Confinamiento con mi familia II
Esta es la segunda parte de una historia, puedes pasarte por la primera parte para seguir el hilo, sino, igualmente puedes disfrutar ésta ;)
Los siguientes días a mi encuentro con Laura fueron bastante más normales de lo que cabría esperar. Creo que, como dos adultos que somo, asumimos que aquel encuentro fue un desliz fruto del confinamiento y de tantos días todos juntos en casa, que ella fuera mi hijastra nos daba cierta complacencia pensando que no era un i****to como tal.
Continuamos todos con nuestros rituales, los chicos enviciados con el Fortnite, Clara y Laura aprovechando cada rayo de Sol para broncear sus cuerpos, Paula, mi mujer, procuraba mantenerse en forma y presentable, pero casi dos meses sin peluquería, masajista, esteticien... estaba bien mermando un poco su autoestima frente a las chicas, que propias de su edad, seguían pareciendo diosas, y yo, bueno, aprovechando el tiempo para descansar y continuar con mis visitas a la cabaña de la piscina para relajarme.
Resultó que el encuentro con Laura no fue tan fortuito como yo pensaba, en una conversación que tuvimos mientras le embadurnaba de protección solar la espalda que hacía unos días apretaba contra la pared mientras le envainaba mi pene, me confesó que tanto el pedirme que le pusiera crema solar, como aparecer con ropa sugerente en la cena o dejarme su ropa interior al alcance de mi mano, se trataban de una especie de juego de seducción que se había propuesto tras descubrir, hacía unos meses, que ya había sido infiel a mi mujer con otra jovencita.
Como les conté, Laura tiene un Instagram con miles de seguidores que siguen sus pautas y clases de Yoga, yo entre ellos solo para ver cómo se contorneaba, y por casualidad una de sus seguidoras estuvo trabajando en la sucursal que dirijo y en una de esas cenas de trabajo, acabamos compartiendo la habitación del hotel. Laura debió entablar cierta relación con esta chiquita de la que no se ni el nombre y le confesó nuestra pequeña aventura, así que para Laura, todo fue un juego para atraparme y ver si realmente me perdían las jovencitas, como finalmente sí fue.
- En realidad Diego, no pensaba llegar tan lejos, solo era un juego. Que te acuestes con otras mujeres es algo que entiendo, como entiendo que mi madre lo haga con su entrenador. - efectivamente su madre había mantenido un pequeño affair con su monitor del gimnasio, pero lejos de m*****arme, me reconfortó para poder seguir con mis pequeñas escapadas. - Cuando me enteré de lo comenté a Clara...por eso se apuntó a ayudarme un poco, aunque no quiso llegar al final como yo, pero ya sabía ella que estaríamos en esa habitación.
Sorprendido por el descubrimiento y más por la complicidad de las hermanas contesté - Nunca me había fijado en tu madurez Laura - le dije mientras nos sentábamos en las butacas de la sala. - solo espero que lo ocurrido no afecte a nuestra relación.
- En los años que lleváis casados - prosiguió mientras se sentaba en el sofá sobre las propias piernas tras levantarse levemente la falda. - nuestra relación padrastro/hijastra ha sido más bien nula, tenemos mentalidades completamente diferentes y yo no busco una figura paterna, por lo que a mi respecta eres un hombre y nada más.
- Celebro que pensemos parecido Laura. - afirmémoslo dejando caer mis ojos sobre sus piernas antes de clavarlos en mi Martini.
- Bueno - continuó esbozando una sonrisa - aunque igual... - temí la pausa - deberías comprar mi silencio próximamente que levantan el confinamiento y podremos salir a comprar algo.
- Acepto - contesté aliviado - ademas tendremos que comprar algo a tu hermana para su cumpleaños este sábado.
- Trató hecho Papi! - dijo pícaramente mientras se acercaba a mí para besarme la mejilla arrastrando su mano por mi pecho y girando mi cabeza para que viera alejarse su precioso y apretado trasero.
Con la aprobación de la Fase 1, los comercios de la ciudad abrieron sus puertas, así que tanto las chicas como los chicos salimos al centro. Miguel y Fran rogaron por ir a comprar unos videojuegos nuevos y unos cascos, ya que se habían iniciado en stremear sus partidas, por su parte Clara, Laura y Paula tenían cita en la peluquería y luego se darían una vuelta para comprar algo de ropa.
