Tras reconciliarnos, Ana y yo nos fuimos a vivir juntos a un pequeño piso de estudiantes. Para entonces ya le había confesado que quería ser su novio cornudo y ella estaba encantada con la idea (leer: Mi confesión, cornudo sumiso). Esta nueva etapa de nuestra vida nos dio una libertad absoluta para explorar nuestras fantasías. Casualmente en esa época se puso de moda los diseños con motivos de ciervos y cuernos de ciervo. A Ana y a mí nos gustaban bastante y lo tomamos como un símbolo de nuestra relación, así que decoramos la casa con varias láminas y cuadros. Incluso a Ana se le ocurrió pon 続きを読む
Mi confesión, soy uncornudo sumiso.
Después de que Ana me pusiera los cuernos y se enterase de que terminé masturbandome en casa de una amiga en común por eso (leer mis patético primeros cuernos), Ana no paraba de insistir en hablar sobre todo aquello. Me decía que quería saber que estábamos bien, que su "desliz" no era un problema. Yo en cambio me negaba y me cerraba en banda por la cantidad de sentimientos contradictorios que sentía. Tenía miedo de que me dejara si descubría la verdad. Pero eso lo empeoró todo. Mi actitud provocaba que terminásemos discutiendo por todo a todas horas. La relación se estaba volviendo insostenibl 続きを読む
Mis patéticos primeros cuernos.
Por aquel entonces salía con una compañera de clase de la universidad llamada Ana. Ambos estábamos en primero y rondábamos los 20 años. En ese tiempo yo solía hacer mucho deporte, por lo que estaba realmente en forma y, pese a que mido solo 170 cm, solía atraer bastante a las chicas. Pero Ana era especial. Era un poco más bajita que yo, medía 163 cm. Su tez blanca contrastaba con su pelo oscuro, que lucía largo, normalmente recogido con un moño o coleta. Sus ojos marrones eran de un tono verdoso que me encantaba contemplar; tenía una mirada imponente. Su delgadez hacía resaltar sus pechos deba 続きを読む