LOS RELATOS DE K. - # 2 parte 1

LOS RELATOS DE K.
RELATO 2 parte 1


K y yo llevábamos ya tres meses conociéndonos, y aquella noche de diciembre ella había aceptado a que la invitara a cenar. No tenía ni idea de a dónde iríamos, pero por si acaso, decidí arreglarme algo, elegante pero sutil. Me puse un saco blanco con unos jeans, ella también uso un vestido blanco ceñido al cuerpo, de escote sugestivo y de largura hasta la mitad de muslo, zapatos rojos a juego con el color de sus labios. Ese color hacía que parecieran el doble de gruesos, lo cual le dibujaba una boca bastante sensual. Había rizado su larga melena y la semi recogió con un moño, para dejar a la vista su espalda, en fin… una mujer muy sexy.

Cuando salió de la puerta, ahí estaba yo, apoyado sobre el cofre del coche observándola con esa sonrisa que siempre se dibuja en mi cara al verla. Ella era una visión, una sensual criatura en busca de calor.
Al acercarme, fui a darle dos besos y en el momento me frene, la cogí de su mano y la hice girar sobre ella misma para que pudiera verla mejor. Su mirada y su sonrisa secretamente me decían lo que estaba por venir
Al subir al coche escuchamos música romántica. He de añadir que era un género musical el cual me apasionaba mucho, y lo escuchamos sin problema, cantando a la par con algunas de las canciones mientras ella me contaba durante el camino su día.

Ella no tenía ni idea de a dónde la llevaba, sólo se veía carretera y más carretera. Ella pregunto a dónde íbamos y solo le conteste que a un lugar hermoso, para estar solos ella y yo

Al cabo de unos minutos, coloque mi mano derecha sobre su pierna izquierda mientras conducía. Ella al principio se tensó un poco, pero no quise darle importancia. En un momento sentí que K se relajó y puso su mano sobre la que tenía apoyada en su pierna y comenzó a acariciarme cariñosamente mientras estábamos completamente absorbidos en la conversación, la cual se había vuelto más privada y personal.

“Ya hemos llegado” le dije. “Esperemos un rato, me gusta esta platica” dijo ella. Y continuamos contándonos nuestras fantasías sexuales, sin esconder nada, dándonos hasta los detalles más íntimos
Cuando bajamos vio que la había llevado a un restaurante a pie de playa. Era precioso todo aquello. Las mesas estaban decoradas con un mantel blanco, vajilla impecable y unos cetros de flores exóticas que parecían una especie de otro mundo para combinar con la tonalidad blanca del restaurante en general. El capitán nos guio a nuestra mesa, una que estaba más apartada de las demás.

La cena fue de maravilla, la comida buenísima, las vistas preciosas, y la compañía mucho mejor. Cuando acabamos le propuse pasear por la playa tranquilamente, a lo cual ella acepto. La subí a mi espalda como llevándola de aventón para que con sus zapatos de tacón no se enterrara en la arena. Ella reía y yo reía también.

Después de llevarla sobre mi espalda corriendo por toda la playa, la senté sobre unas rocas donde chocaban levemente las olas para que pudiera descalzarse y caminar por la orilla de las olas.

Me senté a su lado mientras se quitaba los zapatos, y nos quedamos ahí durante unos minutos hablando. Encendí un cigarrillo, ella me miró y me vio con mirada de desapruebo. Yo asentí con la cabeza, y lo deseche. K se acercó a mí, dejando una distancia de poco más de un palmo de su cara a la mía. Aspiró y acercó sus labios a los míos, rozándolos suavemente. Yo entreabrí un poco la boca y dejé que me llenara el momento justo cuando ella se hizo para atrás. La tome de la barbilla suavemente con mi mano y levante su rostro hacia mí para que nuestras miradas se cruzaran.

Le miré, me miró, sonrió y sus labios se volvieron a acercar a los míos. Sus labios se fundieron con los míos levemente, empujando un poco a mi labio inferior para que mi boca se abriera para ella. Me dejé llevar, cerré los ojos y abrí mi boca para recibir a su lengua, deseosa de mí. Coloque mi mano entre su cabello y ella correspondió poniendo la suya sobre mi cara. Nuestros labios se acariciaban entre ellos lentamente al mismo tiempo que nuestras lenguas bailaban entre ellas. Era maravillosa su forma de besar, me derretía ante ello.

Tome a K de su mano, haciendo que marcháramos de las rocas y la dirigí hacia la orilla, me senté en la arena acercándola a mí y continúe besándola. Ella se dejó caer, quedándonos totalmente tumbados en la arena ella sobre mí, sin dejar de besarnos ni un solo segundo.

