Soy todo un Sugar Daddy cap. 5 Gloria
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Volví a mi casa, después de estos tres días debería volver a mi rutina de siempre. Durante unas semanas tanto mi exmujer como mi sobrina no se fueron de mi cabeza. Sabía de sobra que no quería poner en apuros a Carolina, además, tampoco quería otra relación con una joven que no me llevaría a ningún lado, pero ¿Y mi exmujer?
En mi cabeza seguía presente esa noche en la que casi follamos y su rechazo al día siguiente. Seria negármelo a mí mismo, que de una manera incomprensible, seguía enamorado de mi exmujer y no entendía esa actitud. Mi orgullo, mi estúpido orgullo me impedía llamarla y quedar con ella para aclarar lo que pasó, pero solo recordar su rechazo y luego sus estúpidas excusas me ponían enfermo, joder parece que no se daba cuenta que fue ella y solo ella la que desencadenó todo esto.
Cosas del destino quiso que Venus se pusiera de mi parte. A las dos semanas del entierro de mi exsuegro un sábado por la mañana alguien llamaba a mi puerta y con sorpresa cuando abría me encontré a Gloria guapísima, radiante, tanto, que me dejó sin palabras.
—¡¡Gloria!! ¿Qué…que haces aquí? ¿Cómo, como…?
—¿Cómo te he encontrado? Preguntó mi exmujer. ¿Me invitas a pasar?
—Si claro pasa, estas en tu casa, dije cortésmente pero sin sentirlo. ¿Me das tu abrigo?
Cuando me lo dio me dejo impactado. Un vestido de punto gris perla a medio muslo y ajustado a su cuerpo, unas medias negras, muy tupidas y unos zapatos de salón a juego con el vestido me dejaban desarmado ante esa mujer que por mucho que lo negara me volvía loco. La invité a sentarse y cruzando sus piernas me enseñó una gran porción de muslo enfundado en esa media.
—El cómo te he encontrado si lo piensas sabrás quien te ha traicionado, dijo riéndose. El día del entierro de mi padre le pedí que averiguase donde vivías, solo ella lo podía conseguir y vaya si lo hizo.
Mi sobrina, debería haberlo imaginado. Cierto es que aunque fue una decisión absurda, me negué a dar mi dirección a nadie de la familia. Me negaba a estar controlado en todo momento o por mi hermana y por mi mujer o por mi cuñada, cuando pedí el divorcio quería que mi libertad no estuviese vigilada.
—Me das un vaso de agua, tengo la garganta seca. Me pidió mi exmujer.
—Claro, perdona, no te he ofrecido nada, pero me has dejado sorprendido con tu visita que no esperaba. Haciendo hincapié en que este encuentro no era de mi agrado. ¿Quieres otra cosa que no sea agua?
—No, con el agua está bien.
Me fui a la cocina y no había entrado cuando noté la presencia de mi ex detrás de mí. Se apoyó en el marco de la puerta y miró todo detenidamente mientras no me quitaba ojo. Le acerqué el vaso de agua y me apoyé en la encimera, ella no tuvo intención de moverse.
—Tienes un pisito muy mono y limpio. Dijo mirándome fijamente.
—Bueno, lo que ves, el recibidor, el salón, la cocina, un baño completo y un dormitorio.
—El típico pisito de soltero. Soltó con un deje de reproche Gloria. El dormitorio y el baño lo veré más tarde.
—¡¡BUENO, YA ESTA BIEN GLORIA, ¿A QUE HAS VENIDO?!! Dije elevando mi voz y perdiendo mi paciencia.
Noté el estremecimiento de su cuerpo y vi el vaso temblar por el susto. Su cara empalideció y noté su postura más rígida y menos relajada.
—No te enfades, ¿Vale? Solo he venido a verte y a hablar contigo…te echo mucho de menos.
—¿Y de qué quieres hablar ahora?
—Pues de ti, de mi…de lo que…de lo que paso el otro día…
—Lo que paso el otro día fue una equivocación, lo mismo que el quedarme en tú casa fue un error desde el principio.
—No fue una equivocación, deseaba que ocurriese, pero tuve miedo, miedo de ser otro polvo dentro de tus conquistas…si estas paredes hablasen… Dijo mirando toda la casa con gesto furioso.
