LOS RELATOS DE K. - # 2 parte 2
LOS RELATOS DE K.
RELATO 2 parte 2
Se colocó de nuevo sobre mí. Paso sus manos sobre mi torso, dejando un rastro de las gotas que caían sobre mí con el recorrido de sus dedos, hasta llegar a mi pene. Estábamos ardiendo.
Se dejó caer sobre mí y comenzó a masturbarme, mientras apoyada sobre mi pecho, me miraba. Yo, mirándola a su vez, metí dos dedos en su vagina y comencé a masturbarla lentamente.
Ahora llovía más fuerte, estábamos empapados. Pero seguimos a lo nuestro. Nuestra velocidad de masturbación del uno al otro subía poco a poco. De repente sentía que me venía, creía que iba a terminar. Pero K lo notó en mi cara y paró por un momento de tocarme, yo… tomándola con una mano de las dos muñecas, y dándole la vuelta por completo quedando sobre de ella con sus brazos sostenidos en alto.
Teniendo el control sobre ella, metí uno de sus pezones en mi boca, y lo mordisquee suavemente, jugando con él entre mis dientes, haciendo que su pezón se excitara cada vez más.
Ahora llovía torrencialmente. Por lo que le propuso subir a una casa que había rentado previamente casa o íbamos a acabar llenos de barro a aquel paso. Acepto y nos vestimos rápido, con la ropa empapada y nos fuimos corriendo por la playa hasta llegar al coche.
Cuando cerramos las puertas nos miramos el uno al otro y sonreímos sin mediar palabra. Encendí la música y emprendimos el camino.
-¿Tienes frío? ¿Quieres que ponga un poco la calefacción así nos secamos un poco? – Le pregunte.
A lo que ella respondió
-Tranquilo, no tengo frío, estoy bien. Aunque si quieres poner la calefacción no me importaría, así me seco.
-¿Estás mojada? –le pregunte
-Un poco bastante.-contesto ella mientras reía
-¿Estás mojada? – volví a preguntar, colocando mi mano derecha entre sus piernas.
-mmmmm…- gimió ella. Se había olvidado que iba sin ropa interior, pero por lo que parecía no importaba mucho a esta altura.
Comencé a estimularla suavemente, mientras se dibujaba una sonrisa en mis labios, sin apartar la mirada de la carretera. Ella gemía desesperadamente. Estaba muy excitada y estaba ansiosa de llegar ya a la casa y de que le arrancara lo poco que le quedaba de ropa.
La estuve masturbando durante todo el camino en el coche hasta llegar a la casa. Ella se agarraba de la ventana y se agarraba de mi mano derecha, la cual no paraba de moverse en su clítoris.
Cuando bajamos del coche seguía lloviendo muy fuerte, y fuimos corriendo hasta la puerta. Una vez dentro, K y yo comenzamos a besarnos desenfrenadamente, sin apartar nuestros labios unos del otro. Entramos sin parar de besarnos. Llegamos arriba, abrí la puerta de la recamara y entramos como dos a****les en celo sin apartarnos entre nosotros. Dejamos que se cerrara la puerta de un portazo la empuje contra la pared y seguí besando sus labios, su cuello, y de nuevo sus pechos.
Ella se desprendió de mí y fue a la orilla de la cama, donde se sentó. Yo estaba de pie frente a ella, me quite los zapatos, los calcetines, y después la camiseta. Quedándome únicamente con los pantalones de mezclilla, mirando su figura. K puso sus manos sobre mi torso y comenzó a acariciarme mirándome muy seria y completamente excitada ansiando ver mi desnudez, no dudó un segundo en poner sus manos sobre los botones del pantalón e ir desabrochándolos lentamente, me lo quitó y bajo aquellos calzoncillos culpables de impedir mi desnudez en los cuales se transparentaba una dura y gran erección.
