DIARIO DE UN SALIDO: Mamá en el ginecólogo (y 2)
(Relato dedicado a MARCHIN, mi seguidor más entusiasta y fiel)
Durante la hora que mi madre permaneció en la consulta del médico, con el excitante episodio del cunilingus por parte de la enfermera Barbie, (que despertó el lado lésbico de mamá), y el buen polvo del doctor, que con su polla bien morcillona y venosa, abrió paso al espéculo que se resistía a penetrar en la concha, mi padre no perdió el tiempo. La muchachita senegalesa que tenía enfrente lo estaba poniendo cachondo, máxime al saber que ya tenía su tierna chuchita preparada para ser bien penetrada al ser considerada por su tribu toda una mujer. Ardía de deseos en saber cómo le habían mutilado el clítoris a la pobre en aquel ritual salvaje, qué quedaba de aquel botoncito del placer femenino, y sobre todo si sería capaz de tener un orgasmo como Dios manda. Papá se empeñó en ayudar a la muchacha a disfrutar de su sexualidad, a pesar de haber perdido el órgano de placer por excelencia, del que dicen que tiene hasta ocho mil terminaciones nerviosas. Pronto se dio cuenta la negrita que papá no la perdía de vista y que ya algo anormal abultaba en la entrepierna de este.
Papá siguió a la chica hasta el cuarto de baño de la clínica cuando esta le susurró a su madre que tenía necesidad de ir a mear. Para suerte de mi padre, la muchacha olvidó de echar el pestillo de cierre. Papá abrió lentamente la puerta en el justo momento que ella se secaba el coño con papel higiénico después de la micción; lo hacía con extremo cuidado pues la vagina la tenía dolorida por la reciente ablación. Se sorprendió cunando vio entrar a mi padre cerrando tras sí la puerta, pero no dijo nada. Sus profundos ojos oscuros se clavaron en él, que le sonreía libidinosamente; no tardó en reparar que estaba más parado que uno de los mandriles que abundan en su tierra natal, pues un gran paquete amenazaba con romper los botones de su pantalón.
- Bonita - le dijo casi susurrándole -, me he enterado de lo que te trae a la clínica.
La muchacha no dijo nada, pero interrumpió la subida de las pantaletas que tenía por los suelos.
- Esos brutos de tu tribu quieren que mujeres lindas y sensuales como tú no puedan disfrutar del placer del sexo, que es una de las mejores cosas que tiene el ser humano, aun por delante del dinero. Porque el dinero lo tendremos o no, pero la concha y la polla siempre la llevamos con nosotros, no nos faltará nunca.
La muchacha asintió, entendía perfectamente nuestro idioma y comprendió perfectamente la perorata de mi padre, que estaba tratando de convencerla de llegar más lejos...
- Enséñame cómo te ha quedado esa panochita - le dijo al fin.
La jovencita que seguía sentada sobre el inodoro, subió la falda hasta la cintura, se desprendió de las bragas, echó los pies hacia delante, se abrió de piernas y le enseñó su virginal tesoro. Papá creyó que tendría un mayor estropicio en el lugar del clítoris, pero solo pudo ver una herida algo hinchada por la inflamación. Ver aquella puchita sin apenas vellitos, con los labios hinchados y la rajita colorada sobresaliendo sobre todo lo negro, lo puso a mil.
- Yo te voy a decir cómo puedes disfrutar de esa cuquita maravillosa, sola o acompañada - siguió papá -. Te voy a descubrir todas las partes del cuerpo que te pueden proporcionar un placer sin límites, aunque carezcas de clítoris.
Papá se arrodilló ante ella y metió la cabeza entre sus muslos. Empezó a lamerle el coño de arriba a abajo para lubricarlo debidamente. Cuando la punta de la lengua tocaba el lugar donde había estado el clítoris, la nena se quejaba de dolor. A continuación, papá ocupó su sitio sobre la taza del water y sentó a la negrita sobre sus rodillas. Comenzó lenta y rítmicamente una dedada; procuraba descubrirle el orgasmo vaginal, ya que los labios interiores son un cúmulo de nerviosidad casi como los del clítoris, y tal vez descubrir el famoso punto G, que sería el no va más. Fue al tratar de introducir bien adentro un dedo cuando comprobó que la nena tenía el himen intacto. Y entonces papá desistió en su intención de penetrarla con su polla como tenía previsto desde el primer momento que se calentó al verla, ya que la virginidad es un tributo muy valioso para estas culturas tradicionales y no quería perjudicarla en el futuro. Se empleó a fondo en aquella masturbación casi superficial metiendo los dedos lo justo y el masaje en las tetitas y lamiendo los pezones, suficiente para que nuestra senegalita se empapase de jugos y disfrutase como nunca lo había hecho. Pero papá también quería descubrirle el placer del sexo anal. Le hizo apoyar las manos sobre la taza del inodoro y así, a cuatro patas, fue introduciendo su poronga ensalivada por el ano; primero lentamente, después hasta los mismísimos huevos. Nuestra chica disfrutaba pidiendo más y más bombeo; no salía de su asombro al ver que aquella polla grande y dura pudiese entrar tan adentro. A punto de correrse, papá retiró la chota del orto y se la llevó a la boca de la moza.