—Pues quizás dirían lo mismo que las de tu casa. Le reproché ante ese ataque de celos.
—Por…por mi cama no ha pasado nadie…solamente tú. Dijo avergonzada.
—¿PERDONAA? Enfaticé, ¿Me quieres hacer creer, que después de la que montaste con "Quiero espacio y tiempo" NO HAS HECHO NADA? Venga yaaa…
—Piensa lo que quieras, pero ha sido así. Te amaba y tú te divorciaste de mí, yo no quería eso, te quería a ti.
—Y si me querías a mi ¿Por qué me pediste tiempo y espacio? ¿Qué pretendías? Gloria nunca fuiste sincera con tus intenciones y por eso me divorcié de ti. No pensaba consentirte ser un pelele en tus manos.
Gloria agachó la cabeza, no quiso rebatir mi último comentario. Lo cierto es que todavía no sabía muy bien a que venía esa visita y no es que me disgustase tenerla allí conmigo, al contrario, estaba preciosa y me daban ganas de estrecharla contra mí y hacerla el amor hasta caer desfallecido, pero me hacía falta que fuese honesta conmigo y me contase lo que escondía y no quería contarme.
—Arturo, mi visita es para intentar recuperar a mi marido, que se vuelva a enamorar de mí. Dijo mirándome para ver mi reacción.
—Para que eso llegue a producirse, primero tendrás que ser sincera contigo misma y conmigo y decirme la verdad, que ocurrió para que me pidieses lo que me pediste.
Nos fuimos al salón y nos sentamos en el sofá. Agarré su mano para darle confianza y aunque al principio le costó arrancar, empezó a soltar lo que llevaba dentro hacía más de dos años y no me quiso decir.
Las principales culpables fueron dos amigas suyas, dos golfas de cuidado que se acababan de divorciar y se daban la gran vida a costa de haberles sacado hasta el hígado a sus exmaridos. La convencieron de que se divorciase y le aseguraron que nunca le faltaría en su cama un jovencito que le daría todo lo que no le daba yo. Pero a diferencia de sus amigas, mi mujer estaba enamorada de mí y no quería perderme, por eso se inventó lo del espacio y el tiempo, pensando en irse a casa de su hermana por una temporada y probar esa vida llena de lujuria que le prometían sus amigas. Pero con lo que no contó fue que yo le pediría el divorcio.
—Pensé que te enfadarías, que intentarías hacerme cambiar de opinión, pero nunca se me pasó por la cabeza que me pedirías el divorcio. Lo quise parar, tenía miedo de perderte y no fui honesta contigo, con eso alimenté con gasolina el fuego que yo misma había provocado. Pero lo que más me dolió fue el que no quisieses saber más de mí, que ni me dieses tu dirección y que ni contestases mis llamadas o mis mensajes.
En ese momento los ojos de Gloria no pudieron retener la avalancha de lágrimas que empezaron a caer por sus mejillas. Me rompía por dentro el verla así, nunca me gustó verla llorar. Solo me limité a abrazarla contra mi e intentar calmarla. Cuando se tranquilizó le hice la pregunta del millón o por lo menos la pregunta que me llevaría a que confesase lo que realmente ocurrió.
—Y dime Gloria, ¿Qué te iba a dar ese jovencito que yo no te daba? ¿Qué es lo que buscabas?
Gloria empezó a ponerse nerviosa, ese tema no quería tocarlo y yo creía saber por qué, pero necesitaba escucharlo de su boca. Se puso en pie y empezó a moverse intranquila.
—No me hagas esto Arturo.
—¿Qué no te haga el que? ¿Obligarte a ser sincera? ¿A qué confíes en mí y me digas la verdad?
—Me vas a odiar. Dijo volviendo a llorar.
—Prueba, a lo mejor te sorprendo. Y deja de llorar, el mal ya está hecho, solo puede ir a mejor. Le dije para darle ánimos.
—¿Alguna vez notaste que la monotonía se estaba instalando entre nosotros?
—¿Monotonía? Gloria, por suerte nos podíamos permitir el lujo de hacer lo que nos diese la gana. Todos los fines de semana hacíamos algo diferente, nos divertíamos, entre semana íbamos al cine, al teatro a cenar, lo pasábamos muy bien… ¿O eso no era suficiente para ti?
