Soy todo un Sugar Daddy cap. 4 Carolina
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Solamente el paso de los meses me ayudó a ir llevando mejor mi situación sentimental, sobre todo en el trabajo donde si notaron mi apatía y mi decaimiento. Fue el equipo con el que trabajaba conmigo el que, de alguna manera, me fue ayudando a salir un poco del agujero donde me había metido. Ninguno supo realmente lo que pasó, sí que conocieron la historia pero sin saber que una niña era la protagonista, pero entre todos de una manera o de otra me ayudaron a superarlo.
Cuando todo parecía que se tranquilizaba y las aguas volvían a su cauce, otro acontecimiento vino a trastocar mi vida. Una llamada de Carolina, una sobrina de mi exmujer me alertó sobre el grave estado de salud de mi exsuegro. Carolina era y es una de las sobrinas mayores de Gloria. Creo que ahora mismo debe de tener 18 o 19 años, no lo puedo decir con exactitud, pero esa niña y yo siempre, desde que nació, tuvimos una relación muy especial, así que cuando escuché su voz me alegré mucho, aunque luego me diese esa mala noticia.
—Arturo, soy Carolina.
—¡¡Carolina, mi amor ¿Cómo estás?!!
—Mal tito, el abu se muere. Dijo echándose a llorar.
Cuando me dijo esto enseguida pensé en Gloria. Su padre y ella estaban muy unidos y se a ciencia cierta que él fue un apoyo muy valioso cuando nos divorciamos, amén de que habló conmigo e intentó sin éxito ser intermediario en nuestra separación. Siempre tuve mucho cariño y respeto por ese hombre y se me hacía muy difícil pensar que ya no iba a estar entre nosotros.
—¿Y Gloria? ¿Cómo se encuentra? Pregunté abatido.
—Mal, muy mal tito. Tienes que venir, te necesita más que a nadie en este momento y no le puedes fallar.
En ese momento yo estaba tan hundido como lo pudiese estar Gloria. Mi sobrina me dio la dirección del hospital donde se encontraba y según terminé lo que estaba haciendo me fui directo allí. Cuando llegué a la planta de paliativos, la primera que me vio fue Carolina, mi sobrina, que vino corriendo y se abrazó a mi desolada. No nos dijimos nada, pasamos a la habitación y allí postrado, irreconocible, estaba mi exsuegro lleno de tubos.
Aunque a nadie de su familia le hizo gracia que me divorciase de Gloria, y hacía tiempo, más de dos años, que no nos veíamos, me recibieron con cariño. Gloria estaba cogiéndole de la mano y ni se enteró que estaba allí, estaba llorando, viendo a su padre como se iba apagando poco a poco.
Me puse a su lado, la agarré por los hombros y la di un dulce beso en su mejilla, húmeda por sus lágrimas, cuando me vio se abrazó a mi como creo que nunca lo había hecho y rompió a llorar como nunca la había visto. Me estaba rompiendo por dentro verla así y nada de lo que hiciese podría tranquilizarla. Solo podía estar a su lado y darla todo el cariño y el apoyo que me pidiese.
—Tranquila cielo, estoy a tu lado y no pienso dejarte.
No me separé de Gloria ni un momento y ella estuvo todo el tiempo o abrazada a mi o yo abrazándola a ella, quería que sintiese mi calor y que no pensaba dejarla en esos momentos tan difíciles. A las tres de la mañana mi exsuegro fallecía, fue un momento terrible y muy doloroso, sobre todo para Gloria, cuando los médicos certificaron su ******. Esa noche Gloria y su hermana dejaron todo arreglado con el seguro de decesos que poseía mi exsuegro y al día siguiente a las doce del mediodía se iniciaría el velatorio en el tanatorio elegido por ellas.
Casi a las cinco de la mañana, después de arreglar todo el papeleo, acerqué a Gloria a la que fue nuestra casa. Durante el trayecto no dejó de llorar y solo cuando llegamos me miró con los ojos muy rojos y agarró mi mano con fuerza.
—Arturo, no te vayas, no creo poder aguantar esta noche sola en casa…quédate conmigo.
—No te preocupes, me quedo contigo.
Gloria sonrió agradecida, aparque el coche y al poco entraba de nuevo en esa casa que tantos recuerdos me traía. Parece mentira pero después de más de dos años todo parecía seguir en la misma posición que estaba cuando me fui.
—Me voy a duchar y a ponerme cómoda. Hay refrescos y cervezas en la nevera. Ahora vengo.
