DIARIO DE UN SALIDO: Mamá en el ginecólogo (1)

Mamá sufre un retraso. No un retraso mental (es obvio que además de viciosilla es muy lista), sino en el periodo menstrual; este mes no le ha bajado la regla. Se le ha venido el mundo encima solo de pensar que puede estar embarazada; no porque le preocupe tener su tercer hijo, que sería muy bien recibido, sino porque no está muy segura de quién puede ser su padre. Retrocede en su pensamiento en los últimos folleteos sin tomar precauciones (condón) en los que el cornudo de papá no es el macho que la cubrió, y le entran temblores al recordar las corridas internas de algunos amantes ocasionales: el repartidor de pizzas, el monitor del gimnasio... y, por supuesto, el Anaconda, a cuya polla XXL no está dispuesta a renunciar aunque la maten (si no has leído LA FIESTA DEL PATRÓN y PREÑADA Y PUTA, no te lo pierdas). El caso es que mamá teme estar embarazada y se dispone a ir esta misma tarde al ginecólogo; le acompañará mi padre.

Al llegar a la clínica aguardan su turno en la sala de espera. Hay dos o tres mujeres más esperando ser atendidas por el doctor, un maduro pero atractivo médico bien conocido por mis padres. Él ayudó a traernos al mundo a mi hermana y a mí. Llama la atención de mi padre las dos mujeres negras vestidas con ropas étnicas que se sientan enfrente de ellos: una mujer gorda que debe ser la madre y una muchachita muy jovencita, demasiado jovencita como para requerir atención ginecológica. Mi padre no la pierde de vista porque en verdad es muy linda, y además él tiene debilidad por los cuerpos exóticos (asiáticas, negras, morochas...), cuanto más mocitas, mejor. Pronto se enterará por la enfermera (vieja conocida) de la causa de su presencia en la clínica: la chica, siguiendo las tradiciones tribales de su familia senegalesa, ha sufrido en su país de origen durante unas vacaciones la ablación del clítoris y ahora esa zona vaginal se ha infectado. La mutilación de los órganos sexuales femeninos está prohibida en muchos países por bárbara, peligrosa e injusta. Con esta ablación se pretende privar del placer masturbatorio o coital a las pobres mujeres africanas, ya que... ¡ el orgasmo está reservado solo para los hombres ! El asunto recalienta todavía más al depravado de mi padre, que se imagina penetrando una chuchita lampiña negra, de labios carnosos y rajita sonrosada, mientras amasa unos pechos ya desarrollados pese a su corta edad. Está en estos pensamientos libidinosos y ya más empalmado que un burro cuando la enfermera manda entrar a mi madre en la consulta del doctor.


El médico hace desnudar casi al completo a mi madre y tumbarse sobre la camilla especial, una de esas que permite colocar las piernas abiertas en alto para explorar la concha debidamente. Así está posicionada mamá cuando el doctor separa sus labios vaginales golosos y trata de introducir un espéculo (speculum), ese aparato para ver las interioridades del útero hasta bien adentro. Pues resulta que el coño de mamá se ha cerrado como una almeja (ella que casi siempre lo tenía bien dispuesto a meter todo tipo de porongas) y no permite que el artilugio entre debidamente.
- Está usted experimentando una vaginitis nerviosa - le dice el médico.
- ¿Cómo una vaginitis nerviosa? - pregunta mamá.
- Por una razón sicológica los nervios vaginales están bloqueando cualquier entrada en su útero. ¿Está usted preocupada por algo?
- En absoluto - mintió mi madre -. Intente de nuevo introducir el espéculo.
Claro que mamá estaba preocupada, muy preocupada. Cuando se tumbó sobre la camilla, sin querer afloraron parte de los muchos polvos que echó sin preservativo, cuando la calentura le podía y no reparaba en las consecuencias (contagios y embarazos). Y de repente se acordó del tatuador rastafari, de los camioneros de la acampada, de los gemelos y su padre, de los enanos del circo... Solo recordarlo fue suficiente para que el chocho se contrajese involuntariamente.
- Vamos a relajar esta vagina - continuó el médico, haciendo una señal a la enfermera para que se acercase.
Al poco, aquella enfermera rubia de bote, con unas tetas descomunales, labios siliconados y no sé cuántas operaciones estéticas más en su cuerpo, se acercó a mamá con un frasco de vaselina. Empezó a untar la concha con aquel ungüento, y mami empezó a experimentar una agradable sensación. Los dedos hábiles y lubricados de la enfermera se fueron introduciendo poco a poco en la vulva, insistiendo asimismo en el clítoris, que ya asomaba erecto fuera de su capuchita.
- Aún tiene que relajarse más, señora - de dijo sensualmente la enfermera a mi madre -. La cosa va bien, pero el espéculo aún no va a conseguir entrar al completo.
Mamá se dejó hacer. Se imaginó follando con uno de sus amantes, pensó en los que más placer le habían dado... Y se recreó cabalgando sobre su hermano Bertín, el culturista en la playa, su sobrino soldado... (amable lector, tienes que leer estos relatos), y empezó a mojarse internamente, los fluidos vaginales hacían acto de presencia con la excitación de sus recuerdos. Pero de repente se notó aún más mojada... Se incorporó ligeramente y vio como la enfermera le estaba haciendo un cunilingus. Nunca se había entregado a una mujer, nunca había pasado por su cabeza tener una relación lésbica... ¡Y aquello le estaba gustando! ¡Estaba disfrutando como una perra con los lengüetazos y chupetones de aquella desvergonzada enfermera!