- Esta es otra manera de hacer disfrutar a tu hombre- le dijo -. Chupa, lame, todo, hasta los cojones.
Y (mmmmmmmmmm) papá se corrió en su boca, obligándola a sorber hasta la última gota de aquella lechada abundante y espesa.
----------------------------------------------------
La gran preocupación de mamá los siguientes días a la visita del ginecólogo era cómo conseguir una muestra de semen que sirviese para la prueba de paternidad de su posible embarazo. Descartó desde el primer momento a mi padre, que por nada del mundo follaba con ella con preservativo. Pensó en mi primo Luisma (leer el episodio UN SOLDADO EN CASA), pero su sobrino militar estaba en misión humanitaria en no sé qué lejano país.Solo quedaba una opción, además sugerida por el propio médico: yo.
- ¿Pero mi hijito del corazón ya producirá leche en sus huevitos? - pensaba ella -. Si apenas mi Paquito es un tierno varoncito que casi seguro no se hará ni una pajilla...
Pero pronto cambió de parecer. Se disiparon todas sus dudas sobre mis capacidades para producir lefa, y de la buena, cuando empezó a hurgar en mis calzoncillos usados y se detuvo a mirar con más detenimiento las sábanas de mi cama. ¡Aquellos restos resecos y casi diarios eran de semen, puros mecos del hijito del alma!
Sobre una una de la mad**gada estoy en mi cama sumido en un profundo sueño. El par de pajas que me casco antes de caer en brazos de los angelitos me producen una deliciosa somnolencia y me hacen traspasar a otra dimensión; no sería capaz de despertarme ni con el mayor terremoto. Pero aquella noche la torpeza y nervios de alguien obraron la excepción. Noté cómo una mano pequeña y suave agarraba mi pijama y me lo bajaba hasta los tobillos; luego, esta misma mano hacía lo propio con el calzoncillo, dejándome al aire la polla y los huevos. Era una sensación tan morbosa y placentera que en aquel tenue despertar me dejé llevar. ¿Qué estaba pasando?
Mamá armada de una linternita y un preservativo había entrado a hurtadillas en mi cuarto, mientras mi padre dormía en su cama como un ceporro. Una situación muy similar a cuando vino en busca de su sobrino el soldado... y ocurrió lo que ocurrió. Tenía la cabeza debajo de la sábana y colcha y con la linternita iluminaba mi pija fláccida. Era cuestión de ponérmela dura para introducirla en el condón y masturbarme hasta que depositara en la goma mi lefa. Y procurar no despertarme, porque el escándalo podía ser mayúsculo. Ya con mi polla grande y dura después de unos hábiles meneos y ensalivación de mi glande circundado, surgió el primer problema: el preservativo que había comprado aquella mañana en la farmacia resultaba pequeño. Claro, mamá recordaba mi pijita cuando quiso curarme de mi fimosis (leer MI OPERACIÓN DE FIMOSIS), y ahora se encontraba con un falo... ¡más grande que el de su marido! Mamá empezó a ponerse nerviosa, al tiempo que a notar calentura en su concha al ver que su hijito del alma era todo un hombre vergón y con buena pelambre en toda la zona erógena. No pudo evitar llevar una mano a su entrepierna pues se estaba excitando sobremanera. ¿Qué podía hacer?