No me apetecía ni cerveza ni un refresco, aunque era muy de mad**gada me apetecía algo más fuerte, fui al mueble bar y vi que como siempre estaba surtido. Agarré un vaso, una botella de wisky y fui a la cocina a por hielos. No sabía si Gloria seguiría bebiendo lo mismo, así que dejé un vaso y un refresco de cola por si acaso. Al poco salió con una bata fina que le tapaba completamente y se sentó a mi lado.
—Me apetecía algo más fuerte, espero que no te m*****e que me haya tomado esta libertad.
—Sabes que estas en tu casa, no me m*****a. Dijo Gloria con voz cansada.
Echó unos hielos en su vaso y se sirvió un wisky, subió los pies al sofá y apoyó su cabeza en mi pecho. Al subir sus pies, por un momento la bata se abrió y dejó sus magníficas piernas al aire, no habían perdido un ápice de belleza, bueno, aunque no era el mejor momento, a sus 46 años Gloria estaba más guapa que nunca y cuando la abracé en el hospital noté que había adelgazado algo, tenía un cuerpo más estilizado.
—Gracias por lo de hoy, de verdad, me ha encantado que estuvieses allí conmigo.
—Y yo estar contigo cariño, se la relación tan especial que tenías con tu padre.
Este último comentario sé que la hizo llorar de nuevo, pero es que cualquier cosa que dijese sería una frase vacía de las muchas que se dicen en esos momentos. Me limité a abrazarla y besar su cabeza. Era extraño pero me encontraba muy a gusto con Gloria. Aunque estábamos divorciados, ese día desde que la vi nos comportamos como si entre nosotros no hubiese ocurrido nada. De hecho me mostró tanto cariño y estuvo tan pendiente de mí y yo de ella que más parecíamos novios que divorciados.
No pude evitar fijarme en la cara de aprobación de todos los presentes ante tanta muestra de cariño por parte de ambos. Carolina, una de las veces que su tía me dejó un momento aprovechó para abrazarme y darme las gracias por estar con ella y decirme que la notaba más relajada, aunque más tarde la noticia de la ****** de su padre por parte de los médicos la hundiese en la desesperación.
—¿Te quieres duchar? Me dijo Gloria, sacándome de mis pensamientos.
—La verdad es que sí, me vendría bien.
—Pues ve a ducharte, yo recojo esto y te espero en la cama.
—¿En…en la cama? Yo pensaba dormir en el sofá. Dije sorprendido.
—De eso nada, dijo Gloria tajante, duermes en la cama, si no mañana te vas a levantar con la espalda hecha polvo y no te vas a tener en pie, y lo sabes, así es que no seas cabezota.
—Está bien, dije dándola la razón.
Durante toda la ducha estuve decidiendo como dormiría. Sin meterme entre las sábanas, encima de la colcha y con la ropa puesta para que no pensase nada raro. Meterme entre las sábanas pero con el pantalón y la camisa…El caso es que no sabía muy bien cómo actuar, cuando estábamos casados yo siempre dormía desnudo o con la ropa interior, nunca me puse pijama. Y Gloria dormía solo con su tanga o con su sempiterno camisón cortito que solo llegaba a tapar su culo y que si se ponía de puntillas para alcanzar algo, me enseñaba esa portentosa obra de arte con que Dios le había dotado en su retaguardia
Y lo confieso ante vosotros, cuando salí de la ducha, descalzo, con mis pantalones y mi camisa, estaba tan nervioso como mi primera vez. Gloria estaba ya metida en la cama y me vio salir, me miró con cariño y fue ella misma la que retiró las sábanas de mi lado invitándome a acostarme. Pero cuando lo hice vestido y me tapé me miró como si estuviese haciendo la mayor estupidez sobre la faz de la tierra.
—¿Se puede saber que estás haciendo? Preguntó enfadada.
—Bueno, es evidente Gloria, meterme en la cama para dormir ¿No?
—¿Vestido? ¿Estamos tontos o qué? ¡¡Arturo!! Exclamó enérgica Gloria, hemos estado veinte años casados y hemos compartido cama y mucho más, se cómo te gusta dormir así que no seas bobo y quítate esa ropa. Dijo tajante mi exmujer.
Con miedo, con mucho miedo empecé a desvestirme, lo hice de espaldas a ella con pudor, avergonzándome, porque cuando me viera depilado, no sé cómo iba a reaccionar. Encima ella estaba apoyada sobre su brazo izquierdo mientras miraba mis evoluciones y ya cuando me vio solo con la ropa interior abrió mucho los ojos.
—Arturo, ¿Dónde…donde está el pelo de tu cuerpo? ¿No me digas que ahora te depilas? Tú que coño eres ahora… ¿Un metrosexual? Dijo con ironía, sin respeto.