- La paciente ya está lista, doctor - dijo de pronto la enfermera al médico, que presenciaba la escena semioculto tras un biombo.
Y este se presentó de nuevo con el espéculo. Mamá tenía los ojos cerrados y aún se recuperaba del intenso orgasmo que le había proporcionado la enfermera, cuando notó que algo entraba suavemente en su panocha ya relajada y jugosa. Pero no era el espéculo lo que se introdicía hasta bien al fondo; era la polla dura y enorme del ginecólogo. Sin oportunidad de decir esta boca es mía, mamá empezó a gozar con el bombeo rítmico y parsimonioso del médico. La enfermera se había colocado a la altura de su cabeza y empezó a magrearle los senos. Entre los fuertes pellizcos en los pezones de esta y las embestidas del doctor, mamá no tardó en empezar a gemir desaforadamente y a correrse de nuevo como una gata en celo. El médico, maduro pero diestro y vergón, también se vino al poco. Retiró el condón lleno de leche de su polla y a continuación metió sin problema alguno el espéculo.

- Aquí dentro todo va bien - dijo el médico después de la prospección.
- Temo estar embarazada, doctor - dijo mamá.
- ¿No quiere tener más hijos? - pregunta él.
- No, si no es de mi esposo. Verá, es que he tenido relaciones extramatrimoniales...
- Pero eso no tiene por qué saberlo su esposo. Nace un bebé y punto.
- ¿Y si sale negro o enano o retrasado? - contesta ella compungida, pues está pensando en alguna de sus aventuras recientes (el retrasado es por el Anaconda, obviamente).
- ¡Pero usted es bien puta! - clama el médico - ¡Más que puta, reputa!
- Si, lo reconozco, soy una mujer muy fogosa y apasionada; usted ya lo ha comprobado hace un momento. ¿Cómo puedo saber si estoy embarazada y el feto es de mi marido?
- Hay una manera - responde al rato el ginecólogo -. Necesito una muestra de semen de su esposo.
- ¿Lefada de mi esposo?
- Sí. Ahora hay unas pruebas científicas que permiten conocer la paternidad del feto.Como supongo que no le va a contar a su marido sus preocupaciones y lo puta que es, tráigame un preservativo con el semen de su esposo.
- Mi marido no utiliza condón para follar - contesta mamá preocupada.
- Valdría una muestra de semen de un ******** en primer grado de su esposo. A propósito, su hijo. Paquito ya debe estar hecho un hombrecito y buenos pajotes se largará, seguro.


Mamá sale descompuesta de la consulta. "¿Ha ido todo bien, querida?", le pregunta nervioso mi padre, que trata de ocultar su erección bajo el pantalón. (Algo ha ocurrido durante la hora que mamá ha permanecido encerrada en la consulta... La muchachita senegalesa permanece cabizbaja y con las piernas separadas junto a su oronda madre, que dormita con una revista en la mano). Durante todo su trayecto hasta casa, en la mente de mi madre solo hay una pregunta:
- ¿Y cómo consigo yo la lefa que necesito para la prueba de paternidad?


(Continuará...)
発行者 PacoPeko
5年前
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