Pues no lo dudó un momento. Acercó su boca a mi chota y empezó a hacerme una mamada. Con aquella felación creí volverme loco de placer. Mamá era toda una maestra en lamidas, tragaba mi polla al completo, yo notaba cuando mi capullo tropezaba con la campanilla de su boca. Al tiempo, acariciaba mis cojones a reventar de leche. Parecía disfrutar la muy zorra, no tenía prisa. Y yo, menos. Deseaba prolongar aquel momento excepcional; me la imaginaba en aquellas jodiendas desatadas con todo lo que llevase pantalones: mi entrenador, el negro cubano, su sobrino, su hermano, el ginecólogo, el Anaconda... ¡qué reputa, cómo le gustaba follar! Quizás todo lo que tengo de obseso sexual venga de ella. Y de mi padre, gran putero y amante de coños pequeños y exóticos! ¡Qué suerte tener la libido a flor de piel, estar salido las 24 horas del día, los 365 días del año! ¿Quién puede pedir más? ¡Goza, gran puta, que yo ya no puedo más! Tu hijito del alma te va a llenar la boca de lechada hasta ahogarte. ¡Me corro, me corro, mmmmmmmmm!
Mamá no traga mi leche, la mantiene en la boca. Casi sin poder respirar, se retira silenciosamente de mi cama y de mi cuarto. Enciendo la luz de mi habitación para comprobar que todo no ha sido un sueño. Aún empalmado como un burro, me incorporo y lo primero que veo es que la alfombra que está al pie de mi cama está empapada de orines. ¡Mamá se ha meado de gusto al tiempo que yo me vaciaba en su boca! Un squirt de toda la vida. Aún tengo tiempo de hacerme otro pajote rememorando situación tan caliente y peculiar: ¡a tu salud, mami!
Mi madre ha ido corriendo en la oscuridad hasta el cuarto de baño. Deposita toda la lefada que lleva en la boca en un bote de cristal. Ya tiene la muestra para llevarle al médico. podrá saber si el bebé que cree esperar es de papá o de alguno de los muchos amantes que se han corrido en su útero.
------------------------------------------------------
Ha habido suerte. Al final, la muestra de semen no ha sido necesaria para el análisis de paternidad. Cuando se estaba preparando rauda y nerviosa para ir a la clínica, mamá se sintió indispuesta y le vino la regla. ¡Bendita menstruación!, pensó ella mientras tiraba por el water mi abundante lefada mezclada con su saliva y volvía a sentir fiebre y humedad en su concha por lo mucho que había disfrutado la noche anterior con la felación que le había hecho a su hijo.
(A propósito de esta técnica de guardar la corrida en la boca para su uso posterior: al famoso tenista Boris Becker una modelo se la jugó inseminándose con su leche tras una felación, con la que tuvo una hija).
Durante la hora que mi madre permaneció en la consulta del médico, con el excitante episodio del cunilingus por parte de la enfermera Barbie, (que despertó el lado lésbico de mamá), y el buen polvo del doctor, que con su polla bien morcillona y venosa, abrió paso al espéculo que se resistía a penetrar en la concha, mi padre no perdió el tiempo. La muchachita senegalesa que tenía enfrente lo estaba poniendo cachondo, máxime al saber que ya tenía su tierna chuchita preparada para ser bien penetrada al ser considerada por su tribu toda una mujer. Ardía de deseos en saber cómo le habían mutilado el clítoris a la pobre en aquel ritual salvaje, qué quedaba de aquel botoncito del placer femenino, y sobre todo si sería capaz de tener un orgasmo como Dios manda. Papá se empeñó en ayudar a la muchacha a disfrutar de su sexualidad, a pesar de haber perdido el órgano de placer por excelencia, del que dicen que tiene hasta ocho mil terminaciones nerviosas. Pronto se dio cuenta la negrita que papá no la perdía de vista y que ya algo anormal abultaba en la entrepierna de este.
Papá siguió a la chica hasta el cuarto de baño de la clínica cuando esta le susurró a su madre que tenía necesidad de ir a mear. Para suerte de mi padre, la muchacha olvidó de echar el pestillo de cierre. Papá abrió lentamente la puerta en el justo momento que ella se secaba el coño con papel higiénico después de la micción; lo hacía con extremo cuidado pues la vagina la tenía dolorida por la reciente ablación. Se sorprendió cunando vio entrar a mi padre cerrando tras sí la puerta, pero no dijo nada. Sus profundos ojos oscuros se clavaron en él, que le sonreía libidinosamente; no tardó en reparar que estaba más parado que uno de los mandriles que abundan en su tierra natal, pues un gran paquete amenazaba con romper los botones de su pantalón.
- Bonita - le dijo casi susurrándole -, me he enterado de lo que te trae a la clínica.
La muchacha no dijo nada, pero interrumpió la subida de las pantaletas que tenía por los suelos.