Eso fue como una patada directa al estómago. Me cabreó, me cabreó muchísimo, creo que lo vio en la dureza de mi mirada porque su cara cambió de inmediato arrepintiéndose de lo que había dicho.
—Esto ha sido un error. Dije enfadado y levantándome para ponerme los pantalones.
—Noooo…no…noooo, saltó de la cama Gloria abrazándose a mí.
Noté su cuerpo muy pegado al mío, su cara apoyada en mi espalda mientras la besaba, sus tetas, sus pezones los notaba nítidos, hasta creí notar la protuberancia de su pubis en mi culo y sus manos acariciando mi pecho y atrayéndome hacia ella.
—Perdona mi torpeza cielo, es…es que me ha impactado mucho verte así, pero por favor, no te vayas, no me dejes sola.
Me di la vuelta y quedamos cara a cara, ella no se movió ni un milímetro y yo cuando me di la vuelta pegué mi cuerpo al suyo. Nos miramos por interminables segundos esperando que el otro diese el primer paso, que nuestros labios se juntasen y nos diésemos ese beso que estábamos buscando desde que nos vimos en el hospital, pero ninguno hizo nada.
—Sera mejor que nos vayamos a dormir, dije mirándola a esos ojos que me devoraban. Mañana nos espera un día muy duro.
Gloria asintió con su cabeza, cuando se fue a meter en la cama de nuevo entró a gatas por mi lado, su camisón se subió de inmediato mostrándome su culazo y su vulva lampiña, no llevaba ropa interior. Mi polla recibió esa visión como una descarga eléctrica e inmediatamente empezó a llenarse de ******.
Se metió en la cama e inmediatamente se tapó, tenía las mejillas ardiendo, sabiendo el espectáculo que me había dado. Miró mi "paquete" inflamado por la visión y haciendo círculos con su dedo índice cerca de mis genitales lo preguntó:
—Y…y eso ¿Tam…también te lo has…?
—Gloria, todo, TODO, enfaticé.
—Uffff…suspiró mordiéndose el labio inferior con lujuria. ¿Me lo enseñas?
—Cariño, como te he dicho, mañana va a ser un día muy duro, va a ser mejor que durmamos.
Nos metimos en la cama los dos, yo estaba ya con una erección del quince y Gloria se pegó a mi enseguida poniendo su cabeza sobre mi pecho mientras su pierna izquierda pasaba por encima de mí y la ponía encima de mí ya dolorida polla. Los dedos de su mano izquierda acariciaban mi pecho y mis abdominales y notaba la dureza de sus tetas en mi cuerpo y la humedad de su coñito en mi cadera.
—Perdona si he sido una borde, dijo susurrando, pero has cambiado tanto…dijo dándome un beso en el pecho, tienes un cuerpo increíble y muy suave, eres…eres una preciosidad.
Estábamos tan cansados, tan rotos que no tardamos en dormirnos, aun con el calentón que llevábamos. Ya era muy tarde creo que incluso antes de dormirme escuché el despertador de mi móvil que sonaba a las siete de la mañana.
Nos dormimos, estábamos tan cansados que ni nos enteramos del despertador que Gloria había puesto a las diez de la mañana. Gloria saltó de la cama asustada, eran casi las once y a las doce debíamos estar en el tanatorio. Ni desayunamos, yo me fui a mi casa a cambiarme de traje y dejé a Gloria arreglándose. Tardé poco y la recogí cuando salía del portal, llegamos justos al tanatorio, pero llegamos a tiempo, allí nos esperaban su madre, su hermana mi cuñado y su hija Carolina.
Cuando abrieron el salón donde estaba mi exsuegro para iniciar el velatorio, Gloria y yo nos pudimos escapar a la cafetería a desayunar, estábamos hambrientos y el día se presentaba largo. Como el día anterior ni Gloria ni Carolina se separaron de mi lado; sobre todo mi exmujer estuvo pendiente de mi en todo momento. El peor momento que pasé fue cuando fuimos a ver a su padre en el féretro. Aunque el cáncer lo había devorado, los maquilladores y preparadores le dieron una imagen más como era él, aunque su extrema delgadez se acusaba. Estuvimos allí un rato, con Gloria abrazada a mi llorando.
Ese día como esperábamos fue largo y agotador. Ya pasando media noche, cuando todos los familiares se habían ido y sabían la hora del entierro al día siguiente, las hermanas decidieron cerrar la sala y volver temprano al día siguiente para iniciar la comitiva que nos llevaría al cementerio para enterrar a su padre que sabía sería un momento aún más doloroso.
Gloria y yo nos fuimos juntos de nuevo. Aun habiendo estado todo el día atendiendo a familiares y amigos y a pesar del mal rato que había pasado en la salita viendo a su padre en el féretro, la veía más animada, aunque sabía que en el entierro se derrumbaría.