Eran las once de la mañana y nosotros ya habíamos acabado las compras, pero a las chicas todavía les faltaba una eternidad, sobretodo a Paula, tinte, corte, peinado y depilación, fácil eran otras dos horas, así que me fui con los cuatro a dar una vuelta. No habían pasado ni veinte minutos y los gamers ya querían volver a casa así que les metí en un taxi y que volvieran a la finca. Llegaría el momento de pagar mi deuda con Laura y Clara.
Fuimos a un pequeño centro comercial que hay en la calle Serrano y rápidamente Laura se apresuró por asaltar la tienda de fitness. Clara decidió dar una vuelta por su cuenta en las otras tiendas. Laura comenzó en la sección de ropa deportiva, cogió mallas, tops, sujetadores deportivos - ¿estos te gustan? - me preguntó bromeando - para seguir comprando cuerdas, una tabla y varios utensilios más, sin duda me estaba saliendo caro el polvo.
- suficiente no? - le pregunté mientras sacaba la Visa para abonar las compras.
Le dejé en la tienda para salir a buscar a Clara que estaría viendo escaparates.
- Clara, cielo, has visto algo que te guste? - pregunté interesado
- Bueno, he visto un vestido bonito, igual lo podría estrenar cuando salgamos finalmente del confinamiento.
- Muy bien, vamos y enséñamelo.
Entramos en una pequeña boutique inundada por carteles de precaución y de mantenernos alejados de los dependientes y entre clientes. El vestido estaba en el escaparate y era precioso. Era rojo con la espalda al aire y un escote en V marcado por dos finos tirantes. La cintura se estrechaba al maximo para abrirse en cuatro piezas que cubrían con una fina seda las piernas.
- Disculpe Señora, podría enseñarnos el vestido del escaparate en una talla 34 por favor?
Mientras la dependienta nos traía el vestido entró un matrimonio, la señora de quedó un momento en shock sin saber bien cómo actuar por el tema de las distancias de seguridad, así que indicándome donde estaba el probador nos informó:
- Lamentó la situación señor, pero tendrá que esperar fuera de la tienda mientras su hija se prueba el vestido.
- Ohh, comprendo no se preocupe - le contesté
- No no, Diego, acompáñame que veas si me queda bien - alegó aclara cogiéndome de la mano. Me cogió por sorpresa y sin articular palabra y como si de un zombi ese tratase le seguí hasta dentro del probador.
- Esto es parecido a cuando me pones la crema solar en la piscina... - dijo mientras se desprendía de la camiseta y dejaba al descubierto su delicado cuerpo.
- Uy perdona, ya cierro los ojos
- No hace falta, no me m*****a que me veas - añadió terminando de quitarse los pantalones y quedando solo en ropa interior.
Su cuerpo emanaba sensualidad, el cuerpo estaba tallado en fino marfil, el pecho salió despedido pero firme cuando aflojó el sujetador, golpeando en mi mente como un puñetazo. Incapaz de articular palabra solo podía disfrutar de aquella imagen. Se enfundó en el vestido como si de un guante se tratase y moviendo el pelo a un lado me solicitó:
- Me abrochas?
Mis manos sudorosas a duras penas conseguían asir la diminuta cremallera que se resistía a subir. Dando pequeños tirones iba acercándome más y más a Clara hasta que mi cuerpo entró en contacto con el suyo. Noté como se le erizaba la piel al notar mi aliento en su nuca y mis manos sobre su cuerpo. Sus manos agarraron las mías titubeantes para dejar de subirnos la cremallera y permitir que el vestido cayese al suelo al tiempo que se giraba para mirarme con candidez.
Mis ojos con sus ojos, mis manos asidas a las suyas, quedé inmóvil hasta que subiéndolas sobre su pecho las posó sobre sus senos dejándome acariciar su piel tersa y sus rosados pezones. Un gemido se le escapó alertando a la dependienta que preguntó si necesitábamos ayuda. - no no, todo bien - me apresuré a responder. Mi entrepierna comenzó a crecer pegada al cuerpo de la Ninfa.
Aquellos instantes de piran lujuria quedaron grabados en mí para siempre.
- Donde estáis chicos? oímos repetidamente de la voz de Laura.