—Si bueno, eso estaba muy bien, no te lo discuto, es…es… ¿Te gustaba el sexo que tenías conmigo?
—Aunque me rechazaste muchas veces, porque te dolía la cabeza o estabas cansada, si disfrutaba contigo, aunque si noté últimamente la bajada en la frecuencia que hacíamos el amor.
—¿No te parecía que siempre era igual? ¿Los mismos besos, en los mismos lugares y las mismas posturas? Es esa la monotonía a la que me refiero. No había innovación, no había pasión, era todo muy mecánico, muy predecible.
—Ya, y pensaste que follando con otro hombre o con un jovencito calmarías tu furor uterino, ¿No? Te recuerdo que fuiste tú la que te negaste siempre a innovar. Tu instalaste esa monotonía. La reproché herido.
Gloria estaba muy buena, como dije era un pibonazo y para tener la edad que tenía un cuerpo que volvería loco a cualquier hombre. Pero en la cama era muy mojigata. No daba pie a nada y a todo decía que no. Nunca se tragó una corrida mía y por supuesto por el culo, en la vida, eso era una guarrería y solo lo hacían las putas. A mí me gustaban los preliminares, calentar a mi pareja hasta volverla loca. Ella era de cuatro besitos y un magreo de tetas y se abría de piernas para mí, o se ponía en cuatro, o me cabalgaba, hasta ahí nuestra última vida sexual. Noté su incomodidad cuando escuchó mi reproche. Sabía que razón no me faltaba y que me "obligó" a tragar con esa vida me gustase o no, le fastidiaba tener que darme la razón, pero no dijo nada, solo esquivó mi mirada.
—Gloria, te voy a preguntar algo muy importante y quiero que seas totalmente sincera conmigo… ¿Alguna vez has tenido un orgasmo cuando follábamos?
Vi como Gloria cambió de expresión, se puso muy tensa y abrió mucho sus ojos. Me miró durante unos segundos evaluando lo que decir imaginando que de la respuesta que diese dependería y mucho como acabaría esa visita.
―No creo que eso sea importante ahora. Dijo Gloria.
―Es más importante de lo que crees y necesito que me respondas. Y te voy a ayudar… yo ya sé la respuesta.
Aun así se lo pensó temiendo lo que iba a decir. Quería que fuese ella la que me lo dijese y no tuviese miedo de decir la verdad.
—Bien, dijo resignada, pues echando cuentas, en los, más o menos, 26 años que hace que nos conocemos, habré alcanzado tantos orgasmos como dedos tengo en una mano, y ahora que lo pienso…creo que me sobran dedos. Terminó, dándole un punto de ironía.
—Ya. Entonces debo de entender que lo del tiempo y el espacio fue solo la excusa para follar con otros hombres y saber lo que era ser una puta en la cama, con otros, pero no conmigo, ¿No?
—No te pases, me recriminó Gloria enfadada, no me faltes al respeto, yo no te he insultado.
—Solo te digo que esos supuestos "hombres" que te iban a follar te iban a tratar así, como a una puta a la que utilizar, correrse en tu boca, en tu culo y en tu coño, follarte y dejarte tirada hasta que llegase el siguiente, ¿Eso es lo que querías?
—PUES SI, ES LO QUE QUERIA. QUERIA SABER QUE SE SIENTE ESTANDO BIEN FOLLADA, SATISFECHA, PLENAAA…Gritaba, ESTABA HARTA DE ESAS DOS GOLFAS PRESUMIENDO DE LOS TIOS QUE SE TIRABAN Y YO QUERIA ESOOO. Clamaba Gloria enfurecida
Podía sentir su frustración, tantos años fingiendo, yo creyendo que era un jodido empotrador y en cambio era un ****** que no era capaz de satisfacer a mi propia mujer. Me puse en su piel y creo que lo que hizo tiene un nombre…amor. Mi mujer me aguantó porque me amaba hasta que dijo, BASTA, y decidió hacer algo diferente aunque se equivocó en las formas. Vi como escondía la cara entre sus manos y se echaba a llorar amargamente.