—Si te pido que te quedes conmigo esta noche también ¿Seria abusar de tu confianza? Me preguntó Gloria.
Sabía que si me quedaba esa noche follaríamos, la noche anterior nos quedamos en "puertas" y sé que Gloria traspasaría todas las líneas para derribar mis débiles defensas, con la premisa que esta noche era mucho más temprano y teníamos más tiempo. Además para que negarlo, mi exmujer era un pibonazo, estaba muy buena y todo el día me estuve fijando en ella, su elegancia, su belleza, su cuerpazo. Me fijaba en muchos de los hombres y mujeres que la miraban con envidia y aunque fuese de riguroso luto, su vestido dibujaba sus formas nítidamente.
—No cariño, respondí con seguridad, no pienso dejarte sola.
Me miró con agradecimiento y ya subiendo en el ascensor nos dimos nuestro primer beso, al poco entrábamos de nuevo en su casa. Como la noche anterior, me dijo que iba a ducharse y a ponerse cómoda. Sus ojos brillaban de una manera especial y yo me estaba empezando a excitar, no sabía muy bien cómo actuar, lo que si estaba seguro de que esa noche iba a ser muy larga e iba a hacer disfrutar a Gloria, que supiese que era un Arturo distinto.
Me fui al dormitorio, en ese momento Gloria cerraba la puerta del baño. Me desnudé y entré en esa habitación llena de vaho; se distinguía la figura de Gloria, sus formas, su desnudez a través de la mampara de baño. No sé si me oyó entrar, me puse detrás de ella con mi polla mirando al cielo, la encajé entre sus nalgas y agarré sus tetas con mis manos…el grito que dio fue ensordecedor. Se separó de mí como si tuviese lepra mirándome asustada mientras con sus brazos se tapaba como podía su desnudez.
—¡¡ARTURO!! ¡¡¿SE PUEDE SABER QUE COÑO HACES?!! Gritó espantada.
Me quede bloqueado, sin saber muy bien lo que decir, las señales que me envió desde que nos vimos en el hospital creo que me indicaban que es lo que ella deseaba, que demonios, incluso la noche anterior estuvimos a punto, o eso creía yo.
—Lo…lo siento Gloria, me disculpé, pensé…pensé que deseabas esto…no…no quería ofenderte.
Salí rápidamente de esa ducha y me sequé con la primera toalla que vi. Fui a la habitación y empecé a vestirme con rapidez, quería salir de esa casa y evitar la vergüenza de enfrentarme a mi exmujer. Me estaba poniendo la chaqueta, cuando Gloria salió envuelta en una toalla con cara de pocos amigos.
—¿Se puede saber en que estabas pensando? ¿He hecho algo que no sepa para que actúes así? Preguntó Gloria algo más calmada.
Eso me empezó a enfadar, la noche anterior se comportó como una golfa, excitándome, provocándome, ¿Y ahora me venía con esas?
—Pues Gloria, quizás haya interpretado mal los signos, pero ayer por la noche faltó nada y menos para que follásemos.
—Ya, pero ayer era ayer, y hoy es hoy. Dijo estúpidamente mi exmujer.
—Y mañana será mañana, dije siguiendo el orden. Y lo que ayer era blanco, hoy es negro y mañana será una escala de grises. No te jode. Respondí ya cabreado. Como dije ayer, esto ha sido un error.
—No me dejes sola por favor. Ahora no. Me pidió me exmujer llorando.
—Lo siento Gloria, no puedo estar ni un minuto más aquí, estoy avergonzado.
Me iba hacia la puerta de entrada dejando a mi exmujer llorando sentada en su cama, cuando me llamó desde la puerta del dormitorio.
—¿Mañana vendrás a buscarme para ir al cementerio? Preguntó entre hipidos.
—Será mejor que llames a tu hermana y vayas con ella. Nos veremos en el cementerio. Dije saliendo por la puerta.
Al día siguiente, un poco antes de la hora programada estaba en el cementerio. No pasé buena noche, me costó dormirme y en mi mente se reproducía una y otra vez ese grito y el rechazo de Gloria dentro de la ducha. ¿En qué me había equivocado? ¿A que jugaba Gloria? Antes de llegar a mi casa tenía dos llamadas perdidas de Gloria y un wasap "He sido una estúpida, perdóname" que no respondí. No entendía a qué venia eso ahora y eso hacia subir mi confusión aún más.
Mi hermana apareció al poco y se bajó bastante enfadada del coche. Vino hacia mi como un miura cuando le enseñan el trapo rojo, a intentar cornearme y herirme de ******.