Agarro mi pene y comenzó a masturbarme con la mano derecha mientras que su lengua se colocó en mis testículos lamiéndolos lentamente, Aquella sensación era exquisita para su paladar y excitante para todo mi cuerpo. Ella con aquel gesto lograba dilatar y empaparse más en su vagina.
Pasaba su lengua de mis testículos a mi pene, y comenzó a absorber todo mi pene de arriba abajo al mismo tiempo que su mano me masturbaba. Yo gruñía de placer…. Aquello me estaba encantando, yo estaba temblando. Después de varios minutos me aparté y la tumbé sobre la cama, colocándome sobre ella. Los ojos de A se abrieron como platos al ver cómo respondía su cuerpo ante tal excitación, respondió abriendo sus piernas las cuales tome con fuerza y las abrí mas, perdiéndome entre ellas al hacerle el amor con mi boca.
No había cosa en el mundo que se pudiera comparar con aquello. Me encanta el sexo oral, y el sabor de ella era adictivo. A me había regalado un buen ejemplo de como ella también sabia hacerlo. Mi lengua se perdía entre sus labios como si estuviera dibujando en ellos, y después saboreando su clítoris, absorbiéndolo entre mis labios haciendo que éste sobresaliera poniéndose duro.
Cuando ella estaba lista para recibir mi pene, no dudó ni un segundo en sentarse arriba de mí y tomarme en su mano y guiarme dentro de ella. Sentía cómo nuestros cuerpos pareciesen estar diseñados el uno para el otro, cada movimiento, cada espasmo nos unía más en una fusión de placer incomparable.
Tras unos minutos en esa posición, exploramos otras maneras de entregarnos el uno al otro, practicando lo que habíamos platicado de las fantasías que deseábamos cumplir. Hicimos el amor durante horas sin fin. K y yo estábamos rendidos, y ella cayó rendida a la cama. Yo me dirigí al baño para darme una buena ducha. Cuando terminé, entré al dormitorio y ella dormía plácidamente. Por lo tanto, me metí desnudo a la cama a su lado, abrazándola y terminando el día los dos dormidos y descansando de una buena agitada sesión de sexo.
RELATO 2 parte 2
Se colocó de nuevo sobre mí. Paso sus manos sobre mi torso, dejando un rastro de las gotas que caían sobre mí con el recorrido de sus dedos, hasta llegar a mi pene. Estábamos ardiendo.
Se dejó caer sobre mí y comenzó a masturbarme, mientras apoyada sobre mi pecho, me miraba. Yo, mirándola a su vez, metí dos dedos en su vagina y comencé a masturbarla lentamente.
Ahora llovía más fuerte, estábamos empapados. Pero seguimos a lo nuestro. Nuestra velocidad de masturbación del uno al otro subía poco a poco. De repente sentía que me venía, creía que iba a terminar. Pero K lo notó en mi cara y paró por un momento de tocarme, yo… tomándola con una mano de las dos muñecas, y dándole la vuelta por completo quedando sobre de ella con sus brazos sostenidos en alto.
Teniendo el control sobre ella, metí uno de sus pezones en mi boca, y lo mordisquee suavemente, jugando con él entre mis dientes, haciendo que su pezón se excitara cada vez más.
Ahora llovía torrencialmente. Por lo que le propuso subir a una casa que había rentado previamente casa o íbamos a acabar llenos de barro a aquel paso. Acepto y nos vestimos rápido, con la ropa empapada y nos fuimos corriendo por la playa hasta llegar al coche.
Cuando cerramos las puertas nos miramos el uno al otro y sonreímos sin mediar palabra. Encendí la música y emprendimos el camino.
-¿Tienes frío? ¿Quieres que ponga un poco la calefacción así nos secamos un poco? – Le pregunte.
A lo que ella respondió
-Tranquilo, no tengo frío, estoy bien. Aunque si quieres poner la calefacción no me importaría, así me seco.
-¿Estás mojada? –le pregunte
-Un poco bastante.-contesto ella mientras reía
-¿Estás mojada? – volví a preguntar, colocando mi mano derecha entre sus piernas.
