba y juiciosamente me puse de lado por si lanzaba una patada a mis huevos, esa mujer estaba fuera de sí.
—¿MAYOR DE EDAD? ¡¡IMBECIL!! ¡¡MI HIJA CUMPLIÓ DIECISEIS AÑOS HACE DOS SEMANAS!! Dijo gritándome a la cara.
—No…no…no es posible, tartamudeé, ella…ella me enseño su DNI y la fecha de…de nacimiento…ella es mayor de edad.
—¡¡ESE CARNÉ ERA FALSO IDIOTA, HASTA UN NIÑO SE HUBIESE DADO CUENTA!! Volvió a gritarme.
Me senté en una silla sin creer lo que estaba oyendo y las consecuencias que tendría en mi vida. Había follado con una ***** y tenía una relación con ella, era un pedófilo. Vi mi vida como sería a partir de entonces y me vi en medio de un gran escándalo y en prisión de por vida y solo, terriblemente solo porque una cría me había manipulado con su cuerpo y con un DNI falso. Como pude ser tan estúpido y no darme cuenta de algo tan evidente.
Esa mujer paseaba nerviosa por mi salón. Se masajeaba las sienes y me seguía mirando furiosa aunque parecía haberse tranquilizado algo.
—Por lo que se ve, ese carné se lo consiguió una amiga y lo utilizaba para entrar en las discotecas y bueno…también lo utilizó contigo…imagino…imagino que para que no la rechazases.
Seguía sin creer lo que había ocurrido y aunque imaginaba como se sentiría Patricia y lo que debería estar pasando, estaba muy preocupado por mi porvenir. Mi mente imaginaba que en cualquier momento vendría la policía y saldría esposado de mi casa.
—Es por este motivo y porque mi hija ha llorado, suplicado y rogado que no tomase acciones contra ti, que no voy a denunciarte aunque no me faltan ganas. Ella está ahora muy lejos de aquí en un internado, su padre no entiende lo que está pasando y espero que no sepa lo que ha ocurrido porque seguro que te mata, ¿me oyes? y yo le ayudaré, no lo dudes.
Estaba sin palabras, oía a esa mujer hablar, amenazarme, pero no le prestaba atención, estaba como ido, intentando asimilar la barbaridad que había cometido
—En esa bolsa están todas las cosas que le has regalado, ni yo quiero verlas ni a ella le hacen falta. Olvídate de mi hija, no la busques ni te pongas en contacto con ella, si me entero de que lo has hecho, te aseguro que todo el peso de la ley caerá sobre ti y te joderé la vida, ¿Me has oído?
Yo solo asentí con la cabeza. Esa mujer dio media vuelta y salió de mi casa con un sonoro portazo, todavía tenía el miedo metido en el cuerpo, era consciente de que no tendría escapatoria ante ningún tribunal por mucho que Patricia asegurase que eran relaciones consentidas.
No sé cuánto tiempo estuve sentado inmóvil, en esa silla. Cuando me levanté y vi esa bolsa encima de la mesa me acerqué y vi lo que había en su interior. Todos los regalos que le había hecho, los auriculares para escuchar música, sus pantalones blancos, sus zapatillas…su teléfono móvil…Me eché a llorar como un niño, por los recuerdos de mi niña, de mi amor y por la tensión del momento, otra vez había ocurrido, Patricia había salido de mi vida de forma brutal y sin esperarlo, ya no la vería más.
Primero Gina, luego Tania y ahora Patricia. Heridas profundas en un corazón ya maltrecho por lo vivido. No podía seguir así, necesitaba estabilidad en mi vida y empezaba a echar de menos que alguien me esperase al llegar a casa y me preguntase ¿Cómo ha ido tu día amor? Y hacer lo que hacen las parejas, pero sin esconderse, sin programar los polvos y sin que todo fuese como una clase a la que acudir para aprender.