—¿Se puede saber qué coño la has hecho? Ayer por la noche estaba destrozada. Me espetó mi hermana con brusquedad.
—Mira hermanita, no estoy de humor, pero no pienso dejar que te metas en mi vida ni en lo que hago. Lo que ocurrió ayer es cosa de Gloria y mía y tú mantente al margen, no tengo por qué darte ninguna puta explicación, ¿TE QUEDA CLARO? Grité en su cara muy enfadado.
Creo que mi hermana no se esperaba esa reacción por mi parte. Confundida me miró con respeto y sin decirme nada se fue a hablar con unos familiares de Gloria. Al poco llegó el coche fúnebre seguido de los coches de acompañamiento donde seguramente iría la familia más directa. El coche fúnebre se paró en la capilla de entrada y todos los asistentes escuchamos unas palabras del sacerdote con Gloria en una punta y yo en otra. Durante esa breve ceremonia, la gente se extrañó de nuestro distanciamiento. Solo Carolina estuvo a mi lado, mientras veía a kilómetros de mi a Gloria de riguroso luto y llorando sola sin que nadie la consolase, eso me entristeció aún más.
El entierro fue más de lo mismo. Gloria en una esquina con su madre, su hermana, su marido y su hija y yo algo alejado viendo enterrar a *********. No sé si Gloria me buscaba con la mirada o no, unas gafas de sol negras me impedían ver sus ojos. Cuando todo acabó, yo me di media vuelta y fui a buscar mi coche, no quería estar allí más de lo imprescindible y que la gente empezase a preguntar, ni me apetecía mentir ni dar explicaciones.
Una voz llamándome me hizo darme la vuelta. Hacia mí venia corriendo Carolina y por primera vez desde que la vi en el hospital me fijé más en ella. Hacía tres o cuatro años que no la veía por eso mi duda si tendría 17 o 18 años. Cuando la vi por última vez era una niña, pero empezaba a tener sus formas y se veía venir que serían rotundas además de ser una preciosidad de niña.
Ahora al verla venir corriendo me fijé en que la genética de la familia de mi exmujer había esculpido su cuerpo de manera impoluta, con unas formas más que contundentes. Pero lo que realmente me llamó la atención fueron esas dos perfectas tetas que brincaban al correr de forma hipnótica y que hacían que dejar de mirarlas fuese imposible.
—Tío Arturo, espérame. No te vayas sin mí.
La miré extrañado, ese "no te vayas sin mi" implicaba que Carolina, ¿Se venía conmigo? ¿A dónde? Yo me iba a mi casa.
—Ufff, pensé que no te alcanzaba, dijo fatigada de la carrera. ¿Nos vamos?
Me dio un beso en la mejilla y rodeando el coche se sentó en el asiento del acompañante. Me metí dentro del coche y la miré con sorpresa.
—¿Dónde se supone que vamos? Y lo más importante ¿Qué te hace pensar que me apetezca ir?
—Pues mira tío, por la hora que es nos vamos a tomar el aperitivo tú y yo, te invito, y no me digas que no te apetece estar con tu sobrina favorita, porque yo me muero por estar contigo y saber de ti.
—Creo que en estos momentos deberías de estar con tú familia y unirte a su dolor.
—Tío, creo que ya voy siendo mayorcita para tener criterio y pienso juiciosamente que encerrarme en casa con esas dos lloronas no va a hacer que mi querido abu este junto a mí. Así que lo llevo en mi corazón y ahora me dice que nos vayamos a tomar algo con quien más me apetezca…Así que, arranca.
Me quedé sorprendido, no es que yo fuera la mejor compañía en esos momentos. Algo que pienso ahora, curioso que nadie, absolutamente nadie, ni mi hermana la metomentodo, llamase para saber de mí. El caso es que ese día que amaneció triste, aciago y aburrido, terminó siendo agradable, divertido y tranquilo. Fuimos a tomar el aperitivo y como me dijo, me invitó ella, luego nos fuimos a comer y la invité yo, hablamos, hablamos de muchas cosas, la sobremesa fue extensa y no sé cómo me dejé liar que terminamos en mi casa, yo desnudo, con mi polla a punto de reventar y Carolina desnudándose con rapidez mientras me miraba enfebrecida.
¿Y cómo llegamos a estar así? No sé, es difícil de explicar. Como os dije mi sobrina y yo siempre tuvimos una relación muy especial, muy unida. La vi nacer, la tuve en mis brazos a las pocas horas y la he visto crecer. Hemos pasado muchos momentos juntos y siempre, siempre ella quería estar con su tío Arturo y la verdad, es que nos teníamos mucha confianza.