-mmmmm…- gimió ella. Se había olvidado que iba sin ropa interior, pero por lo que parecía no importaba mucho a esta altura.
Comencé a estimularla suavemente, mientras se dibujaba una sonrisa en mis labios, sin apartar la mirada de la carretera. Ella gemía desesperadamente. Estaba muy excitada y estaba ansiosa de llegar ya a la casa y de que le arrancara lo poco que le quedaba de ropa.
La estuve masturbando durante todo el camino en el coche hasta llegar a la casa. Ella se agarraba de la ventana y se agarraba de mi mano derecha, la cual no paraba de moverse en su clítoris.
Cuando bajamos del coche seguía lloviendo muy fuerte, y fuimos corriendo hasta la puerta. Una vez dentro, K y yo comenzamos a besarnos desenfrenadamente, sin apartar nuestros labios unos del otro. Entramos sin parar de besarnos. Llegamos arriba, abrí la puerta de la recamara y entramos como dos a****les en celo sin apartarnos entre nosotros. Dejamos que se cerrara la puerta de un portazo la empuje contra la pared y seguí besando sus labios, su cuello, y de nuevo sus pechos.
Ella se desprendió de mí y fue a la orilla de la cama, donde se sentó. Yo estaba de pie frente a ella, me quite los zapatos, los calcetines, y después la camiseta. Quedándome únicamente con los pantalones de mezclilla, mirando su figura. K puso sus manos sobre mi torso y comenzó a acariciarme mirándome muy seria y completamente excitada ansiando ver mi desnudez, no dudó un segundo en poner sus manos sobre los botones del pantalón e ir desabrochándolos lentamente, me lo quitó y bajo aquellos calzoncillos culpables de impedir mi desnudez en los cuales se transparentaba una dura y gran erección.
Agarro mi pene y comenzó a masturbarme con la mano derecha mientras que su lengua se colocó en mis testículos lamiéndolos lentamente, Aquella sensación era exquisita para su paladar y excitante para todo mi cuerpo. Ella con aquel gesto lograba dilatar y empaparse más en su vagina.
Pasaba su lengua de mis testículos a mi pene, y comenzó a absorber todo mi pene de arriba abajo al mismo tiempo que su mano me masturbaba. Yo gruñía de placer…. Aquello me estaba encantando, yo estaba temblando. Después de varios minutos me aparté y la tumbé sobre la cama, colocándome sobre ella. Los ojos de A se abrieron como platos al ver cómo respondía su cuerpo ante tal excitación, respondió abriendo sus piernas las cuales tome con fuerza y las abrí mas, perdiéndome entre ellas al hacerle el amor con mi boca.
No había cosa en el mundo que se pudiera comparar con aquello. Me encanta el sexo oral, y el sabor de ella era adictivo. A me había regalado un buen ejemplo de como ella también sabia hacerlo. Mi lengua se perdía entre sus labios como si estuviera dibujando en ellos, y después saboreando su clítoris, absorbiéndolo entre mis labios haciendo que éste sobresaliera poniéndose duro.
Cuando ella estaba lista para recibir mi pene, no dudó ni un segundo en sentarse arriba de mí y tomarme en su mano y guiarme dentro de ella. Sentía cómo nuestros cuerpos pareciesen estar diseñados el uno para el otro, cada movimiento, cada espasmo nos unía más en una fusión de placer incomparable.
Tras unos minutos en esa posición, exploramos otras maneras de entregarnos el uno al otro, practicando lo que habíamos platicado de las fantasías que deseábamos cumplir. Hicimos el amor durante horas sin fin. K y yo estábamos rendidos, y ella cayó rendida a la cama. Yo me dirigí al baño para darme una buena ducha. Cuando terminé, entré al dormitorio y ella dormía plácidamente. Por lo tanto, me metí desnudo a la cama a su lado, abrazándola y terminando el día los dos dormidos y descansando de una buena agitada sesión de sexo.
5年前