Despertando de aquel trance, Clara se vistió rápidamente, yo recogía el vestido mientras me recolocaba la polla por dentro del calzoncillo para ocultar mi excitación.
- Nos lo quedamos - sentencié.
Salimos del pequeño centro comercial, Laura repleta de bolsas y Clara sin quitarme la mirada de encima.
Tras recoger a Paula de la peluquería volvimos todos a casa. Añadido a la calentura que tenía, a Paula la habían maquillado y peinado muy guapa, así que subimos a la habitación nada más llegar para concedernos unos minutos de sexo. Nos desvestimos, mi pene ya estaba ciertamente lubricado por la situación en el probador, así que Paula se sintió apagada pensando que todo era por ella, así que comenzó directamente poniéndose de rodillas para lamer todo el falo.
Introducía una y otra vez hasta lo más profundo de la garganta mi miembro queriendo complacerme al máximo. Yo disfrutaba imaginado que era la boca de Clara la que me succionaba incansable. Tras unos momentos levanté a Paula para tumbarla en la cama y comenzar a comerle el depilado coño. Llevábamos tiempo sin follar y se nos notaban las ganas. Lamia sus labios a la vez que le metía un dedo o le apretaba un pezon, empecé a notar su lubricación en mi boca, llegaba el momento de montarla, la coloqué boca abajo, coloqué el capullo de mi verga entre sus piernas y ella levantó la cadera abriendo sus piernas y dejándome todo el coño a la vista para meterla con firmeza.
Disfrutamos de una buena sesión de sexo, aunque carente de anal o de otras filias que ella nunca quiso probar y quien por eso yo buscaba en otras mujeres. Agradecida y sintiéndose atractiva me dejó descansando en la cama para marcharse a la piscina.
No sé el tiempo que pasó, estaba adormecido, tuve el despertar más placentero que se puede tener, mi polla estaba siendo bombeada nuevamente con delicadeza, tras unas sacudidas me incorporé para agradecer a Paula, pero mi sorpresa fue mayúscula al ver a Clara enfundada en su traje de baño azul marino con mi miembro erecto entre sus manos.
No dije nada, aquello iba creciéndome hasta dejar visiblemente húmeda la cabeza de mi verga a escasos centímetros de su boca. Nos mirábamos mientras un movimiento arriba y abajo me masturbaba, se iba acercando cada vez más y más hasta rozar su cara. Sacando tímidamente la punta de la lengua lamió el tronco de la polla esperando ver mi reacción.
Complacido, la miré con deseo acariciando su pelo e invitándola a chuparla entera. Se la metió entera en la boca golpeando ***********e contra su campanilla provocándole una pequeña arcada, sacándosela rápidamente y recogiendo con su mano la espesa saliva saliente. Algo compungida me miro, y acercándome a su boca la besé obligándola a esparcir aquella saliva sobre mi polla. Besándonos apasionadamente apreté su pecho sobre el látex del traje de baño que apretaba aún más no su cobrado cuerpo. Sin quererlo yo lubricaba presemen en cantidad que ella recogía con sus dedos, con su boca, su lengua.
Con firmeza levanté a Clara, ella enroscó sus piernas sobre mí mientras nos fundíamos en húmedos besos. Comencé a morderle, a apretar con fuerza su cuerpo contra mi, creo que empezó a asustarse un poco al ver mi iniciativa, pero era ella la que había entrado en la habitación. La tumbé en la cama boca abajo y deslicé el traje de baño para besarle todo el trasero. Dos perfectos glúteos eran devorados por mi boca mientras su silencio fue transformándose en pequeños gemidos de placer. Acabé cediendo tanto el traje de baño que conseguí hundir mi boca en el centro del culo, mi boca besaba a cada lado y mi lengua exploraba su ano, quería comerlo entero, y lubricarlo para poder meterla.
Clara hacia gestos de sorpresa, creo que nunca había tenido un hombre comiéndole por detrás, pero era tanta sorpresa como aprobación, estaba disfrutando tanto como yo. La giré, con el sabor de su culo en mi boca le azoté mi polla sobre el conejito preparándole para la penetración . Me la agarró para guiarla hasta su rajita y la enchufé hasta el fondo sin contemplación. Gritó y su cuerpo se arqueó, dos lagrimas le caían del ojo, pero lejos de parar, la así de las piernas y comencé a follarla con firmeza. Mi cadera golpeaba su pelvis mientras ella mordía la sábana para no gritar. Tras muchos empujones su diminuto coño empezó a abrirse. Pude girarla con mi polla en lo más profundo y colocarla a cuatro patas, aquella gatita se estaba convirtiendo en perrita.