- Esos brutos de tu tribu quieren que mujeres lindas y sensuales como tú no puedan disfrutar del placer del sexo, que es una de las mejores cosas que tiene el ser humano, aun por delante del dinero. Porque el dinero lo tendremos o no, pero la concha y la polla siempre la llevamos con nosotros, no nos faltará nunca.
La muchacha asintió, entendía perfectamente nuestro idioma y comprendió perfectamente la perorata de mi padre, que estaba tratando de convencerla de llegar más lejos...
- Enséñame cómo te ha quedado esa panochita - le dijo al fin.
La jovencita que seguía sentada sobre el inodoro, subió la falda hasta la cintura, se desprendió de las bragas, echó los pies hacia delante, se abrió de piernas y le enseñó su virginal tesoro. Papá creyó que tendría un mayor estropicio en el lugar del clítoris, pero solo pudo ver una herida algo hinchada por la inflamación. Ver aquella puchita sin apenas vellitos, con los labios hinchados y la rajita colorada sobresaliendo sobre todo lo negro, lo puso a mil.
- Yo te voy a decir cómo puedes disfrutar de esa cuquita maravillosa, sola o acompañada - siguió papá -. Te voy a descubrir todas las partes del cuerpo que te pueden proporcionar un placer sin límites, aunque carezcas de clítoris.
Papá se arrodilló ante ella y metió la cabeza entre sus muslos. Empezó a lamerle el coño de arriba a abajo para lubricarlo debidamente. Cuando la punta de la lengua tocaba el lugar donde había estado el clítoris, la nena se quejaba de dolor. A continuación, papá ocupó su sitio sobre la taza del water y sentó a la negrita sobre sus rodillas. Comenzó lenta y rítmicamente una dedada; procuraba descubrirle el orgasmo vaginal, ya que los labios interiores son un cúmulo de nerviosidad casi como los del clítoris, y tal vez descubrir el famoso punto G, que sería el no va más. Fue al tratar de introducir bien adentro un dedo cuando comprobó que la nena tenía el himen intacto. Y entonces papá desistió en su intención de penetrarla con su polla como tenía previsto desde el primer momento que se calentó al verla, ya que la virginidad es un tributo muy valioso para estas culturas tradicionales y no quería perjudicarla en el futuro. Se empleó a fondo en aquella masturbación casi superficial metiendo los dedos lo justo y el masaje en las tetitas y lamiendo los pezones, suficiente para que nuestra senegalita se empapase de jugos y disfrutase como nunca lo había hecho. Pero papá también quería descubrirle el placer del sexo anal. Le hizo apoyar las manos sobre la taza del inodoro y así, a cuatro patas, fue introduciendo su poronga ensalivada por el ano; primero lentamente, después hasta los mismísimos huevos. Nuestra chica disfrutaba pidiendo más y más bombeo; no salía de su asombro al ver que aquella polla grande y dura pudiese entrar tan adentro. A punto de correrse, papá retiró la chota del orto y se la llevó a la boca de la moza.
- Esta es otra manera de hacer disfrutar a tu hombre- le dijo -. Chupa, lame, todo, hasta los cojones.
Y (mmmmmmmmmm) papá se corrió en su boca, obligándola a sorber hasta la última gota de aquella lechada abundante y espesa.
----------------------------------------------------
La gran preocupación de mamá los siguientes días a la visita del ginecólogo era cómo conseguir una muestra de semen que sirviese para la prueba de paternidad de su posible embarazo. Descartó desde el primer momento a mi padre, que por nada del mundo follaba con ella con preservativo. Pensó en mi primo Luisma (leer el episodio UN SOLDADO EN CASA), pero su sobrino militar estaba en misión humanitaria en no sé qué lejano país.Solo quedaba una opción, además sugerida por el propio médico: yo.
- ¿Pero mi hijito del corazón ya producirá leche en sus huevitos? - pensaba ella -. Si apenas mi Paquito es un tierno varoncito que casi seguro no se hará ni una pajilla...
Pero pronto cambió de parecer. Se disiparon todas sus dudas sobre mis capacidades para producir lefa, y de la buena, cuando empezó a hurgar en mis calzoncillos usados y se detuvo a mirar con más detenimiento las sábanas de mi cama. ¡Aquellos restos resecos y casi diarios eran de semen, puros mecos del hijito del alma!