—Preferiste intentar engañarme a hablar conmigo y querer solucionar ese problema. Por eso me divorcié de ti.
Gloria lloraba con amargura, levantó su vista y me miró con los ojos rojos implorando perdón, brillantes de sus lágrimas pensando que ya no había nada que justificase su presencia en mi casa después de lo que había confesado. Fue hacia el sillón donde estaba su abrigo y su bolso y vi que estaba dispuesta a irse. Me levanté rápidamente y paré su huida abrazándola contra mí. Su llanto aumentó en intensidad mientras me pedía perdón y me abrazaba contra su cuerpo dejándome sentir su desesperación.
—¿Dónde crees que vas? Le pregunté con cariño. Anda, tranquilízate y déjame vestirme, te invito a comer.
Levanté su mentón y me eché a reír, parecía un oso panda, todo el rímel corrido de sus lágrimas, pero estaba preciosa y yo más enamorado de ella que nunca aunque no lo supiese. La besé con pasión y ella me recibió de la misma manera. Nuestras lenguas se buscaron, se enroscaron y se mordieron con cariño hasta que la falta de aire nos separó.
La invité a comer en el restaurante que a ella le gustaba, creo que fue una comida que no olvidaríamos en el resto de nuestras vidas, hubo mucho cariño y mucha complicidad entre los dos, preludio de lo que vendría esa tarde. Durante la comida me dediqué a excitarla sutilmente, los ojos de Gloria brillaban de una manera increíble y buscaba continuamente mis labios, respondiendo a mis estímulos.
Cuando estábamos tomando el café y el consabido "chupito" por cortesía de la casa, Gloria agarró una mano mía, la besó y apoyó su mejilla en ella mirándome con amor.
—Te propongo que terminemos esto, pagues la cuenta y nos vayamos a nuestra casa a terminar esa ducha pendiente, ¿Quieres? Me dijo excitada.
—Lo estoy deseando mi amor.
Me chocó cuando dijo "nuestra casa" era de ella, me pagó mi parte y las escrituras estaban a su nombre, pero en su cabeza siempre había sido nuestro hogar, nuestra casa y para ella seguiría siendo así.
Cuando llegamos, nos fuimos directos al dormitorio. Me dejó desnudarla, aprovechando a cada prenda que le quitaba dejar jugar mis labios con su piel. Cuando le quité su tanguita su vulva lucia sin un solo pelo, brillante de sus juguitos, salvo una tirita muy sensual en su monte de venus. Mi lengua se metió entre sus labios y le dio un profundo lametón arrancando un gemido ahogado de su garganta. Cuando le quité el sujetador me dediqué a sus tetas, a excitar sus pezones que se pusieron como piedras mientras un dedo mío acariciaba suavemente su clítoris arrancando gemidos de placer de mi mujer.
—Ummmm…cariño…mi amor, vámonos a la ducha. Me suplicaba.
—Shhhh, tú solo dedícate a disfrutar cielo mío.
Mansamente se dejó tumbar en la cama y levanté sus piernas dejándolas al borde. En esa posición estaba abierta de piernas y con su coñito abierto para mí. Era una preciosidad, y el aroma de su excitación subió hasta mi pituitaria. Me arrodillé ante mi diosa, y empecé a lamer y besar el interior de sus muslos. Mis manos acariciaban y excitaban sus tetas y sus pezones y Gloria bufaba de placer.
—Mi amor…me corrooo…mmmfffff…diooooos.
Solamente con las caricias, sin llegar a tocar con mis labios o mi lengua su coñito, Gloria se había corrido como una zorra ávida de sexo. Cuando empezó su orgasmo si busqué su coño para beberme el néctar que salía de él. Eso alargó más aun su orgasmo que lo gritó mientras sus caderas bailaban para mí.
—Mi amor fóllame…fóllameeeee que no aguanto más. Suplicaba Gloria.
—Por supuesto que te voy a follar y lo voy a hacer hasta que me pidas que pare, pero hasta entonces, déjame disfrutar de tus orgasmos.