La empujaba una y otra vez, ella se entregaba en todo, y calló rendida tras correrse durante unos segundos. Recomponiéndose me ofrecía su boca, aceptaba mis cachetadas en los glúteos y gemía placentera cuando tiraba de su pelo hacia atrás montándola. Pronto dejó su timidez para dar rienda suelta a lo que supongo que tantas veces habría visto en películas porno. Recomenzó a comerme la polla, cada vez con más fiereza, lamia el prepucio, se comía los huevos, las arcadas que le provocaba al fondo de su boca ya no le m*****aban, escupía sobre ella mirándome, la tenia a mi merced. Tumbado en la cama se subió sobre mi pecho y cabalgó como de pequeña montaba en las clases de equitación. Sin tiempo de reacción comenzó a correrse de nuevo sobre mi, regalándome todos sus flujos. Mi polla, bañada en líquidos de ambos, palpitaba rosada queriendo acabar ya.
Me incorporé, la agarré fuerte de la cabeza, obligándola a comérmela de nuevo, sus primeros lametones quedaron atrás, ahora estaba directamente filmándome su boca. En cuanto noté la cercanía de la eyaculación la parte de mí, y con mi propia mano le abrí la boca como si de un urinario sé tratar y me corrí sobre ella. Una gran cantidad de esperma cayó sobre su boca, su cara y pelo. El traje de baño azul marino quedó destrozado, cedido por abajo y manchado de todos nuestros flujos.
Tras un instante, me asomé a la ventana y al ver a Paula en la tumbona de la piscina respiré tranquilo sabiendo que no se había enterado de nada. Al girarla mirada hacia la casa mi mirada se encontró con man de Laura que sonriendo alzó su pulgar en gesto de aprobación. Me giré rápidamente sobre Clara para saber si Laura sabía de todo esto, pero cuando me quise dar cuenta, ya estaba solo en la habitación.
Los siguientes días a mi encuentro con Laura fueron bastante más normales de lo que cabría esperar. Creo que, como dos adultos que somo, asumimos que aquel encuentro fue un desliz fruto del confinamiento y de tantos días todos juntos en casa, que ella fuera mi hijastra nos daba cierta complacencia pensando que no era un i****to como tal.
Continuamos todos con nuestros rituales, los chicos enviciados con el Fortnite, Clara y Laura aprovechando cada rayo de Sol para broncear sus cuerpos, Paula, mi mujer, procuraba mantenerse en forma y presentable, pero casi dos meses sin peluquería, masajista, esteticien... estaba bien mermando un poco su autoestima frente a las chicas, que propias de su edad, seguían pareciendo diosas, y yo, bueno, aprovechando el tiempo para descansar y continuar con mis visitas a la cabaña de la piscina para relajarme.
Resultó que el encuentro con Laura no fue tan fortuito como yo pensaba, en una conversación que tuvimos mientras le embadurnaba de protección solar la espalda que hacía unos días apretaba contra la pared mientras le envainaba mi pene, me confesó que tanto el pedirme que le pusiera crema solar, como aparecer con ropa sugerente en la cena o dejarme su ropa interior al alcance de mi mano, se trataban de una especie de juego de seducción que se había propuesto tras descubrir, hacía unos meses, que ya había sido infiel a mi mujer con otra jovencita.
Como les conté, Laura tiene un Instagram con miles de seguidores que siguen sus pautas y clases de Yoga, yo entre ellos solo para ver cómo se contorneaba, y por casualidad una de sus seguidoras estuvo trabajando en la sucursal que dirijo y en una de esas cenas de trabajo, acabamos compartiendo la habitación del hotel. Laura debió entablar cierta relación con esta chiquita de la que no se ni el nombre y le confesó nuestra pequeña aventura, así que para Laura, todo fue un juego para atraparme y ver si realmente me perdían las jovencitas, como finalmente sí fue.