Creo, y ella me lo ha confirmado, que nuestra relación cambió y de alguna manera se afianzó más un día de verano estando en la piscina de casa de sus padres. Ella era una niña de nueve años y como toda niña o niño, me da igual, le gustaba el agua a rabiar y no salía de ella. Esa tarde después de comer mientras las hermanas se tomaban un café y despellejaban a alguien y mi cuñado dormitaba en el sofá, mi sobrinilla me dio la mano y me llevó a la piscina a jugar con su juguete favorito, ósea yo.
Le gustaba que la hiciese aguadillas, subirse de pie encima de mis hombros, que la lanzase entre risas lejos de mi para caer en "bomba" en el agua. Era como un monito, se subía encima de mi con una facilidad increíble y yo para que negarlo lo pasaba en grande aunque me dejase molido. Cuando ya no podía más y estábamos arrugados de estar dentro del agua nos salíamos y nos tumbábamos en la toalla para secarnos y descansar. Al poco mi sobrina se sentó a horcajadas sobre mi tripa y apoyó su carita sobre mi pecho, yo acaricié su espalda y noté que no llevaba la braguita del bikini.
—Cariño, ¿Por qué te has quitado la braguita del bikini? Pregunté mientras le daba un azote cariñoso en el culete.
—Así estoy mejor tío, me m*****aba.
Al terminar de decir esto y sin esperármelo, puso su sexo en mi boca y lo soltó como algo natural.
—Comételo tío.
Fueron milisegundos en los que mis labios tocaron su tierno sexo. Enseguida me la quité de encima agarrándola por las axilas y depositándola sobre su toalla. Ella me miraba extrañada y yo la miraba rojo como un tomate, turbado, avergonzado…y excitado.
—Carolina ¿Por qué has hecho eso? Eso no lo puedes hacer.
—¿Por qué? Papá y mamá lo hacen, los he visto y a ella le debe de gustar porque da muchos grititos y suspira mucho, por eso quería que tú me lo hicieses.
—No cariño, eso es un juego de adultos, no de niños.
—Yo no soy un niño, soy una niña y soy mayor. Me regañaba Carolina.
—Cielo, no eres tan mayor para estos juegos eres muy pequeña todavía.
Yo seguía aturdido, para colmo Carolina encima de su toalla, sentada, completamente abierta de piernas, me mostraba su sexo abierto mientras sus manitas lo recorrían de arriba abajo y escuchaba atenta lo que yo le decía. Era de todo punto desquiciante y tuve que poner fin a eso. Avergonzado de mí mismo, busqué la braguita del bikini de mi sobrina y yo mismo se la puse. Creo que entendió perfectamente que el juego se había acabado y con toda la naturalidad del mundo me dio un beso, salió corriendo hacia su casa y se sentó a ver la televisión sin ser consciente, creo, de lo que había provocado.
Yo estaba avergonzado de mí mismo, tuve que esperar un rato a que se bajase la tremenda erección que mi sobrina me había provocado, me sentía sucio, asqueado por los pensamientos que se pasaban por mi cabeza y tomé creo la mejor decisión. No había hecho nada malo, pero necesitaba que su madre lo supiese y hablase con su hija. Cuando entré en la cocina y me vieron mi mujer y mi cuñada, supieron que algo había pasado y cuando conté que había ocurrido, las dos rompieron a reír y le quitaron importancia al asunto, aunque su madre me aseguró que hablaría con su niña.
—Arturo, piensa que Carolina empieza a descubrir su sexualidad aunque tenga nueve años y tú eres su compañero de juegos favorito. Ella quiso jugar contigo, pensando que no era nada malo y descuida que hablaré con ella. Me dijo mi cuñada agradecida.
Desde ese día nuestra relación se hizo más profunda, más estrecha y según iba cumpliendo años mi sobrina se iba convirtiendo más en una golfilla que le encantaba llevarme al límite. Pero ese día de la piscina con nueve años se le grabó en su memoria y recordando esa anécdota en el restaurante los dos nos excitamos como a****les hasta que mi sobrina me lo dijo.
—Invítame a tomar algo en tu casa.
Volví a perder la cabeza por una jovencita y me maldecía por ello, pero necesitaba follarme a esa preciosidad. Cuando llegamos a mi casa Carolina me desnudó rápidamente y me miró con admiración.
—Arturo estas buenísimo… y joder…¡¡Vaya polla!!
Me empujó hasta el sofá y apoderándose de mi verga empezó una lenta mamada recreándose en cada lamida, cada beso, cada penetración hasta su garganta, tenía una maestría digna de las mejores feladoras. Me encantaba lo que me estaba haciendo sentir, pero quería verla desnuda y se lo dije.