De rodillas como estaba, rodeé con mi brazo su muslo derecho, puse su culo más al borde de la cama y con el pulgar de mi mano derecha empecé a acariciar su clítoris, Gloria echó su cabeza hacia atrás y volvió a gemir. Con los dos dedos, índice y corazón, de mi otra mano empecé a follarla el coñito, primero despacio, notando como se iba encharcando hasta que mis dedos chapoteaban dentro de su coño aumentando la velocidad de la follada. Gloria se retorcía de gusto y entonces giré mi mano poniendo la palma hacia arriba y las yemas de mis dedos buscaron su punto "G" para cuando lo encontraron Gloria dio tal grito que se tuvo que escuchar en todo el edificio.
—Ahhhh…diooos que me haces… para…paraaa…me hago pis…para cabrooon…jodeeeer.
Gloria exploto es un squirt mientras se retorcía y lanzaba líquido desde su coñito poniendo todo perdido. Sus piernas se cerraban y se abrían al son de los espasmos de su orgasmo, su espalda arqueada sin tocar la cama su cabeza echada hacia atrás con su cuello lleno de venas y los brazos extendidos agarrando con sus manitas el edredón y tirando de él. Cuando se fue tranquilizando me dediqué a besar con ternura sus ingles y a lamer el resto de su corrida.
Para ese entonces tenía mi polla a reventar. Ver así a mi mujer hizo que la quisiera follar en ese mismo momento. Me desnudé, mientras ella recuperaba la normalidad de su respiración. Levantó la cabeza y cuando vio cómo me desnudaba se apoyó sobre sus codos observando cada movimiento que hacía, viendo su mirada de lujuria. Cuando me quité la ropa interior, mordió su labio con lascivia se puso en mitad de la cama con sus piernas bien abiertas.
—Fóllame mi amor, fóllame, te necesito dentro de mí.
Me tumbé encima de ella y nos devoramos la boca con pasión. Mi polla encontró el camino y sin esfuerzo mis veinte centímetros la abrieron haciendo que gimiese como la puta que era en ese momento. Noté la estrechez de su coñito, me recordaba a la sensación que tuve cuando follé con Patricia, como los músculos de su vagina se aferraban a mi rabo para no dejarle escapar, tenía la misma sensación con mi mujer. Se abrazó a mí con brazos y piernas y siguiendo los buenos consejos de mi amiga Gina empecé a follarmela.
—Mi amor, como te he echado de menos…fóllame, vamos, fuerteeee…fuerteeee
Cambié ligeramente mi posición, para que al penetrarla mi glande rozase ligeramente su punto "G" Eso la volvió loca nuevamente, empezó a agitarse, a temblar, se aferró a mi como una cría a su madre mientras mi polla la barrenaba sin perdón y volvió a explotar.
—Mi amooor…otra vez…otra vez…me corrooooooo…me corrooooo.
Gritó su orgasmo aferrada a mi mientras mi balano no dejaba de follarla. Presumía que podía controlar mis orgasmos, pero el coñito de Gloria empezaba a hacer estragos en mi aguante y aunque quería aguantar más, mi organismo me pedía vaciar mis huevos debido a mi excitación.
Empecé de nuevo a follarla con penetraciones largas y profundas, aumentando la velocidad. En la habitación solo se escuchaba los gemidos guturales de mi mujer y el chocar de nuestras pelvis. Nos abrazamos como desesperados y nos besamos hasta en el alma en una unión tan íntima que nos fundió. Gritamos nuestro orgasmo sin dejar de besarnos, mientras mi polla lanzaba latigazos de semen en el útero de Gloria. Cuando nos tranquilizamos todavía seguíamos besándonos con ternura y muy abrazados. Mi balano estaba clavado hasta los huevos en el coño de mi mujer, pero ninguno de los dos quería deshacer ese momento.
—Te amo mi amor. Susurró Gloria en mi oído.
—Yo también te amo mi vida, nunca he dejado de hacerlo.
Fui a salirme de su interior y ella me lo impidió.
—No mi amor, quédate un rato más así, déjame sentirte, ahora mismo soy la mujer más feliz del mundo.
Estuvimos así un buen rato hasta que la postura empezó a ser incómoda, solo en ese momento es cuando nos separamos. Mi polla seguía dura como una piedra, me tumbé al lado de Gloria y ella enseguida se abrazó a mi llenándome de besos. Su mano fue a mi verga que pajeo con delicadeza y acarició mis huevos, comprobando la suavidad al estar carente de vello.