- En realidad Diego, no pensaba llegar tan lejos, solo era un juego. Que te acuestes con otras mujeres es algo que entiendo, como entiendo que mi madre lo haga con su entrenador. - efectivamente su madre había mantenido un pequeño affair con su monitor del gimnasio, pero lejos de m*****arme, me reconfortó para poder seguir con mis pequeñas escapadas. - Cuando me enteré de lo comenté a Clara...por eso se apuntó a ayudarme un poco, aunque no quiso llegar al final como yo, pero ya sabía ella que estaríamos en esa habitación.
Sorprendido por el descubrimiento y más por la complicidad de las hermanas contesté - Nunca me había fijado en tu madurez Laura - le dije mientras nos sentábamos en las butacas de la sala. - solo espero que lo ocurrido no afecte a nuestra relación.
- En los años que lleváis casados - prosiguió mientras se sentaba en el sofá sobre las propias piernas tras levantarse levemente la falda. - nuestra relación padrastro/hijastra ha sido más bien nula, tenemos mentalidades completamente diferentes y yo no busco una figura paterna, por lo que a mi respecta eres un hombre y nada más.
- Celebro que pensemos parecido Laura. - afirmémoslo dejando caer mis ojos sobre sus piernas antes de clavarlos en mi Martini.
- Bueno - continuó esbozando una sonrisa - aunque igual... - temí la pausa - deberías comprar mi silencio próximamente que levantan el confinamiento y podremos salir a comprar algo.
- Acepto - contesté aliviado - ademas tendremos que comprar algo a tu hermana para su cumpleaños este sábado.
- Trató hecho Papi! - dijo pícaramente mientras se acercaba a mí para besarme la mejilla arrastrando su mano por mi pecho y girando mi cabeza para que viera alejarse su precioso y apretado trasero.
Con la aprobación de la Fase 1, los comercios de la ciudad abrieron sus puertas, así que tanto las chicas como los chicos salimos al centro. Miguel y Fran rogaron por ir a comprar unos videojuegos nuevos y unos cascos, ya que se habían iniciado en stremear sus partidas, por su parte Clara, Laura y Paula tenían cita en la peluquería y luego se darían una vuelta para comprar algo de ropa.
Eran las once de la mañana y nosotros ya habíamos acabado las compras, pero a las chicas todavía les faltaba una eternidad, sobretodo a Paula, tinte, corte, peinado y depilación, fácil eran otras dos horas, así que me fui con los cuatro a dar una vuelta. No habían pasado ni veinte minutos y los gamers ya querían volver a casa así que les metí en un taxi y que volvieran a la finca. Llegaría el momento de pagar mi deuda con Laura y Clara.
Fuimos a un pequeño centro comercial que hay en la calle Serrano y rápidamente Laura se apresuró por asaltar la tienda de fitness. Clara decidió dar una vuelta por su cuenta en las otras tiendas. Laura comenzó en la sección de ropa deportiva, cogió mallas, tops, sujetadores deportivos - ¿estos te gustan? - me preguntó bromeando - para seguir comprando cuerdas, una tabla y varios utensilios más, sin duda me estaba saliendo caro el polvo.
- suficiente no? - le pregunté mientras sacaba la Visa para abonar las compras.
Le dejé en la tienda para salir a buscar a Clara que estaría viendo escaparates.
- Clara, cielo, has visto algo que te guste? - pregunté interesado
- Bueno, he visto un vestido bonito, igual lo podría estrenar cuando salgamos finalmente del confinamiento.
- Muy bien, vamos y enséñamelo.
Entramos en una pequeña boutique inundada por carteles de precaución y de mantenernos alejados de los dependientes y entre clientes. El vestido estaba en el escaparate y era precioso. Era rojo con la espalda al aire y un escote en V marcado por dos finos tirantes. La cintura se estrechaba al maximo para abrirse en cuatro piezas que cubrían con una fina seda las piernas.
- Disculpe Señora, podría enseñarnos el vestido del escaparate en una talla 34 por favor?
Mientras la dependienta nos traía el vestido entró un matrimonio, la señora de quedó un momento en shock sin saber bien cómo actuar por el tema de las distancias de seguridad, así que indicándome donde estaba el probador nos informó:
- Lamentó la situación señor, pero tendrá que esperar fuera de la tienda mientras su hija se prueba el vestido.