—Cariño, desnúdate para mí, déjame ver tu cuerpo.
Me miró febril y poniéndose en pie empezó a desnudarse a toda velocidad. Cuando se quedó como dios la trajo al mundo giró sobre si misma con coquetería y me lo preguntó:
—¿Te gusto, tío?
Por la cara de bobo que se me quedó debió de pensar que sí y es que mi sobrina era una belleza y tenía unas tetas que sin exagerar y para ser tan joven serian de la talla cien con una areola marrón y grande y un pezón como la primera falange de mi dedo meñique. Se veían duras y nada caídas para el tamaño que tenían. Una cinturita de avispa, su vientre plano y unas caderas rotundas, daban paso a un culito respingón y un par de piernas largas y bien torneadas.
Agarró mi mano y tiro de mí, me llevó a mi habitación y me hizo tumbar, sentándose a horcajadas encima de mi pecho y notando la humedad de su coñito. Me miró con picardía y con un leve movimiento posó su coño en mis labios.
—Cómetelo tío.
Nueve años después, la situación se repetía exactamente igual y con las mismas palabras, pero esta vez afiancé con mis manos esos muslos atrayéndola más hacia mí y devorando su sexo mientras mi lengua se metía dentro de su vagina arrancando los primeros gemidos de mi sobrina.
Mis manos subieron por su vientre y se apoderaron de esas tetas que mimé recreándome en su dureza y retorciendo con mimo esos pezones que incitaban a devorarlos. Estuvimos así unos minutos, pero mi sobrina pensó que me tenía abandonado y dándose la vuelta hizo un 69 conmigo dejándome ver ese culazo y sus dos orificios. Me comí ese coñito y ese culo con amor, con ansia, mi lengua mis dedos mis labios todo, para dar placer a esa niña que me pedía más y que empezaba a mover sus caderas anunciándome la llegada de su orgasmo.
Se corrió en mi boca y no dejé de lamer y besar y cuando noté que su segundo orgasmo estaba en puertas me salí de debajo de ella y supo que la iba a follar. Apoyó su pecho en la cama y hundió sus riñones quedándose bien expuesta y abierta para mí.
—La quiero toda dentro tito, no te dejes ni los huevos. Reclamó mi sobrina.
Mi polla entró hasta el corvejón sin problema y como me enseñó Gina en su momento, empecé un bombeo profundo, para seguidamente solo meter la puntita y volver a meterla hasta el final de golpe. Mi sobrina alcanzó rápidamente su orgasmo, pero no dejé de follarla lo que hizo que encadenase otro. Este último me quede enterrado en ella, notando todos los músculos de su vagina aferrándose a mi falo, exprimiéndolo.
Cuando noté que se relajaba empecé de nuevo a bombear furioso, mi sobrina gemía agónicamente y tardó poco en alcanzar otro orgasmo más. Mi aguante ya estaba llegando a su fin y notaba mi corrida subiendo por mi polla imparable.
—Carolina me corroooo…no aguanto maaaas.
—Dioooos siiiiiii…hazlo dentro…lléname…dámelooooo.
Antes de soltar el primer trallazo de semen en su interior, Carolina se estaba corriendo de nuevo, gritando su orgasmo. El que yo me vaciase dentro de ella solo sirvió para aumentar más su placer y que nuestro orgasmo se alargase. Carolina se tumbó agotada, conmigo todavía en su interior, me apoyé en mis manos para no aplastarla con mi cuerpo mientras llenaba de besos su espalda. Todavía notaba los últimos espasmos de su orgasmo en mi verga, dulces contracciones de su vagina mimándome.
Me salí de su interior, mientras iba bajando, besando su espalda hasta llegar a sus nalgas. Vi como de su coñito manaba mi corrida que se depositaba en la sábana, me dediqué a besar, amasar, lamer y mordisquear sus nalgas, mientras un dedo jugaba con su anito. Carolina ronroneaba como una gatita mimosa elevando su culito para que mi falange la penetrase, estaba demasiado cerrado, por ahí no había entrado nada todavía.
Mis dedos bajaron hasta su coñito y se introdujeron en él, con mi corrida y sus juguitos empecé a lubricar el anito de mi sobrina y ya mi dedo entraba dentro sin problema aumentando los gemidos de mi sobrina.
—¿Te gusta lo que te hago cielo? Le pregunté excitado.
—Ujummmm…Gimió Carolina.
Ella abrió mucho más sus muslos y elevó ligeramente más su culito para que mis dedos la penetrasen mejor. Dos dedos ya la entraban sin problema y con mi otra mano acariciaba su clítoris haciendo que se relajase y disfrutase.
