DIARIO DE UN SALIDO: Mi tío en el hospital (y 2)

Pasaban las semanas de hospitalización y mi tío Bertín se recalentaba por momentos hasta la desesperación. Los pajotes que yo le hacía lo apaciguaban como mal *****, pero lo que él deseaba fervientemente era el contacto con una hembra de la manera que fuese pues él se consideraba un machote de pìes a cabeza, mayormente en el bajo vientre que le hervía con deseo desatado. Fue aquella tarde, cuando papá, mi hermanita y yo cumplimos con el grato deber de visitarlo al sanatorio cuando aprovechó la marcha de mi padre (tuvo que ausentarse urgentemente por un problema en su negocio) para poner en marcha una ingeniosa argucia que calmaría sus calenturas. Me entretenía yo viendo la calle desde la ventana cuando se dirigió a mi hermanita.
- Tesoro - le dijo - ¿quién es el tío al que más quieres y más te quiere?
- Tío Bertín - respondió la nena sin titubear.
- Pues ven a jugar conmigo, cariño, que estoy muy aburrido.
- ¿A qué jugamos, tío? - preguntó mi hermana. ¿A las adivinanzas, al veo-veo...? Porque tú, con brazos y piernas escayolados a pocas más cosas puedes jugar.
- Vamos a jugar al burrito - dijo Bertín - . Como jugábamos tu mamacita y yo cuando éramos pequeños.
- ¿Al burrito? ¿Y cómo es eso? - pregunta la nena.
- Tú te subes encima de mí, sobre mi vientre, y empiezas a cabalgar, al tiempo que dices: ¡arre, burro, arre!
- ¡Qué divertido! - contesta mi hermana.
Y así fue como ayudé a ella a colocarse a horcajadas encima de mi tío. Mi hermanita con las piernas bien abiertas sobre la ligera colcha que cubría el cuerpo de Bertín. A la orden de este de "¡empieza a cabalgar!", la nena empezó a dar botes sobre el estómago del muchacho.
- Ponte un poco más abajo, cariño, - le dice al rato -, sobre el vientre. La nena obedece.
- Todavía un poco más abajo - le ordena melosamente Bertín, tratando de que mi hermana se colocase justo encima de su polla parada.
- Aquí hay algo muy duro - protesta la nena -. Me voy a hacer daño.
Pero ya su puchita tierna y entreabierta comenzaba a sentir un regustín con el rozamiento de los saltos. Pero aún más gusto estaba experimentando el hijoputa de mi tío. Había logrado situar la raja de la chavita justo encima de su polla reventona.
- ¡Salta, tesoro! - le dice - No pares.
Yo contemplo atónito el espectáculo pero estoy tan excitado que no soy capaz de reaccionar. Por momentos no sé quién de los dos está gozando más. Las braguitas de mi hermana ya deben estar empapadas de incipientes jugos vaginales pues es evidente que está experimentando una sensación nueva en su entrepierna. Ella sigue gritando "¡Arre, burro, arre!", mientras Bertín arquea todo lo que puede su cuerpo para sentir mayor rozamiento y presión en su poronga con las embestidas.
- ¡Salta más, más, no pares! - suplica mi tío más salido que un babuino en celo.
- ¿Lo hago bien tiíto? ¿Mejor que mamá cuando erais pequeños?
- Sigue, cariño - responde él - ¡Más, más, más...!
Y al rato este se corre como un a****l.¡Mmmmmmmm!
Mi hermana descabalga feliz. Quizás demasiado feliz. No hay duda que ella también ha tenido un orgasmo, pues al bajarla de encima de mi tío observo sus pantaletas mojadas y debajo la cuca hinchada más de lo normal. Estoy tan desconcertado que no soy consciente de que me corrido sin tocarme en mis calzoncillos hasta que vuelvo a la realidad cuando mi tío me pide que le limpie discretamente toda la lechada que le pringa el pijama.