—Ummmm…estas tan cambiado mi amor, me has dejado sin palabras ha sido increíble.
—Si, ha sido increíble mi vida, eres maravillosa.
Gloria con sus caricias y sus mimos no dejó que mi erección menguase. Nos fuimos a la ducha y con nuestras caricias y la mamada que me hizo mi mujer la volví a follar, arrancándola otros dos orgasmos más. Gloria no se creía lo que le estaba pasando y me miraba confundida pero ese día iba a irse a dormir estando bien, muy bien follada.
Cuando salimos de la ducha y nos fuimos a la cama, la muy zorra entró a gatas, meneando lascivamente su culazo que sabía que me volvía loco. Sin pensármelo, aun a sabiendas que no le gustaba, hundí mi cara en ese tesoro y me dediqué a lamer, chupar y follar con mi lengua su anito, y por los gemidos que daba, no le disgustaba.
—Mi amooor que gustooooo…eres un guarro…ummmmm…pero no pareees…
Cuando la tuve a punto la follé de nuevo. Estando en cuatro pude ver como mi verga desaparecía dentro de su coñito hasta las pelotas, pero lo que más me llamó la atención es como boqueaba su esfínter. Sin estar muy seguro de su reacción me dediqué a masajear su anito con mi dedo pulgar, pero lejos de m*****arse solo emitió un largo gemido de aprobación.
La follé con desesperación y mi dedo pulgar ya no acariciaba su anito, directamente lo había profanado y la follaba salvajemente, haciéndola alcanzar dos orgasmos más hasta que volví a llenarla de semen calentito que desbordó su coñito. Cayó rendida en la cama jadeando como si hubiese corrido una maratón
—Eres un bestia, un bárbaro…un a****l del sexo…mi amor no puedo más…ya, ya no sé cuántos orgasmos he tenido, pero…pero estoy rota, quiero descansar.
Y descansamos. Nos habíamos pasado casi toda la tarde del sábado follando como a****les, recuperando el tiempo perdido y dándome cuenta de lo sencillo que era que mi mujer alcanzara un orgasmo. Joder, antes del divorcio follando no era malo, era peor.
Nos despertamos cerca de media noche, entre arrumacos y mimos. Gloria estaba encantada con su "Nuevo" Arturo, todavía no se lo creía.
—No sé qué te habrá pasado, ni lo ocurrido en estos más de dos años separada de ti, y creo que quizás no quiera saberlo…pero el resultado es impresionante. Nunca, nunca en toda mi vida, he tenido tantos orgasmos como contigo esta tarde. Me decía Gloria fascinada. Dime, dime que esto no ha sido casualidad.
—No ha sido casualidad, y puedo hacerlo de nuevo. Tu excitación inicial también ha ayudado mucho, pero puedo hacer que te corras de muchas maneras, te lo aseguro.
—Uffff mi vida, me estas poniendo a mil otra vez. Gimió mi mujer.
Aunque excitados, decidimos cenar algo. Nos habíamos pasado toda la tarde follando y eso desgasta mucho, había que recuperar fuerzas. Cenamos desnudos, admirando nuestros cuerpos. Mi mujer me tenía loco tenía un cuerpazo que ya quisieran muchas chicas de 20 años, pero Gloria alucinaba con el mío y me preguntó como lo había conseguido.
—Bueno, cuando nos divorciamos, los primeros cinco meses los pasé fatal. Te echaba mucho de menos y mi vida era un desorden continuo, de tal manera que mis horarios ya no guardaban orden.
Gloria se levantó y se puso entre mis piernas y me besó con amor.
—¿Y por qué no me llamaste? Hubiese acudido a ti enseguida.
—Empecé a consumir mucha comida basura, la consumía para comer y cenar y eso hizo que en un par de meses engordase como un a****l. Comencé a encontrarme mal y el medico me mandó una analítica, cuando la vio se echó las manos a la cabeza, colesterol por las nubes, azúcar lo mismo y cuando me tomó la tensión se asustó, tenía 19 de máxima y 11 de mínima. Me propuse poner fin a eso y contraté los servicios de un entrenador personal y que además era nutricionista y en poco menos de un año mira cómo me dejó.