—Ahhhhhh…follameeeee tíooo…reviéntame el culitoooooh.
Ella volvió a ponerse en cuatro hundiendo sus riñones y ofreciéndose a mí. Metí mi polla en su coño para lubricarla bien y puse mi glande en su esfínter empezando a empujar. Note enseguida como se tensaba y cerraba su entrada trasera a cal y canto.
—Mi amor, te tienes que relajar, si no va a ser imposible. Le dije con cariño.
Volví a metérsela en el coño y a bombear. Empezó a gemir de nuevo excitada y vi como su anito se abría para mí. Volví a intentarlo y esta vez con algo de esfuerzo el glande atravesó su esfínter. Vi como mi sobrina mordía la sábana aguantando el dolor, siguiendo los consejos que me dio Gina en su momento me quedé quieto y en ese instante recordé que en uno de los cajones de la mesilla debía tener un bote de gel lubricante. Saqué mi polla de su culo y ella protestó:
—Joooooo…no la saques ahora. Se quejó disgustada.
—Tranquila cielo, veras como ahora va a ir mejor.
Embadurné de gel su anito y mi polla, la puse en la entrada de su culito y sin esfuerzo se coló más de la mitad en su interior.
—Ahhhhhhhhh…Dioooos asiiiiiiii…que ricoooooooh. Aulló mi sobrina.
Empecé un lento bombeo viendo como el culazo de mi sobrina se comía literalmente mi polla hasta los huevos con la ayuda del gel lubricante. Una mano suya apartó la mía y empezó a estimularse el clítoris ella misma pegando unos gemidos guturales que me encendían como a una tea.
—Diooooos siiiiiii…follameeeeeeeh…rómpeme el culooooooh…revientameeeeeee…
Veía su cara con una mueca de dolor, pero estaba disfrutando mucho. Al poco noté como la piel de su espalda se erizaba y empezaba a temblar.
—Tío, me corrooooo…me corroooooooooh.
Gritó su orgasmo y su cuerpo tembló como una hoja. Su esfínter estranguló mi polla con unas contracciones tan fuertes que parecía querer arrancármela. Cuando parece que se tranquilizó volví a sodomizarla buscando mi propio orgasmo. Mi sobrina alargó un poco más su brazo y se dedicó a acariciar mis huevos según rebotaban en su coñito, esas caricias y ver el culo de mi sobrina totalmente dilatado devorando mi verga hizo que explotase en sus intestinos con fuerza, teniendo ella un suave orgasmo al notar mi corrida llenándola.
Volvimos a caer rendidos sobre la cama y esta vez dejé caer mi peso sobre ella, buscando su boca para fundirnos en un beso húmedo y cariñoso. Cuando mi balano perdió su dureza empecé a salirme de ella y me tumbé a su lado. Ella enseguida se puso encima de mí y me abrazó.
—Tío, ha sido brutal, nunca me había corrido de esta manera. Te quiero.
—Yo también te quiero cariño, eres fantástica, me has dejado seco.
Con cansancio Carolina se levantó ligeramente y miró el reloj de mi mesilla poniendo cara de fastidio.
—Me encantaría quedarme a dormir contigo, despertarme en mitad de la noche y follarte de nuevo, pero son las diez de la noche y a las once debo de estar en casa, si no, mis padres se enfadan conmigo y eso es un mal negocio para mí.
—¿Quieres que nos duchemos?
Vi sus ojitos pícaros y esa sonrisa de vicio que me volvió loco. Me puse en pie y la cogí en brazos, llevándola al baño. Ya en la ducha, los dos enjabonados y limpios la volví a follar arrancándola un orgasmo que la dejó agotada y a mi totalmente seco. Nos vestimos y la llevé a su casa, nos despedimos con un morreo a tornillo que nos dejó sin aliento.
—Sobra decir que de esto ni una palabra a nadie, ni a los amiguetes. Dijo mi sobrina.
—Por supuesto, ¿Por quién me tomas? No soy tan irresponsable. Me quejé.
—Otra cosa tío, tenemos una relación muy especial y por nada del mundo quiero que se estropee. Estoy segura de que volveremos a follar, pero esto no se puede convertir en una rutina porque nos haría daño, así que nos veremos muy de vez en cuando, ¿Vale?
—Vale cariño, sin problema. Respondí con afecto.
—Te quiero tito. Dijo dándome un pico y bajándose del coche.
Mejor así, el sexo puede ser una bendición y una condena y encima era mi sobrina. Lo que ocurrió este día no me lo esperaba ni de lejos. No sé si mi sobrina lo tendría en mente o ya lo había planeado, el caso es que este día fue perfecto desde el entierro de mi exsuegro.
5年前