Mi vida volvió a esa gris monotonía sin ilusión por nada. Creo que, aunque lo explicase detalladamente no os haría llegar la desolación por haber perdido a Patricia. Ella había sido mi alegría, mis ganas de vivir, de seguir adelante aun sabiendo que nuestra diferencia de edad sería un impedimento, pero la quería, amaba a esa niña que me cautivó con su cariño, su amor y su cuerpo.
Me juré a mí mismo que no me volvería a pasar eso, que huiría de las jovencitas, ávidas de sexo con maduros que les daban una estabilidad y una calidad que no conocían con los chavales de su edad. Para ellas éramos presas fáciles ante su juventud, pero las consecuencias para alguien como yo eran devastadoras.
Me costó olvidar a Patricia, soñaba con ella, con sus gestos, sus provocaciones, con esos pantalones tan ajustados que llevaba siempre, adivinando ese culo tan divino que tenía y su coñito dibujado nítidamente sobre la tela. Casi sentía en sueños la suavidad y calidez de su piel, su pecho generoso que me ofrecía para degustar su sabor y excitar sus pezones…por dios como la echaba de menos, y volvía a llorar en sueños intentando buscarla para que volviese conmigo sin conseguirlo. Intenté recuperarme de ese varapalo, salir más, entretenerme, hacer algo que mantuviese mi mente ocupada, pero todo era en vano. Solo el tiempo me ayudaría a olvidar.
Ocurrió un miércoles cuando fui a comprar. Iba como un zombi sin enterarme apenas quien había a mi alrededor hasta que una vocecilla dulce me llamó:
―Arturo, espera.
Cuando me di la vuelta me encontré con la amiga de Patricia, Susana, que me miraba casi con lágrimas en los ojos.
―Susana cielo, saludé con cariño, ¿Qué tal estás?
―Bien, dijo dándome dos besos. El…el otro día me llegó una carta de Patricia y me pidió que te la diese. Dijo mostrándome un sobre.
Lo tomé en mis manos y lo acerqué a mi cara. Aspiré su aroma, aun le quedaba la fragancia de la colonia que usaba Patricia, no lo pude evitar y una lágrima cayó por mi mejilla. Igual que me lo había dado se lo devolví. Susana me miró extrañada.
―Lo siento Susana pero aunque desearía leer su carta, no puedo hacerlo. Su madre fue muy clara en su amenaza y me puede costar un disgusto y no puedo seguir así.
―Pero ella espera que le contestes.
―Pues serás tú quien le cuente todo. Dile que la extraño muchísimo, que nunca la olvidaré pero que su madre fue categórica con lo que ocurriría si me ponía en contacto con ella, quiero que me hagas ese favor.
—Se pondrá muy triste cuando se lo cuente. Ella quiere seguir con vuestra relación hasta que tenga 18 años y pueda hacer lo que quiera
—Eso es una locura y ella debe de ser más coherente. Se que ahora habla su corazón pero es de todo punto imposible, se tiene que olvidar de mí. Aunque me duela todo tiene un comienzo y un final, díselo así, nuestro final llegó cuando su madre descubrió lo nuestro.
Susana intentó convencerme de que nadie tenía por qué enterarse, que a través de ella no habría ningún problema en que nos pudiésemos poner en contacto, pero yo no quería eso, quería tenerla a mi lado aun sabiendo que esa relación no tenía futuro. Insistió tanto que incluso llegó a insinuarse conmigo para que accediese a los deseos de su amiga y eso ya fue mucho para mí. Por nada del mundo me volvería a meter en una relación con una ***** y menos con esa chica que aunque era una tentación sabía el control que sus padres ejercían sobre ella. Amablemente me despedí y me alejé incluso llegando a cambiar el día de mi compra para no encontrármela.
Esas niñas no entendían lo que a mí, adulto responsable, me podría ocurrir si volvían a descubrir una relación así. Además siendo tan buenas amigas seguro que sus madres se conocerían y bueno, mejor no me quiero imaginar lo que podría pasar, pero desde luego nada bueno para mí.
5年前