—Pues es impresionante el trabajo que habéis hecho los dos. Si las putas de mis amigas te viesen se morirían de envidia. Dijo Gloria riéndose.
Cuando terminamos de cenar nos fuimos a la cama otra vez. Veía en la expresión de deseo de mi mujer las ganas de que follásemos de nuevo. No hizo falta preguntar si me quedaba a dormir, lo dimos por hecho los dos.
Disfrute de su cuerpo, de sus tetas, de sus muslos y le comí el coño como creo que nunca se lo habían comido. Alcanzo un orgasmo impresionante y sin dejarla descansar hice que se pusiera de lado y haciendo la cucharita con ella la follé hasta que nos corrimos los dos. Cuando nos estábamos recuperando los dos muy abrazados se lo susurré en el oído.
—Mi amor, te voy a follar el culito, no ahora, pero quiero que lo sepas que me lo vas a dar.
—Lo que me pidas mi vida, te voy a dar todo, soy tuya. Dijo sumisa.
Caímos rendidos de nuevo y nos despertamos el domingo casi a medio día y antes de desayunar Gloria ya iba llenita de leche. Ni salimos de casa, nos pasamos el resto del domingo descansando y follando hasta que llegando la noche me tuve que ir a mi casa. Gloria, estaba triste, no quería que me fuese, pero me tenía que cambiar de ropa y al día siguiente tocaba trabajar.
Cuando me encontré en el coche me sentí muy mal porque la dejé llorando y pensé que era un estúpido, yo tampoco me quería separar de ella. Volví a su casa y cuando me vio se abrazó a mi como si hiciese años que no me veía.
—Cariño, he pensado que por qué no te vienes conmigo a mi casa, hacemos una maleta con mi ropa y me vengo contigo a pasar unos días. Yo tampoco me quiero separar de ti.
A la hora estábamos de vuelta en su casa. Cenamos algo rápido, nos duchamos entre gel de baño, caricias y besos y desnudos nos fuimos a dormir. Esa noche dejamos nuestros sexos descansar, Gloria me confesó que le escocía el coño y a mí la polla después de tanto folleteo. Aun así, antes de dormirse la hice un dedito que le provocó un orgasmo suave y delicioso que la hizo dormir mejor.
Lo que en un principio fue una estancia de unos días, se convirtió en estancia definitiva. Todas mis cosas estaban de nuevo en esa casa y Gloria y yo hacíamos vida marital como si el divorcio no se hubiese producido. Volvimos a nuestras escapadas románticas de fin de semana, nuestras salidas nocturnas, pero más enamorados que nunca. El sexo con Gloria empezó a ser increíble y a los quince días de empezar nuestra vida en común por fin me follé ese culito tan deseado por mí.
Siguiendo mi vena morbosa, una tarde después de salir del trabajo, me pase por un sex shop. Compré dos plug's anales, uno de tamaño medio y otro más grandecito, además de un Lush. Cuando llegué a casa, Gloria siempre me recibía con cariño, preguntándome por mi día. Cuando vio la bolsa de color rojo chillón me lo preguntó:
—¿Qué traes en esa bolsa? Dijo mirando su interior con curiosidad.
—Regalitos para mi amor.
Cuando vio lo que era puso cara de vicio, de puta necesitada de rabo, me volvió loco, con la voz rota me lo dijo.
—Acabo de mojar mis braguitas, ¿Cuándo empezamos?
Pensé que este trámite nos llevaría algo de tiempo, con Gloria no quería apresurarme. El hacer que su anito se fuese acostumbrando a ser penetrado y tener algo dentro de sus intestinos me llevaría algo de tiempo, pero me equivoqué.
Gloria estaba desatada, esa misma tarde probó los dos plug's y el Lush y se corrió provocándome, no dejándome que la tocara, mi polla estaba a reventar y necesitaba follarme a esa mujer. Esa misma noche mi verga taladraba el culo de mi mujer con el Lush metido en su coño, nunca la había visto correrse de esa manera y me gustó como tembló al notar como mi polla regaba sus intestinos con mi corrida.
—Joder mi amor…lo que me he estado perdiendo, dijo jadeando como una perra. Me encanta nuestra nueva vida.