- Ohh, comprendo no se preocupe - le contesté
- No no, Diego, acompáñame que veas si me queda bien - alegó aclara cogiéndome de la mano. Me cogió por sorpresa y sin articular palabra y como si de un zombi ese tratase le seguí hasta dentro del probador.
- Esto es parecido a cuando me pones la crema solar en la piscina... - dijo mientras se desprendía de la camiseta y dejaba al descubierto su delicado cuerpo.
- Uy perdona, ya cierro los ojos
- No hace falta, no me m*****a que me veas - añadió terminando de quitarse los pantalones y quedando solo en ropa interior.
Su cuerpo emanaba sensualidad, el cuerpo estaba tallado en fino marfil, el pecho salió despedido pero firme cuando aflojó el sujetador, golpeando en mi mente como un puñetazo. Incapaz de articular palabra solo podía disfrutar de aquella imagen. Se enfundó en el vestido como si de un guante se tratase y moviendo el pelo a un lado me solicitó:
- Me abrochas?
Mis manos sudorosas a duras penas conseguían asir la diminuta cremallera que se resistía a subir. Dando pequeños tirones iba acercándome más y más a Clara hasta que mi cuerpo entró en contacto con el suyo. Noté como se le erizaba la piel al notar mi aliento en su nuca y mis manos sobre su cuerpo. Sus manos agarraron las mías titubeantes para dejar de subirnos la cremallera y permitir que el vestido cayese al suelo al tiempo que se giraba para mirarme con candidez.
Mis ojos con sus ojos, mis manos asidas a las suyas, quedé inmóvil hasta que subiéndolas sobre su pecho las posó sobre sus senos dejándome acariciar su piel tersa y sus rosados pezones. Un gemido se le escapó alertando a la dependienta que preguntó si necesitábamos ayuda. - no no, todo bien - me apresuré a responder. Mi entrepierna comenzó a crecer pegada al cuerpo de la Ninfa.
Aquellos instantes de piran lujuria quedaron grabados en mí para siempre.
- Donde estáis chicos? oímos repetidamente de la voz de Laura.
Despertando de aquel trance, Clara se vistió rápidamente, yo recogía el vestido mientras me recolocaba la polla por dentro del calzoncillo para ocultar mi excitación.
- Nos lo quedamos - sentencié.
Salimos del pequeño centro comercial, Laura repleta de bolsas y Clara sin quitarme la mirada de encima.
Tras recoger a Paula de la peluquería volvimos todos a casa. Añadido a la calentura que tenía, a Paula la habían maquillado y peinado muy guapa, así que subimos a la habitación nada más llegar para concedernos unos minutos de sexo. Nos desvestimos, mi pene ya estaba ciertamente lubricado por la situación en el probador, así que Paula se sintió apagada pensando que todo era por ella, así que comenzó directamente poniéndose de rodillas para lamer todo el falo.
Introducía una y otra vez hasta lo más profundo de la garganta mi miembro queriendo complacerme al máximo. Yo disfrutaba imaginado que era la boca de Clara la que me succionaba incansable. Tras unos momentos levanté a Paula para tumbarla en la cama y comenzar a comerle el depilado coño. Llevábamos tiempo sin follar y se nos notaban las ganas. Lamia sus labios a la vez que le metía un dedo o le apretaba un pezon, empecé a notar su lubricación en mi boca, llegaba el momento de montarla, la coloqué boca abajo, coloqué el capullo de mi verga entre sus piernas y ella levantó la cadera abriendo sus piernas y dejándome todo el coño a la vista para meterla con firmeza.
Disfrutamos de una buena sesión de sexo, aunque carente de anal o de otras filias que ella nunca quiso probar y quien por eso yo buscaba en otras mujeres. Agradecida y sintiéndose atractiva me dejó descansando en la cama para marcharse a la piscina.
No sé el tiempo que pasó, estaba adormecido, tuve el despertar más placentero que se puede tener, mi polla estaba siendo bombeada nuevamente con delicadeza, tras unas sacudidas me incorporé para agradecer a Paula, pero mi sorpresa fue mayúscula al ver a Clara enfundada en su traje de baño azul marino con mi miembro erecto entre sus manos.