Las olas rompían suavemente contra nosotros, dejándonos totalmente empapados, pero no nos importaba. En aquel momento mojarnos por el mar era lo que menos nos importaba. Hice girar a K quedando yo sobre ella mientras continuábamos nuestro ritual del beso. Al soltarnos ella me giro de nuevo y quedo sentada sobre mí, su vestido se subió dejando su tanga roja con encaje a la vista, pase mi mano suavemente sobre ella, recorriéndola por toda la orilla haciéndola sentir el roce de mis dedos sobre su pubis.

Me miró fijamente a los ojos y se soltó la melena, dejando caer las ondas de su cabello sobre mi pecho. No apartaba mi mirada de ella, ya que se había empapado de tal forma, que al llevar vestido blanco y no llevar sostén, se podían diferenciar sus pezones a través de la ropa empapada.

Puse mis dos manos en sus pechos sobre la ropa y comencé a acariciarlos con delicadeza, haciendo que sus pezones se transparentaran más por lo excitada que se iba poniendo. Puso sus manos sobre las mías e hizo una fuerte presión contra su pechos, marcando el ritmo en que quería que se los acariciase.

Ella podía sentir a la perfección mi erección bajo el pantalón de mezclilla. Ella se acomodó de tal manera que su clítoris hacia presión directamente sobre mi miembro y comenzó a moverse de adelante hacia atrás, como si me estuviera cabalgando. Me estaba proporcionando aquello un gusto intenso, algo que se había vuelto costumbre en nuestros encuentros.

Se agacho un poco hacia mi sin parar de restregar su sexo contra el mío, para besarme. Entre aquellos besos se nos escapaban a ambos dos pequeños jadeos de placer proporcionado por el frote que provocaban nuestras caderas.
Me incorporé, y sin apartarle mirada alguna a sus ojos, le bajé la parte superior del vestido, dejando sus pechos al descubierto. Seguía mirándola, y ella cogió con sus manos su melena y se apartó el cabello para que pudiera verlos bien, revolviéndose los rizos, creando una imagen de lo más salvaje.

La reacción de K fue la esperada: se incorporó, quedando sentados los dos, Ella todavía sobre mí, y comencé a agarrar sus pechos y a juguetear con mi lengua sus pezones. Mientras tanto, ella agarraba mi cabeza y dejaba la suya caer hacia atrás, permitiendo en esa postura que sus jadeos salieran de su boca con mayor soltura y profundidad.

Mi erección iba a explotar y ella me decía las ganas que tenía de ella. Comencé a besarle el cuello y después a lamerle el lóbulo de la oreja. Aquello la volvía más que loca, y lo pude notar al escuchar que se le escapó un gemido por ello.

La tenía sujeta con mi mano izquierda a la espalda, y con la derecha comencé a estimular su clítoris todavía sobre la ropa interior puesta. Ella hizo lo mismo. Agarro con firmeza mi erección y agacho su mirada para verla. Aquello estaba a punto de explotar bajo el pantalón,. Ella me dijo que estaba deseosa de verlo, de besarlo, de saborearlo, y de sentirlo muy dentro de ella.

K se levantó para poder quitarse su tanga entre mis piernas. Yo seguía en la arena observando cómo ella de deshacía de la única prenda que le quedaba tapando sus zonas íntimas. La miraba serio cómo lo deslizaba por sus piernas lentamente, y al quitárselo me lo lanzo con una sonrisa pícara, mientras yo los agarraba en pleno vuelo y los lleve a mi cara, captando su olor. El olor excitante que ella dejo sobre ellos.

Volví a colocarse sobre mí, ésta vez con su sexo al desnudo, yo guarde su tanga en el bolsillo trasero de mi pantalón y seguí besándola mientras acariciaba su trasero, llevándola hacia mí para colocarla a cuatro patas sobre mi cuerpo. Una vez en esta posición, una de mis manos se deslizó desde su trasero por la parte delantera de su pierna hasta su clítoris. Mi dedo índice y mi pulgar comenzaron a bailar sobre él alternándose el uno con el otro, como si tocara un piano, después paraba y lo estimulaba en forma de círculos, después volvía a jugar más con su clítoris, de nuevo estimulación en círculo, juego, círculos, juego círculos... Jamás la habían tocado de aquella forma, y he de añadir que me encantaba hacerle eso y ver como se excitaba a mas no poder.

Desabrocho los botones de mi pantalón poco a poco, la ayude a sacar mi su pene y ella termino de bajar mi pantalón y mi bóxer, casi al mismo momento sus dos manos se fueron inevitablemente a mi pene. Ella lo miraba mientras lo acariciaba con una mirada perdida de placer, puse una de mis manos en mi cabeza, acariciando entre su pelo. Ella ya sabía lo que significaba aquel gesto, pero no estaba lista aun de llevarlo a su boca. Quería disfrutar observándome cómo ansiaba aquel momento excitándome poco a poco y haciéndome esperar.

fin parte1
MM
発行者 weedsenberg
5年前
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