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Esta tarde, después del almuerzo, mi madre y yo hemos ido a visitar al tío Bertín. Pregunta por mi hermana y al decirle que ha ido a clases de piano frunce el morro. Quizás la estuviese aguardando para repetir el numerito del "burrito", aunque con mamá presente lo iba a tener más difícil en esta ocasión. Mi madre es feliz cuando va a visitar a mi tío; no cabe duda que es su hermano favorito. En las últimas visitas ella se permite una bromas más atrevidas, acariciándole el rostro, peinándolo con esmero, haciéndole cosquillas en las plantas de los pies. Sin faltar, naturalmente, un besito de aquí y otro de allá. Más de una vez he notado como Bertín se empalma debajo de las sábanas: mamá le pone, es decir, lo calienta sobremanera, algo que yo no considero muy normal al tratarse de hermanos. Esta tarde mamá viste una minifalda muy sexy y luce una blusa muy escotada que permite verle las tetas casi al completo y unos pezones grandes y oscuros. Quizás sepa de las necesidades de un veinteañero y presentándose así le alegra un poco la vista, aunque mal sabe ella que las pajas solitarias a su hermanito le resultan imposible. Allí estábamos los tres intercambiando impresiones y con una charla intrascendente, cuando tío Bertín me dice:
- Paquito, baja a la calle y cómprame en el kiosco de prensa el último número de "Motosport".
- ¿Qué salga del hospital? - le respondo -. Si esto es muy grande y me voy a perder con tantos pasillos y escaleras.
- ¡Qué va! - contesta -. Si está todo muy bien señalizado.
- Dale ese gusto al tío - añade mi madre -, que le encantan las revistas de motos. Además, como recompensa te voy a dar dinero para que te comas un helado. Pero tienes que tomarlo en la calle, que ya sabes que está ********* introducir alimentos en el hospital.

Y allá me voy a regañadientes (porque en realidad soy un poco vago), pero todo sea por complacer a mi tío del alma.
El kiosco estaba bastante alejado y ya no hablemos de la heladería. Al cabo de unos veinte minutos regreso al hospital, subo en el ascensor y me dirijo a la habitación de mi tío. Sorpresa: la cama está vacía. "Estarán haciéndole alguna prueba clínica y mamá le ha acompañado", pienso. Y me siento en uno de los sillones a esperar. Estoy ojeando la revista del motor cuando escucho unos gemidos provenientes del cuarto de baño...

Entreabro la puerta y allí estaban retozando los dos hermanos. Mamá sentada a horcajadas sobre Bertín, cabalgando como una posesa; él sentado en la taza del water, con las piernas y los brazos enyesados. Mámá tenía la falda subida hasta la cintura, las bragas por el suelo y los pechos fuera. Mi tío (su hermano, repito), con el pijama por los pies, le chupaba con delectación los pezones. Ella me daba la espalda por lo que no percibió mi presencia, pero Bertín me vio nada más irrumpí en el toilet y me clavó los ojos. La furcia de mamá seguía saltado con la polla dentro de su concha insaciable haciendo sonar un chop-chop al golpear los huevos, pues era la que llevaba la iniciativa de la jodienda al estar mi tío impedido. Lejos de comunicarle a mi madre que habían sido descubiertos, aquel hijoputa aún tuvo el valor de decirle a mamá para que yo también participara del momento:
- ¡Sigue, hermanita, sigue! ¡Salta, salta, salta, como cuando éramos chicos!
- ¡Arre, caballito, arre! - gritaba sin pudor la muy zorra. Y fue al sentir toda la descarga de su hermano en sus entrañas cuando creyó enloquecer de placer y se corrió como la gran perra que es. Una vezás, yo eyaculé sin necesidad de tocarme, ta era el grado de lujuria que allí se respiraba.

Salí escopetado del baño y de la habitación mientras los dos amantes i****tuosos tomaban aliento de su monumental polvo, celebrando en mi interior de que mamá no se hubiese percatado de mi presencia. A la media hora
regresé al cuarto. Tío Bertín ya estaba tumbado sobre la cama y mamá lo arropaba con delicadeza.
- Has tardado mucho, Paquito - me dice ella -. Empezaba a preocuparme. ¿Qué tal estaba el helado?
- Muy rico, mami - respondí viendo de reojo a mi tío.
- Es que todo lo que lleva leche es muy rico y sabroso - respondió con segundas y complicidad mi querido tío Bertín.
発行者 PacoPeko
5年前
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