No dije nada, aquello iba creciéndome hasta dejar visiblemente húmeda la cabeza de mi verga a escasos centímetros de su boca. Nos mirábamos mientras un movimiento arriba y abajo me masturbaba, se iba acercando cada vez más y más hasta rozar su cara. Sacando tímidamente la punta de la lengua lamió el tronco de la polla esperando ver mi reacción.
Complacido, la miré con deseo acariciando su pelo e invitándola a chuparla entera. Se la metió entera en la boca golpeando ***********e contra su campanilla provocándole una pequeña arcada, sacándosela rápidamente y recogiendo con su mano la espesa saliva saliente. Algo compungida me miro, y acercándome a su boca la besé obligándola a esparcir aquella saliva sobre mi polla. Besándonos apasionadamente apreté su pecho sobre el látex del traje de baño que apretaba aún más no su cobrado cuerpo. Sin quererlo yo lubricaba presemen en cantidad que ella recogía con sus dedos, con su boca, su lengua.
Con firmeza levanté a Clara, ella enroscó sus piernas sobre mí mientras nos fundíamos en húmedos besos. Comencé a morderle, a apretar con fuerza su cuerpo contra mi, creo que empezó a asustarse un poco al ver mi iniciativa, pero era ella la que había entrado en la habitación. La tumbé en la cama boca abajo y deslicé el traje de baño para besarle todo el trasero. Dos perfectos glúteos eran devorados por mi boca mientras su silencio fue transformándose en pequeños gemidos de placer. Acabé cediendo tanto el traje de baño que conseguí hundir mi boca en el centro del culo, mi boca besaba a cada lado y mi lengua exploraba su ano, quería comerlo entero, y lubricarlo para poder meterla.
Clara hacia gestos de sorpresa, creo que nunca había tenido un hombre comiéndole por detrás, pero era tanta sorpresa como aprobación, estaba disfrutando tanto como yo. La giré, con el sabor de su culo en mi boca le azoté mi polla sobre el conejito preparándole para la penetración . Me la agarró para guiarla hasta su rajita y la enchufé hasta el fondo sin contemplación. Gritó y su cuerpo se arqueó, dos lagrimas le caían del ojo, pero lejos de parar, la así de las piernas y comencé a follarla con firmeza. Mi cadera golpeaba su pelvis mientras ella mordía la sábana para no gritar. Tras muchos empujones su diminuto coño empezó a abrirse. Pude girarla con mi polla en lo más profundo y colocarla a cuatro patas, aquella gatita se estaba convirtiendo en perrita.
La empujaba una y otra vez, ella se entregaba en todo, y calló rendida tras correrse durante unos segundos. Recomponiéndose me ofrecía su boca, aceptaba mis cachetadas en los glúteos y gemía placentera cuando tiraba de su pelo hacia atrás montándola. Pronto dejó su timidez para dar rienda suelta a lo que supongo que tantas veces habría visto en películas porno. Recomenzó a comerme la polla, cada vez con más fiereza, lamia el prepucio, se comía los huevos, las arcadas que le provocaba al fondo de su boca ya no le m*****aban, escupía sobre ella mirándome, la tenia a mi merced. Tumbado en la cama se subió sobre mi pecho y cabalgó como de pequeña montaba en las clases de equitación. Sin tiempo de reacción comenzó a correrse de nuevo sobre mi, regalándome todos sus flujos. Mi polla, bañada en líquidos de ambos, palpitaba rosada queriendo acabar ya.
Me incorporé, la agarré fuerte de la cabeza, obligándola a comérmela de nuevo, sus primeros lametones quedaron atrás, ahora estaba directamente filmándome su boca. En cuanto noté la cercanía de la eyaculación la parte de mí, y con mi propia mano le abrí la boca como si de un urinario sé tratar y me corrí sobre ella. Una gran cantidad de esperma cayó sobre su boca, su cara y pelo. El traje de baño azul marino quedó destrozado, cedido por abajo y manchado de todos nuestros flujos.
Tras un instante, me asomé a la ventana y al ver a Paula en la tumbona de la piscina respiré tranquilo sabiendo que no se había enterado de nada. Al girarla mirada hacia la casa mi mirada se encontró con man de Laura que sonriendo alzó su pulgar en gesto de aprobación. Me giré rápidamente sobre Clara para saber si Laura sabía de todo esto, pero cuando me quise dar cuenta, ya estaba solo en la habitación.
5年前