Algo que no conseguí fue correrme en su boca y que se tragase mi corrida. No se negó a probarlo pero no le gustó. Me hacia unas mamadas de escándalo y me dejaba correrme en su cara, si alguna gota llegaba a su boca no importaba, pero solo eso, no iba a llegar a más. No se puede tener todo en esta vida, me hubiese gustado tenerlo todo de ella pero adoraba a mi mujer y como se había transformado en una amante increíble.
A los seis meses de estar viviendo juntos nos volvimos a casar por lo civil, fue una ceremonia muy íntima y solo con los más allegados incluida Carolina que no desaprovechó ni un momento para excitarme ponerme cachondo y asegurarme que estaba deseando que la follase de nuevo.
Durante el siguiente año, nuestra pasión inicial se fue relajando, pero el fuego seguía muy vivo, nuestras sesiones de sexo eran increíbles pero tanto ella como yo no éramos unos jovenzuelos y no podíamos mantener el ritmo inicial. Nuestra libido se fue relajando y dejo paso a un sexo muy placentero pero más espaciado, sobre todo para Gloria, que al principio quiso recuperar el tiempo perdido y me exprimió a conciencia.
Lo malo de probar las mieles de la juventud es que son como una ***** que es imposible de olvidar. Follé con mi sobrina un par de veces más, mi casa empezó a ser mi "picadero" aunque solo lo estrenase con Carolina, pero mi futuro me tenía preparada una gran sorpresa.
Fue un mes de diciembre, poco antes de nochebuena. Estaba en mi despacho trabajando sobre una campaña de publicidad de unos clientes cuando sonó mi móvil. El número que aparecía en pantalla no lo tenía en contactos seria de algún cliente…
—¿Dígame?
—¿Arturo? Una voz femenina y muy familiar resonaba en mi cabeza, Patricia.
—¡¡PATRICIA!! Exclamé sorprendido y asustado.
—Hola mi amor, no te haces una idea de las ganas que tenía de escuchar tu voz. Dijo Patricia echándose a llorar. Necesito verte, ¿Estás trabajando? ¿Podemos quedar hoy?
—Cielo, tu madre me amenazó…Patricia no me dejó decir más.
—Mi amor, ya han pasado más de dos años desde que esa puta me separó de ti. Ahora SI que tengo 18 años y si te quiero ver, ni ella ni nadie me lo va a impedir, además es tan hipócrita, tan golfa y tan puta que ahora tiene un amante y los he pillado, la tengo en mis manos.
Solo escuchar lo que me dijo y oír de nuevo su voz y sus ganas de verme y estar conmigo, me la puso más dura que un bate de beisbol. Quedamos esa tarde en un bar cerca de mi casa donde alguna vez me había esperado cuando nos veíamos.
Cuando la vi de nuevo, parecía que el tiempo se había detenido en ella cuando se bajó del coche después de nuestro fin de semana en Formigal. Vino corriendo y según estuvo a mi lado dentro del coche se sentó a horcajadas en mi abrazándose y besándome como si no hubiese un mañana.
Agarré de nuevo su perfecto culo y la froté contra mi polla empezando a gemir.
—Mi amor, estoy desnudita debajo de esta ropa, quiero ser tu puta, y que me llenes con tus corridas.
Diciendo esto agarró una mano mía y la metió debajo de su sudadera. Me encontré con su pecho desnudo, duro, su pezón erizado. Amasé su teta y retorcí su pezón con suavidad tirando de él, hasta que Patricia gimió de dolor.
—Vámonos a tu casa mi amor. Quiero sentirte.
Venus se había aliado conmigo de nuevo. No sé cuánto duraría esto, pero hasta que nadie o algo dijese lo contrario, y siempre que mi mujer me lo permitiera, (mi prioridad siempre seria Gloria) iba a gozar nuevamente del cuerpo de Patricia. Las mieles de su juventud volvieron a calmar mi sed y mi casa volvió a llenarse de gemidos, gritos y choques de pelvis. Ahora que lo pienso…la única mujer que no probó mi cama ha sido la mía, por un momento una ideal loca se me pasó por la cabeza, ¿Gloria y Patricia? Un pensamiento absurdo que enseguida se esfumó cuando los labios de mi pequeña empezaron una buena mamada.
Fin
5年前