Sobre una una de la mad**gada estoy en mi cama sumido en un profundo sueño. El par de pajas que me casco antes de caer en brazos de los angelitos me producen una deliciosa somnolencia y me hacen traspasar a otra dimensión; no sería capaz de despertarme ni con el mayor terremoto. Pero aquella noche la torpeza y nervios de alguien obraron la excepción. Noté cómo una mano pequeña y suave agarraba mi pijama y me lo bajaba hasta los tobillos; luego, esta misma mano hacía lo propio con el calzoncillo, dejándome al aire la polla y los huevos. Era una sensación tan morbosa y placentera que en aquel tenue despertar me dejé llevar. ¿Qué estaba pasando?
Mamá armada de una linternita y un preservativo había entrado a hurtadillas en mi cuarto, mientras mi padre dormía en su cama como un ceporro. Una situación muy similar a cuando vino en busca de su sobrino el soldado... y ocurrió lo que ocurrió. Tenía la cabeza debajo de la sábana y colcha y con la linternita iluminaba mi pija fláccida. Era cuestión de ponérmela dura para introducirla en el condón y masturbarme hasta que depositara en la goma mi lefa. Y procurar no despertarme, porque el escándalo podía ser mayúsculo. Ya con mi polla grande y dura después de unos hábiles meneos y ensalivación de mi glande circundado, surgió el primer problema: el preservativo que había comprado aquella mañana en la farmacia resultaba pequeño. Claro, mamá recordaba mi pijita cuando quiso curarme de mi fimosis (leer MI OPERACIÓN DE FIMOSIS), y ahora se encontraba con un falo... ¡más grande que el de su marido! Mamá empezó a ponerse nerviosa, al tiempo que a notar calentura en su concha al ver que su hijito del alma era todo un hombre vergón y con buena pelambre en toda la zona erógena. No pudo evitar llevar una mano a su entrepierna pues se estaba excitando sobremanera. ¿Qué podía hacer?
Pues no lo dudó un momento. Acercó su boca a mi chota y empezó a hacerme una mamada. Con aquella felación creí volverme loco de placer. Mamá era toda una maestra en lamidas, tragaba mi polla al completo, yo notaba cuando mi capullo tropezaba con la campanilla de su boca. Al tiempo, acariciaba mis cojones a reventar de leche. Parecía disfrutar la muy zorra, no tenía prisa. Y yo, menos. Deseaba prolongar aquel momento excepcional; me la imaginaba en aquellas jodiendas desatadas con todo lo que llevase pantalones: mi entrenador, el negro cubano, su sobrino, su hermano, el ginecólogo, el Anaconda... ¡qué reputa, cómo le gustaba follar! Quizás todo lo que tengo de obseso sexual venga de ella. Y de mi padre, gran putero y amante de coños pequeños y exóticos! ¡Qué suerte tener la libido a flor de piel, estar salido las 24 horas del día, los 365 días del año! ¿Quién puede pedir más? ¡Goza, gran puta, que yo ya no puedo más! Tu hijito del alma te va a llenar la boca de lechada hasta ahogarte. ¡Me corro, me corro, mmmmmmmmm!
Mamá no traga mi leche, la mantiene en la boca. Casi sin poder respirar, se retira silenciosamente de mi cama y de mi cuarto. Enciendo la luz de mi habitación para comprobar que todo no ha sido un sueño. Aún empalmado como un burro, me incorporo y lo primero que veo es que la alfombra que está al pie de mi cama está empapada de orines. ¡Mamá se ha meado de gusto al tiempo que yo me vaciaba en su boca! Un squirt de toda la vida. Aún tengo tiempo de hacerme otro pajote rememorando situación tan caliente y peculiar: ¡a tu salud, mami!
Mi madre ha ido corriendo en la oscuridad hasta el cuarto de baño. Deposita toda la lefada que lleva en la boca en un bote de cristal. Ya tiene la muestra para llevarle al médico. podrá saber si el bebé que cree esperar es de papá o de alguno de los muchos amantes que se han corrido en su útero.
------------------------------------------------------
Ha habido suerte. Al final, la muestra de semen no ha sido necesaria para el análisis de paternidad. Cuando se estaba preparando rauda y nerviosa para ir a la clínica, mamá se sintió indispuesta y le vino la regla. ¡Bendita menstruación!, pensó ella mientras tiraba por el water mi abundante lefada mezclada con su saliva y volvía a sentir fiebre y humedad en su concha por lo mucho que había disfrutado la noche anterior con la felación que le había hecho a su hijo.
(A propósito de esta técnica de guardar la corrida en la boca para su uso posterior: al famoso tenista Boris Becker una modelo se la jugó inseminándose con su leche tras una felación, con la que tuvo una hija).
5年前